25 de octubre de 2015 - 00:00

Reflexiones sobre las elecciones

1.- Al observar, en el plano electoral, el transcurrir de la historia argentina, ubicamos dos fechas: 1816, año de la Declaración de la Independencia Argentina, y 1916. En este último año se celebró la primera elección presidencial en que participó el pueblo en su conjunto, merced a la aplicación de la Ley Sáenz Peña (1912), que estableció el voto secreto, universal y obligatorio.

2.- El cambio social-electoral renovó la vida política argentina puesto que por primera vez el pueblo pudo elegir en libertad y en forma secreta, ya que hasta 1916 el voto era cantado, fuente de coacciones y de fraudes, enfrentamientos y disturbios, violencias, trampas y exclusiones.

3.- Pasaron cien años para que los ciudadanos (entiéndase solo el sector masculino) pudieran elegir a los candidatos de su predilección, constituyendo un derecho y al propio tiempo un deber. Sin embargo, ese acontecer colectivo como acto sufragante del pueblo solo duró catorce años (desde 1916 a 1930). En ese periodo (1916-1922), fue elegido Hipólito Yrigoyen; 1922-1928 Marcelo T. de Alvear; en 1928 resultó electo una vez mas Hipólito Yrigoyen.

4.- Las tentaciones autoritarias condujeron a desconocer la soberanía popular en diversos ciclos históricos: golpes de Estado de 1930, caída de Hipólito Yrigoyen; 1943, caída de Ramón S. Castillo; 1955, caída de Perón; 1962, caída de Arturo Frondizi; 1966, caída de Arturo U. Illia. Desde 1966-1973 hubo un interregno militar y golpes de Estado entre los mismos: J.C. Onganía (1966-1970), Roberto M. Levingston (1970-1971), Alejandro A. Lanusse (1971-1973).

Durante 1973 hubo cuatro presidentes: Lanusse antes mencionado, Héctor Cámpora, Lastiri, Juan D. Perón. Finalmente se produjo otro golpe de Estado que duró de 1976 a 1983, periodo durante el cual se autoproclamaron presidentes de la República Jorge R. Videla (1976-1981), Roberto Viola (1981), Leopoldo F. Galtieri (1981-1982) y Reynaldo Bignone (1982-1983). Los golpes de Estado mencionados ejercieron una forma de gobierno: la dictadura

5.- El sector femenino recién tuvo derecho a votar en el año 1947 y luego de ser definitivamente incorporadas a los padrones nacionales y provinciales pudieron ejercer su derecho a votar en las elecciones de 1951, es decir, 31 años después que obligatoriamente concurrió a las urnas solo el sector masculino.

6.- La vida institucional argentina se ha caracterizado por una cierta inestabilidad política y fuertes períodos de autoritarismo e intolerancia, aun en tiempos democráticos. No obstante, aunque lentamente, se registran avances notorios en la legislación electoral. Durante el siglo XIX –entre los años 1860 y 1916- las normas electorales excluían a las mujeres, a los que carecían de instrucción, además de institucionalizarse el voto cantado y, a ojos vista, diversos fraudes electorales.

El funcionamiento real eleccionario se reducía a transacciones y entendimientos de conveniencia entre una minoría de notables. En ese tiempo el sistema electoral -dice Alain Rouquie- era firmemente controlado a través de las parodias de escrutinio. La oligarquía abogaba por la despolitización de los asuntos públicos, lo que equivalía a eliminar la competencia por el acceso al poder. Era un régimen que no permitía que nuevos grupos sociales accedieran al gobierno. Se los excluía porque podían poner en peligro el porvenir de la nación.

7.- Durante el siglo XX, a partir de 1916, se fueron perfeccionado las leyes que reglan las elecciones generales hasta la sanción del Código Electoral Nacional. En tal sentido, la Justicia Electoral garantiza y asegura la expresión genuina de la voluntad de los ciudadanos, postulado que reconoce su raíz en la soberanía del pueblo y en la forma republicana y representativa de gobierno.

8.- A medida que hemos avanzado en la convivencia democrática, sin interrupciones desde 1983 a la fecha, encontramos aún resabios de la inestabilidad, intolerancia y autoritarismo antes mencionados. Una muestra de ello es el alejamiento anticipado de los ex presidentes Raúl Alfonsín (1983-1989) y De la Rúa (1999-2001).

Subyacen en cada ciclo gubernamental tendencias económicas que definen desde esa perspectiva hacia dónde se dirige la denominada distribución de la riqueza. No son lo mismo desde el punto de vista del desarrollo económico las acciones políticas dispuestas por Menem que las desarrolladas por Kirchner o por Alfonsín.

En el año 2001 y durante un periodo excesivamente corto se sucedieron tres presidentes: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño. Finalmente, Eduardo Duhalde (2002-2003). Posteriormente fueron elegidos por el voto popular: Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011), reelegida para el periodo 2011-2015.

9.- Existen en todas las campañas electorales dos aspectos: el diagnóstico y las soluciones. El primero de ellos responde a la pregunta ¿qué nos pasa? Ello, en el mejor de los casos, pretende asegurar un análisis de la realidad. Cada sector político diagnostica la misma a través de una lente ideológica. Empero, las distintas expresiones políticas concuerdan que los problemas más acuciantes se focalizan en las parcelas educativas, salariales, narcotráfico, corrupción e inseguridad.

La reducción de esta perspectiva deja en forma precaria el análisis de la desnutrición de los niños en la primera infancia, por las secuelas a veces irreversibles que podrían producirse cuando sean mayores; la pobreza extrema, el desempleo y la protección sanitaria.

10.- Mucho más trascendente es preguntar cómo se solucionan los acontecimientos sociales adversos, las deficiencias institucionales, la ausencia de protección social integral. Cómo implementar medidas de políticas de Estado para prevenir la devastación causada por los desastres ambientales y climáticos.

11.- El bienestar general y el progreso del desarrollo humano dependen de la precisión, claridad y eficacia de las contestaciones políticas de cada sector involucrado en la competencia electoral. Frente a este cuadro, la decisión de cada ciudadano tiene una importancia significativa.

12.- En todo acto eleccionario hay un escenario de horizontes y esperanzas, de exageraciones y realidades. En definitiva, de utopías para continuar dentro de la vida institucional y democrática. Al respecto decía Eduardo Galeano que la utopía está en el horizonte, “me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”

* Ex juez federal con competencia electoral. Camarista federal convocado. Docente universitario

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