Cada 25 de mayo, las niñas lucen con orgullo sus bellos vestidos de dama antigua, las galeras se pasean por los patios de las escuelas y el desfile de mazamorreras y vendedores ambulantes por las veredas trae reminiscencias de otra época. Las chinas también moverán sus trenzas al ritmo de algún chamamé y los papás habrán trabajado con ahínco para hacer bucles y terminar disfraces a tiempo.
La cita es el acto escolar por la Revolución de Mayo que busca reeditar aquel hecho histórico sobre el cual aún pesan algunos mitos, tan instalados que casi no generan dudas en el imaginario. El festejo escolar, quizás el ámbito donde se vive más intensamente esta fecha patria de tanto peso para la memoria colectiva, desde hace décadas permanece ajeno al revisionismo académico. Padres y docentes reconocen que mantiene más o menos la misma estructura desde que tienen memoria, con un pintoresquismo propio -y muchos estereotipos- que sustentan ideales patrios anclados en el orgullo nacional.
Por ejemplo, la imagen del "pueblo" paraguas en mano frente al Cabildo aquel lluvioso día quedó grabada a fuego, aunque los historiadores ya dieron por el suelo con tal pictograma: los paraguas no existían por aquel entonces y no había tal pueblo.
Tradición y fiesta
Los padres no encuentran demasiadas diferencias entre lo que podía verse cuando ellos iban a la escuela y lo que ahora aprenden sus hijos. Los personajes más representativos y hasta ciertos elementos se mantienen como una forma de sostener una idea ya arraigada, así como vestimenta y otros recursos son especialmente valorados para llegar a los más pequeños, que son quienes más disfrutan de ellos.
Si bien los contenidos y la forma de recrear el 25 de mayo de 1810 dependen de cómo decida plasmarlo la maestra que tenga a cargo la celebración, "en años anteriores hemos tenido paraguas", reconoce Cristina Campos, vicedirectora de la escuela Juan Martínez de Rosas de Godoy Cruz. Sabe del error histórico, sin embargo dice que más allá de atarse a la verosimilitud, algunos elementos permiten aportar color y cierto clima.
Patricia Malentachi, directora de la escuela Justo José de Urquiza de Maipú, detalló que "hay una especie de tradición, lo que las maestras tratan de representar son los hechos más importantes de la manera más verídica posible". Pero para tal fin, hoy apelan a ciertos recursos más novedosos como música folclórica interpretada por artistas contemporáneos.
En los colegios reconocen que esta fecha, al igual que el 9 de Julio, son las más importantes en este ámbito. Los alumnos lo viven como una fiesta y son muy participativos, en particular por el clima que se instala de la mano de las ornamentaciones que suelen colocarse los días previos.
Menos ingenuidad
Si en el nivel inicial se mantiene con fuerza esta idea pintoresca de la Revolución de Mayo, alrededor de cuarto grado hay una ruptura que da lugar a una mirada menos ingenua y más real que se profundiza en el secundario.
"Los mitos se sostienen más que nada en el primer ciclo, cuando no se pueden dar detalles y son cosas que les llaman la atención. Pero a partir de 3º o 4º grado se puede hablar con mayor franqueza", sostuvo Liliana Martínez, docente de la escuela Rafael Obligado,
Hoy los alumnos llegan a las aulas con un bagaje de información y con una concepción del aprendizaje que les permite cuestionar e interpelar, lo cual obliga a modificar el discurso y los métodos.
A la diferencia entre lo enseñado en la primaria y la secundaria se refirió el historiador Daniel Grilli. Explicó que la Historia que se enseña en la primaria corresponde a una visión tradicional donde existen unos padres de la patria fundante, la cual se construyó con un relato oficial basado, entre otros autores, en la "Historia de San Martín" de Bartolomé Mitre, escrita durante el siglo XIX. En ella se originó la versión que se conoce de la Revolución de Mayo, donde criollos y españoles embanderados de celeste y blanco vivaban por la libertad de estas tierras, en una tarde lluviosa cubiertos con sus paraguas y con un Cabildo que poseía en su cúpula un reloj.
"Es como que a los niños de nivel primario tenemos que darles algo más novelado, donde se juega con el mito de la mazamorrera, del negro que lleva la vela, el criollo bien vestido y el gaucho", explica otro historiador, Adolfo Cueto. Pero señala que con la insistencia de esa imagen del 25 de Mayo se afianza algo alejado de la realidad histórica que las revistas educativas siguen mostrando.
Es que con el paso de los años, una nueva versión y una manera distinta de ver los hechos del pasado dieron a luz una serie de hechos históricos que muestran un 25 de Mayo diferente. En él no hubo cintas celestes y blancas y los participantes distaban de ser el pueblo todo, sino que se trataba de un pequeño sector influyente y con intereses en la causa.
Además, tal cual detalló Cueto, suele atribuírsele a esta fecha el "primer grito de libertad" cuando en realidad no se planteaba la ruptura con la corona española sino al contrario, la fidelidad al rey cautivo Fernando VII para evitar la apropiación de estas tierras por parte de Napoleón. La conformación de juntas también se había dado en España con la misma intención de fidelidad al monarca. Sin embargo, el historiador asegura que la mayoría de la gente cree todavía que se trata de la declaración de la Independencia: "Es una fecha importante de la Argentina en que se produce una revolución institucional porque el Cabildo de Buenos Aires depone al virrey, que es una autoridad colocada por el rey. Éste es el acto revolucionario".
Grilli, por su parte, mencionó que "cuando nuestros adolescentes se encuentran con la otra versión durante el cursado de su secundario se preguntan, y nos preguntan a los docentes: '¿Quién nos ha mentido?'. 'Nadie', es la respuesta acertada". Son dos versiones de un hecho histórico, donde la fuerza de la verdad se apoya en la documentación existente en nuestros archivos y repositorios documentales".
Y completó: "La pena es que uno de los dos relatos cuenta con más visibilidad que el otro; y este, oficial, que nació de una concepción política del siglo XIX, aún hoy sostiene una andamiaje ideológico que da resultados".
Emotividad y patriotismo
Más allá de los personajes, en los actos escolares se apunta a destacar los valores implícitos en aquel histórico momento, dicen las maestras. "El sentido de pertenencia, la identidad y ciudadanía, el concepto de democracia, los valores de solidaridad, la comprensión y respeto de aquel entonces", enumera Patricia Malentachi, quien agrega que "siempre se trata de hacer un parámetro y trasladarlo a la actualidad para visualizar qué es aplicable hoy y defender lo que ellos hicieron para salir adelante culturalmente".
La presencia de la familia le da un color particular a los actos: hasta los abuelos se suman a la celebración. Así lo resalta Fabiana Rodríguez, mamá de dos niños que van a primero y cuarto grado. Recuerda que cuando ella era pequeña su papá no participaba pero ahora sí va a ver a sus nietos. "Son actos que suelen ser más emotivos, en particular cuando participan los más chiquitos, resaltando los símbolos patrios. Sé por comentarios de maestras que es una responsabilidad muy grande tener a cargo este acto. Creo que ahora se trata no tanto de hacer hincapié en los personajes en particular sino más en el hecho, los valores que lo motivaron y el contexto en que se produjo".
El contraste con lo que se vive en la secundaria también se evidencia en este aspecto, porque la participación de los padres prácticamente no se tiene en cuenta en este ciclo. "Hace tres años que mi hijo va al colegio y no he ido a ningún acto porque directamente no avisan", destaca Carolina Zapata, con un hijo de 15 años que hoy aprende sobre el 25 de Mayo sin aquellos tradicionales mitos ni estereotipos, aunque bien podría compartir con sus padres el acto del colegio.
