2 de noviembre de 2012 - 23:13

Reconocido científico mendocino

El Dr. Mario Héctor Burgos fue uno de los científicos más brillantes en la historia de la Universidad Nacional de Cuyo. Esta nota lo recuerda.

Siendo Mario H. Burgos estudiante, en Buenos Aires, su desarrollo intelectual fue modelado por el Dr. Bernardo Houssay, Premio Nobel argentino de Medicina, quien lo incorporó en su cátedra como ayudante en docencia e investigación.

Su singular capacidad científica la demostró ya como estudiante postulando el primer método en el mundo para la detección precoz del embarazo mediante la reacción del sapo macho (Bufo arenarum) cuando se lo inyecta con la orina de una mujer embarazada.

Pasarían casi 40 años para que este principio de detección biológica fuese remplazado por los métodos actuales (anticuerpos monoclonales).

Al poco tiempo de recibirse de médico, el Dr. Burgos obtuvo una beca para entrenarse en la Universidad de Harvard en Boston bajo la dirección del Dr. Don Fawcett.

A su llegada, la Universidad de Harvard lo entrena para poner a funcionar el primer microscopio electrónico y ser utilizado en biología.

A fin de poner a punto las técnicas microscópicas, viaja a Nueva York, donde interactúa con el Dr. George Palade, futuro Premio Nobel por descubrir el ribosoma. Esta relación tendría luego una enorme gravitación para Mendoza.

Otro importante mentor que tuvo en Harvard fue el Dr James Watson, también Premio Nobel, con quien colaboró, al descubrir el ADN.

El conocimiento biológico en aquellos años era rudimentario. El proceso por el cual se expulsaba el espermatozoide y su posterior capacitación para fertilizar al óvulo, era un fenómeno casi desconocido. Esta fue el área que Mario Burgos decidió explorar y a la que dedicó gran parte de su vida.

Estando en Boston, y trabajando plenamente en la ultraestructura y biología del espermatozoide, rodeado de vastos recursos económicos, el Dr Burgos recibe un pedido muy especial de su querido maestro el Dr. Bernardo Houssay, quien estaba estructurando el futuro Conicet. Le pide retornar al país para propulsar y enriquecer la ciencia argentina. La oferta era tomar la cátedra de Histología en la recientemente formada Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuyo y desarrollar sus proyectos científicos en Mendoza.

El Dr. Mario H. Burgos, ya con una familia formada, decidió acceder al pedido. Partió de Boston y llegó a Mendoza a fines de la década de 1950.

En ese entonces la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo funcionaba en el Hospital Central. La cátedra de Histología se instaló en el sexto piso, en un pequeño cuarto donde solamente se encontraba una mesa, dos bancos de madera y un pequeño microscopio monocular.

A pesar del desolado panorama inicial, Mario Burgos se dedicó a concretar un ambicioso proyecto de transformación.

Dos alumnos del cursado fueron sus primeros colaboradores y ayudantes: Nelson Montorzi y Esteban Rodríguez.

Con esa precariedad inicial el Dr. Burgos agudiza su ingenio, desarrollando con tenacidad y perseverancia una obra fecunda, fundando el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza o IHEM, en 1957, el cual en el 2001 se denominó Instituto de Histología y Embriología Dr. Mario H. Burgos.

Sus conexiones científicas en Boston y Nueva York permitieron importantes donaciones de dinero, adquiriéndose así el primer microscopio electrónico en Argentina.

El Instituto, en más de 50 años, se convirtió en un potente centro intelectual y semillero de científicos que han prestigiado la Facultad de Ciencias Médicas de la UN Cuyo. Un significativo número de ellos hasta el presente, han alcanzado notoriedad tanto en el país como en el extranjero, mediante publicaciones científicas en revistas especializadas, siendo una de ellas la revista Biocell, de circulación internacional, fundada y dirigida en el año 1993 por el Dr. Burgos.

Sin duda, fue también uno de los mejores docentes de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo. Sus clases magistrales eran muy concurridas. Dotado de un singular sentido estético y de comunicación, al mismo tiempo que hablaba, dibujaba las formas correspondientes al tema en desarrollo. Transmitía el conocimiento verbal y visualmente en forma simultánea. Eran clases inolvidables.

El 22 de setiembre de 2012 falleció el Dr. Mario Héctor Burgos. Ese día se apagó una estrella que irradió una potente luz en el mundo académico de Mendoza, dejando una obra científica y humana que honra su memoria y nuestra Universidad.

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