A diferencia de otros casos, como los de Julio Cobos o Mauricio Macri, el kirchnerismo no eligió a Sergio Massa como su rival, como un perfecto antagonista diseñado por la propia Casa Rosada para ser útil a la estrategia del divide y reinarás que tan buenos resultados trajo al Gobierno desde la crisis agraria de 2008.
Massa, al ser un desprendimiento del oficialismo y de la ortodoxia peronista, encarna muchas ideas que atraviesan al kirchnerismo modelo 2014, por eso es que al Gobierno le está costando elaborar una estrategia para aislarlo y debilitarlo. Definitivamente, Massa no es un enemigo escogido por Cristina Fernández de Kirchner o el poderoso secretario Carlos Zannini. De ahí que el propio ultra-kirchnerismo lo caracterice como el candidato de las corporaciones, de los medios de comunicación más influyentes, del establishment en general.
El problema para este gobierno, que transita su último año y medio, es que con audacia y no poca ambición Massa ha logrado marcar la cancha al Ejecutivo en temas cruciales, que están en la boca de todos, en una estrategia que apunta a convertirlo en el "nuevo oficialismo", es decir, en el referente del "gobierno que viene".
Con su resistencia al anteproyecto del nuevo Código Penal, Massa consiguió no sólo mandar el importante y necesario debate legislativo a un "freezer" de la Casa Rosada sino que logró obligar a su principal rival de cara a 2015, Daniel Scioli, a desmarcarse de la Nación en lo atinente a las políticas de seguridad. Influyó, así, en la gran interna del PJ oficial (de la que él mismo se abrió) y en la que Scioli aparece como el mejor posicionado y como el más condicionado por la Casa Rosada que, por ahora, no tiene un candidato propio.
Además, Massa consiguió, con menos esfuerzo aún, que el Gobierno aceptara debatir en el Congreso proyectos para bajar el impuesto a las Ganancias, tema que el oficialismo tenía decidido mantener fuera de toda discusión paritaria. Inseguridad e inflación, los dos temas más complejos para la gestión K, fueron revitalizados por Massa casi sin mosquearse.
La centralidad que ha tomado Massa en la política argentina fue reconocida ayer por el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, cuando tuvo que dar una respuesta oficial sobre el paro general de las centrales opositoras y las jornadas de piquetes de la izquierda combativa. Capitanich apuntó a Luis Barrionuevo, jefe de la CGT Azul y Blanca, como el principal artífice del paro masivo y lo llamó "el verdadero líder del Frente Renovador", poniéndolo por encima de Massa, Felipe Solá o Darío Giustozzi.
Barrionuevo es el marido de la principal espada legislativa del massismo, la ex duhaldista Graciela Camaño y, de esta relación marital, se agarró la Casa Rosada para tratar de transferir el costo político de la jornada de ayer a Massa. Quien le respondió a Capitanich fue el diputado Giustozzi: "No hay ámbitos de diálogo consistentes y ése es uno de los principales motivos de este paro, sumado a la creciente inflación y el impuesto a las Ganancias, que han reducido considerablemente el poder adquisitivo de los trabajadores. Cualquier otra lectura, no sólo es distorsionada y poco creíble sino que confirma una vez más que el Gobierno no quiere ver la realidad".
El problema para el kirchnerismo es la labilidad de Massa, ya que por un lado condena los piquetes y hasta se le adelantó a la propia Cristina Fernández a la hora de mandar un proyecto para regular la protesta social, promesa que hizo la Presidenta ante el Congreso el 1 de marzo y, por otro lado, apoya los reclamos de Hugo Moyano, Barrionuevo y Pablo Micheli contra la inflación y el ajuste, mientras que simultáneamente impulsa secretamente a los industriales y al propio Gobierno para que las paritarias cierren por debajo del 30% porque no le interesa heredar un país con un desmadre inflacionario y prefiere que sea el gobierno en retirada quien haga el ajuste.
Scioli, quien tiene decidido pelear por la Presidencia, es quien más sufre la multiplicidad de facetas de Massa, sobre todo por sus eternas ataduras al Gobierno nacional, del que no puede desprenderse porque aspira a ser el candidato del PJ oficial en 2015.
La entronización de Massa no se debe sólo al apoyo de los medios de comunicación, como dicen en la Casa Rosada, con bronca y resignación. Todos los actores políticos, de todos los sectores ideológicos no hacen más que darle protagonismo.
Otro ejemplo: ayer el diputado de la CTA opositora, Claudio Lozano, apuntó contra Massa porque éste reprochó en la víspera del paro los piquetes y cortes de rutas y avenidas programados por la izquierda combativa.
"No existe la libertad de elección de la que Massa habla. Y es en ese contexto donde deben evaluarse los cortes y piquetes que acompañan el desarrollo de la medida de fuerza. En este contexto laboral y social, los cortes y los piquetes restituyen a los trabajadores la posibilidad de ejercer su derecho de huelga", sostuvo Lozano en un comunicado dirigido sólo a Massa y no al gobierno central, que también condenó los piquetes de la izquierda.
La intención de la Casa Rosada de unir a todos los gobernadores en el PJ oficial, incluso los díscolos, para aislar a Massa, ya sufrió un traspié. El cordobés José Manuel de la Sota duró poco dentro de esta jugada ya que vio con sus propios ojos cómo Zannini, enviado por la Presidenta, ponía torniquetes a Scioli. De la Sota aceptó entonces una invitación de Massa a charlar sobre política que le había sido transmitida en Mendoza, cuando visitó la provincia por la Vendimia, por el ex diputado Enrique Thomas, mano derecha de Alberto Fernández (hoy armador del massismo).
El encuentro se produjo hace dos semanas en Buenos Aires y ahí se arregló la visita de Massa a Córdoba del pasado lunes, de la que Thomas fue testigo. El experimentado gobernador mediterráneo aclaró a Massa que no está para acompañarlo sino "para competir", algo que el bonaerense ve con buenos ojos para dar volumen a su candidatura, ya que sabe de antemano que De la Sota no tiene buena proyección nacional pero es quien manda en el segundo distrito electoral del país.
La próxima foto de Massa con un mandatario provincial será con Claudio Poggi, en San Luis, ya que se cerró el acuerdo con Adolfo Rodríguez Saá en las últimas horas. Rodríguez Saá y De la Sota son conscientes de que para mantener el poder territorial que tienen necesitan una figura nacional que arrastre votos en 2015 en sus provincias y nadie que juegue con la camiseta del Frente para la Victoria conformará a estos distritos, que nunca simpatizaron con el kirchnerismo.
Otra demostración de lo que representa Massa para el resto de los partidos políticos -aun cuando no tiene un partido todavía para competir a nivel nacional- es la negativa del oficialismo a aceptar cambios a la ley de Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO) para permitir que quien compita dentro de un espacio y salga segundo pueda ser candidato a vicepresidente del vencedor.
Esta ingeniería, que habilitaría al kirchnerismo a poner nada menos que el vice a Scioli y unir a todos los sectores K, está hoy descartada porque en Balcarce 50 piensan que beneficiaría a Massa a la hora de sumar partidos y dirigentes e iría en contra de la estrategia de aislarlo lo más posible.
En cambio, una idea comenzó a correr en las últimas horas por los despachos K en el Congreso: propiciar un cambio electoral para que los parlamentarios del Mercosur que deben representar a la Argentina sean elegidos en las PASO de 2015. ¿El motivo? Cristina Fernández sería candidata de modo de arrastrar votos en esas primarias a los distintos postulantes del Frente para la Victoria y condicionar, de paso, el armado de listas de todos ellos. Una forma de asegurarse una cuota de poder cuando ya no sea más presidenta.