11 de diciembre de 2018 - 00:00

¿Reformular, reformar la Iglesia Católica? - Por Vicente S. Reale

Es muy probable que, ya desde el título, el texto de opinión que hoy presento a los lectores, suscite distintos sentimientos e interpretaciones -desde las más simples a las más extremas- que indiquen acuerdo o desacuerdo. Mi intento se centra en que sea una ayuda para reflexionar sobre una realidad que hoy está presente en el día a día de muchas personas, confesionales o no.

Reformular o renovar es una propuesta un tanto atrevida y arriesgada. Fiel a mi sentir  y a mi conciencia, entiendo que es un camino necesario, urgente e imprescindible; sobre todo, porque ya se está dando casi naturalmente a partir de lo que sienten muchos creyentes católicos, consagrados y obispos, además de los significativos gestos y decisiones llevados adelante por el Papa Francisco.

Premisas

* Escribo desde el amor a Jesús y a la Iglesia. La iglesia me hizo conocer, amar y seguir a Jesús de Nazaret. La iglesia me ayudó a crecer y a madurar. Estoy muy agradecido por todo ello. Eso mismo me empuja a ser transparente y directo en mi compartir. Mis "críticas" (en realidad no quieren ser tales), están formuladas con la intención de construir y aportar para que la iglesia sea, realmente, signo e instrumento del Reino de Dios en el mundo de hoy y vehículo de auténtica espiritualidad. Definitivamente, debemos tomar conciencia de que la iglesia no es un fin en sí misma, que su función es la de estimular la búsqueda de Dios.

* El "blanco" de mis reflexiones es el "sistema institucional". Sistema tanto más difícil de descifrar y desmantelar cuanto más invisible, oculto e impersonal es. La historia enseñó, y enseña, que todo sistema está hecho y sostenido por personas concretas, pero va también más allá y se pierde en algo indefinido e intocable. Por ejemplo, cuando en la iglesia te dicen "que siempre se hizo así", y casi nadie fundamenta y da respuestas coherentes.

* La institución iglesia debe ser reformulada. Muchas veces se tiene la impresión de que la iglesia sigue más al Derecho Canónico que al Evangelio, que se preocupa más de cumplir con sus reglas y normas que de atender al Espíritu, de defender doctrinas que de acompañar al ser humano en su búsqueda y dolor. Entiendo que no debemos permitir que lo institucional sofoque al genuino origen y espíritu que Jesús transmitió a sus primeros seguidores. Me alegra sobremanera que el papa Francisco, casi diariamente, hable sobre esto.

Posibles caminos

* Repensar la iglesia, significa "reformular" sus propios fundamentos a partir de la evolución de la humanidad y de los logros de estos siglos en el campo de los derechos humanos, la antropología, la psicología, la sociología, la espiritualidad. Si deseamos ofrecer al mundo una palabra auténtica, debemos abrirnos a un "dialogo" muy amplio con todo el mundo y sin exclusiones. Es fundamental comprender, entonces, que 'La Verdad' no se puede afirmar ni definir a través de conceptos.

La Verdad es inabarcable e indefinible, la Verdad "nos" abarca, "nos" sostiene. Como la Vida. Y afirmar esto, no es relativismo. Es ser conscientes de nuestra incapacidad para abarcar el Todo y de nuestro empeño por caminar hacia Él.

"La palabra de Dios no está en la literalidad de los textos, sino en el seno de una interpretación y por eso la lectura de las Escrituras es un reto para cada generación. Y cada generación tiene el derecho y la obligación de interpretarla a la luz de su tiempo y, así, la fe puede regar y fecundar distintas épocas y culturas". (Papa Benedicto XVI)

* Es ineludible para la iglesia, entonces, "ver y escuchar a Dios" en todas las cosas y personas, como base de la participación de todos en las decisiones que adopte. El sujeto de la escucha es "toda la Iglesia" y no solamente su jerarquía. La iglesia debe fundamentarse en esto para caminar hacia una mayor horizontalidad en la toma de decisiones y en una desclericalización en línea con el Evangelio. Ciertamente, se trata de una mirada diferente a la que la Iglesia muchas veces presenta: juzgadora, y controladora, una mirada de arriba abajo y del centro hacia el margen. Y, por supuesto, una mirada también diferente para recuperar la mirada femenina del propio Jesús: pacificadora, servidora y cuidadora.

* Frente a la hipocresía religiosa de muchos que se sienten perfectos, la iglesia debe presentarse como una comunidad de personas que experimentan cotidianamente la misericordia de Dios y no como aquellas que se ven superiores a los demás. En realidad, detrás de las discusiones sobre la admisión a la comunión de los divorciados o la inclusión de los homosexuales en el seno de la Iglesia, se visibiliza una lucha entre dos modos antagónicos de entender el mensaje de Jesús. Creo que ha llegado la hora de acabar con la imagen de una iglesia que mira por encima del hombro a los que considera "pecadores" reformulándose como una Iglesia acogedora, como la de Jesús, que se reconoce llena de gente sencilla, enfermos, desplazados, recaudadores de impuestos, prostitutas, etc.

La estructura actual  de las celebraciones de nuestras Misas y de los Sacramentos, está muy lejos de ser una reunión de comunidad familiar en la que los fieles participan activamente. Y bienvenidas sean las reformas litúrgicas aportadas e implementadas desde la realización del Concilio Vaticano II: lengua vernácula, ministros en medio de la comunidad, cánticos inculturados, etc. Diría que ésta es la "nueva forma" de realizarlos.

¿Es, también el "nuevo espíritu" de participación activa, provechosa espiritualmente, que fomenta y ayuda a construir la comunidad? Creo que, todavía se observa mucha participación pasiva, por costumbre, porque así se hace en nuestra sociedad y cultura.

No podemos, ni debemos, soslayar el hecho de que la autoridad moral y el testimonio público de nuestra iglesia está en entredicho. No solo por los numerosos hechos, debidamente documentados, de pederastía por parte de religiosos/as sino también en lo que atañe al manejo del dinero y de los bienes materiales que ayudan a la evangelización. Felizmente, Francisco, el Papa, ha hincado profundamente los dientes eclesiásticos legales sobre estos temas. Los "refriega" constantemente y toma las decisiones necesarias. Algunos podrían decir que, en estos asuntos, no se ha avanzado mucho. Yo pienso que sí, y que todavía falta más. Ya no se ocultan los hechos.

Después de todo lo expuesto, debo decir que mi mirada, de persona creyente, no es de decepción, de frustración y de desánimo frente a lo que está aconteciendo en la Iglesia Católica. Es mirada de confianza y de esperanza en el Espíritu de Jesús que continúa empujando a ir, siempre más, "mar adentro" sin temor a las tormentas.

LAS MAS LEIDAS