2 de noviembre de 2014 - 00:00

Putin y el Papa

Mientras el líder de 1.200 millones de católicos romanos en el mundo advierte en contra de la “hostil inflexibilidad”, el presidente ruso hace gala de ejercerla. Ambos tienen un liderazgo de gran importancia: uno es todo lo que se espera de un líder, el o

Al leer los periódicos en las últimas fechas descubro que los dos dirigentes mundiales que suscitan mayor pasión en mí son el papa Francisco y Vladimir Putin, el presidente de Rusia.

Uno es todo lo que se querría en un líder, el otro todo lo que no se querría. Uno tiene influencia sobre 1.200 millones de católicos romanos, el otro sobre nueve zonas horarias.

Uno me sigue sorprendiendo con su capacidad para la empatía, el otro por cómo se ha convertido en un patán y maleante de primera. Sin embargo, ninguno puede ser pasado por alto y ambos tienen una enorme influencia sobre el mundo actualmente.

Primero, el Papa. En una época en que tantos líderes por todo el mundo buscan promover su fortuna política explotando reclamos y fallas, nosotros tenemos a un papa pidiéndole a su rebaño que haga algo difícil, algo fuera de su zona de confort, presionándolo para que sea más incluyente con gays y divorciados.

Sí, Francisco fue despreciado por obispos conservadores en un reciente sínodo vaticano, cuando les pidió que acogieran la noción de que “los homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”, agregando: “¿Somos capaces de dar la bienvenida a esta gente, garantizándoles un espacio fraternal en nuestras comunidades?”.

Pero, como se notó en un editorial de The New York Times: “El solo hecho de que Francisco ordenara a líderes de la Iglesia que abordaran estos desafíos parece un hito en la historia vaticana”.

El Papa pidió que el lenguaje rechazado fuera publicado para que todos lo vieran, al tiempo que advirtió en contra de la “hostil inflexibilidad; esto es, querer cerrarse a sí mismo en la palabra escrita y no permitirse ser sorprendido por Dios”.

“¿Hostil inflexibilidad?” ¿La dirigencia de quién describe eso? Miren la reciente conducta de Putin: sus fuerzas armadas estuvieron involucradas indirectamente en el derribo de un avión de Malasia sobre Ucrania y su KGB no solo ha estado intentando darle una mordida a Ucrania sino que está dando mordiscos a Estonia, Georgia y Moldavia, todo bajo la simulación de brindarles protección a “rusohablantes”.

Me opuse a la expansión de la OTAN porque creía que hay pocos problemas globales que podemos resolver sin la ayuda de Rusia. Al acrecentar la OTAN al final de la Guerra Fría, cuando Rusia estaba débil, contribuimos a cultivar una política allá que un día sería muy receptiva al mensaje de Putin en el sentido de que Occidente está atacando grupalmente a Rusia.

Pero, dicho eso, el mensaje es una mentira. Occidente no abriga intenciones de atraer a Ucrania a la OTAN. Además, levanten por favor su mano si creen que la Unión Europea planea invadir Rusia.

Sin embargo, Putin solo explota estos temores por dos razones. En primer lugar, él carga con un descomunal peso en su espalda -no, discúlpenme; él lleva toda una maderería- de resentimiento porque Rusia ya no es la potencia global que fue alguna vez.

Sin embargo, en vez de volver grande a Rusia de nuevo sacando provecho de su gente creativa -dándoles poder con educación, el estado de derecho y política consensual para volver realidad su potencial pleno-, él ha optado por el atajo de sacar provecho de sus pozos de petróleo y gas, así como quitarle poder a su pueblo.

Aunado a esto, en lugar de crear una Rusia que sea un ejemplo para sus vecinos se apoya en la fuerza brutal que su petróleo y gas aún le pueden comprar.

Si bien él critica con dureza a la OTAN, en realidad teme a la expansión de la Unión Europea: que los ucranianos prefieran acoger el mercado de la UE y normas democráticas en vez de sus históricos vínculos con Rusia, porque saben que a través de la Unión Europea ellos pueden volver realidad potenciales que nunca serían posibles con Rusia.

Al ocupar Crimea y atizar el nacionalismo, Putin no estaba protegiendo a Rusia de la OTAN. Se estaba protegiendo a sí mismo de los virus de la rendición de cuentas y transparencia de la UE, que, si echaran raíces en Ucrania, podrían extenderse a Moscú, socavando su cleptocracia.

Normalmente, eso me tendría sin cuidado, pero cuando el mundo se está dividiendo entre zonas de orden y desorden, y el mundo del orden necesita estar colaborando para acabar de raíz con y revertir el desorden, el hecho de que Putin esté atizando el desorden en las fronteras de Rusia, y no colaborando para promover orden en Oriente Medio, es un verdadero problema.

Lo que resulta más preocupante es que al país que más amenaza es a Rusia. Si las cosas salen mal allá -y su economía ya se está combando bajo el peso de sanciones occidentales- el mundo del desorden crecerá mucho más.

Es por eso que el liderazgo de Putin tiene importancia, y lo mismo el del Papa. Yo estoy concentrado en Putin porque creo que él está haciendo del mundo un peor lugar por malas razones, cuando podría marcar una diferencia en Europa y Oriente Medio con tan solo una pizca más de decencia y colaboración.

De la misma forma, Estados Unidos tiene mucho que aprender de la humildad del Papa, pero digan lo que quieran, aún estamos concentrados en intentar fortalecer a los comunes globales, ya sea protegiendo a gente de yihadistas en Irak o combatiendo el ébola en África. Podríamos hacer más. Putin necesita hacer mucho más.

“Los mejores líderes no fijan objetivos tímidos y egoístas que se cumplen con facilidad sino, más bien, fijan objetivos audaces e incluyentes que resulta difícil alcanzar”, hizo hincapié Timothy Shriver, el presidente de la Olimpíada Especial, quien acaba de escribir un libro sobre liderazgo, “Fully Alive: Discovering What Matters Most” (“Totalmente vivo: Descubriendo lo que más importa”).

“Todos estamos buscando formas de darle sentido a un mundo sin centro, pero solamente encontraremos eso en personas que conducen con auténtica humildad e imprudente generosidad”.

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