20 de mayo de 2013 - 16:26

El recuerdo y el legado de Julio Perceval

El reconocido compositor fue el primer director de la Escuela de Música y creador de la Orquesta Sinfónica y el Coro de Cámara de la UNCuyo.

Una exposición de fotografías, programas de mano, invitaciones, afiches, partituras y reproducciones de manuscritos pertenecientes al compositor, organista y pianista Julio Perceval fue una de las actividades con las que esta semana la Facultad de Música de la UNCuyo le rindió homenaje a 50 años de su muerte.

El virtuoso artista nacido en Bélgica es recordado por su rol cultural fundamental para nuestra provincia, al ser el primer director y organizador de lo que hoy es la Escuela y por ser fundador de la Orquesta Sinfónica y el Coro de Cámara de la Universidad.

Pero además pasó a la historia por componer la “Cantata Sanmartiniana”, con poemas de Leopoldo Marechal, que inauguró el teatro griego Frank Romero Day en 1950.

Para acompañar la muestra se colocó en el nuevo edificio de la institución un friso que detalla su vida y ayer se realizará una charla sobre su música que cerró los homenajes.

La docente Ana María Olivencia, directora del proyecto “Archivo Julio Perceval”, repasó la historia del músico nacido en Bruselas en el año 1903.

“Empezó a estudiar piano a temprana edad y a los 13 ingresó al Conservatorio de esa ciudad. Siempre fue un alumno destacado”, rememoró la mujer que comenzó a investigar la carrera de Perceval en 1981.

Cuando terminó sus estudios fue convocado por un grupo de músicos de vanguardia llamado Grupo Renovación y en 1926 lo invitaron a ser organista en el Gran Cine Florida, por lo que se estableció en Buenos Aires. “Se adaptó rápidamente al ambiente cultural de esa ciudad y se codeó con grandes artistas”, remarcó Olivencia.

Perceval en la Vendimia

Su llegada a Mendoza estuvo inevitablemente relacionada con la Fiesta Nacional de la Vendimia. “En 1939 lo invitaron a tocar en la Bendición de los Frutos junto a otros artistas del Teatro Colón y como en esa misma época se hizo el acto académico de la fundación de la Universidad, le ofrecieron dirigir el Conservatorio”, detalló la profesora.

Desde el año 40 estuvo al frente del Conservatorio de Música y Arte Escénico, que en 1949 pasó a llamarse Escuela Superior de Música. “Fue el organizador desde sus comienzos, creó el plan de estudios y propuso un claustro docente muy destacado con músicos de Buenos Aires”, explicó Olivencia.

En su activo rol de director creó la orquesta Sinfónica de la UNCuyo, le dio vida al Coro de Madrigalistas, que luego cambió su nombre a Coro de Cámara, fundó el cuarteto de cuerdas y compuso el himno de la institución a pedido del rector de ese entonces, Edmundo Correas.

A lo largo de su vida Perceval compuso más de 60 obras, pero sin dudas una de las más recordadas es la “Cantata Sanmartiniana”: “Se la encargó el rectorado como acto culminante de la historia del Libertador y ese año le dieron licencia para que pudiera componer la obra, por sus grandes dimensiones y complejidad”, expuso la docente consultada.

Cuando terminó su contrato con la Universidad en el ’55, Perceval volvió a Buenos Aires y luego se trasladó a Chile, donde vivió hasta 1963 cuando murió a causa de un accidente automovilístico.

En los ojos de su nieto

Sebastián Ocaranza Perceval, nieto de Julio e hijo de la actual representante Permanente de la Argentina ante la ONU y ex senadora nacional Marita Perceval, recuerda a su abuelo como un verdadero referente. “Falleció cuando mi mamá tenía 6 años por lo que no lo conocí personalmente, pero escuchando tantas historias de él he ido construyendo una imagen”, contó el joven.

Si bien reconoce que su abuelo fue una persona que tuvo mucha influencia artística en la provincia, lo más relevante para él fue su influencia en el ámbito familiar, lo que de alguna forma marca su actual profesión como realizador audiovisual y aficionado a la música. “Su paso por el cine como musicalizador de películas me ha marcado muchísimo. Todos lo admiraban por su capacidad de improvisar y hacer su propia interpretación de las partituras”, destacó, a la vez que aclaró que en esa época las películas eran mudas, por lo que se contrataba a un músico para que les agregara el sonido en vivo.

“Tuvo una vida intensa y muy particular, para mí es un ejemplo por su pasión y dedicación”, subrayó Sebastián y cerró: “Creo que con el tiempo se ha consolidado como una figura muy importante de la cultura mendocina”.

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