6 de abril de 2014 - 01:52

Putin y la ley de gravedad

Con la anexión de la península de Crimea, el presidente ruso apostó a los hidrocarburos como sustento del presente y del futuro económico de su país -70 por ciento de sus exportaciones son de petróleo y gas- en un momento en que la energía solar comienza

Una cosa que aprendí cubriendo Oriente Medio durante muchos años es que existe "la mañana después" y también "la mañana después de la mañana después". Nunca se deben confundir.
La mañana después de un gran suceso es cuando los tontos se apresuran a declarar que la victoria o derrota de alguien en una sola batalla ha "cambiado todo para siempre". La mañana después de la mañana después, la ley de la gravedad empieza a aplicarse sola; las cosas a menudo no se ven tan bien o tan mal como uno pensaba y eso me lleva a la anexión de Crimea por parte de Putin.

La mañana después, él era el héroe de Rusia. En Estados Unidos, algunos comentaristas estúpidos incluso han expresado el deseo de que tuviéramos un líder tan "decisivo". Bien, veamos cómo se ve Putin la mañana después de la mañana después, digamos, en seis meses. Yo no hago predicciones, pero señalaré lo siguiente: Putin está desafiando a tres de las fuerzas más poderosas en el planeta de una sola vez: a la naturaleza humana, la Madre Naturaleza y la Ley de Moore. Buena suerte con eso.

La toma de Crimea por parte de Putin ciertamente pone de relieve el persistente poder de la geografía en la geopolítica. Rusia es un país continental que se extiende a lo largo de una descomunal masa de tierra, con pocas barreras naturales que lo protejan. Cada líder del Kremlin -desde los zares, pasando por los comisarios, hasta los criminales- ha estado obsesionado con la protección de la periferia de Rusia de probables invasores. Rusia tiene legítimos intereses de seguridad, pero este episodio no es sobre ellos.

Este reciente drama en Ucrania no empezó con la geografía, con una potencia exterior intentando entrar a Rusia, sin consideración a cuánto quiera pretender Putin que así fue. Esta historia empezó con gente dentro de la órbita de Rusia intentando salir. Un gran número de ucranianos deseaba ligar su futuro económico al de la Unión Europea y no a la Unión Euroasiática de Putin, similar a una aldea Potemkin. Esta historia, en su núcleo, fue encendida y alimentada por la naturaleza humana -la persistente búsqueda de las personas por volver realidad un futuro mejor para sí y para sus hijos-, no por la geopolítica, o siquiera tanto nacionalismo. Ésta no es una historia de "invasión". Ésta es una historia de "éxodo".

Y no causa extrañeza. Un reciente artículo en Bloomberg Businessweek notó que, en 2012, el PBI por persona en Ucrania equivalía a 6.394 dólares, lo cual representa alrededor de 25 por ciento menos de su nivel registrado un cuarto de siglo antes. Pero, si se compara a Ucrania con cuatro de sus vecinos ex comunistas al Oeste que se unieron a la UE -Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumania- "el PBI promedio por persona en esas naciones ronda por 17.000 dólares".

¿Se puede culpar a los ucranianos por querer unirse a un club diferente?

Sin embargo, Putin también está contando con que el mundo no haga nada con respecto a la Madre Naturaleza, y que ésta lo tome a la ligera. Aproximadamente 70 por ciento de las exportaciones de Rusia son petróleo y gas, al tiempo que conforman la mitad de los ingresos del Estado.
 
(¿Cuándo fue la última vez que usted compró algo que llevara la etiqueta "Hecho en Rusia"?) Esencialmente, Putin ha apostado el presente y futuro económico de su país a los hidrocarburos, en una época en que el jefe de economistas en la Dependencia Internacional de Energía ha declarado que "aproximadamente dos tercios de todas las reservas probadas de petróleo, gas y carbón tendrá que dejarse inexplotadas si es que el mundo va a alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados" desde la Revolución Industrial. Si se cruza ese límite de 2 grados, dicen científicos del clima, se incrementará drásticamente la probabilidad de derretir el Ártico, peligrosos aumentos en el nivel del mar, más súper tormentas perturbadoras y cambio climático inmanejable.

El ex ministro del petróleo saudita, Jeque Ahmed Zaki Yamani, advirtió alguna vez a sus colegas de la OPEP algo que Putin debería recordar: "La Era de Piedra no terminó porque nos quedamos sin piedras". Terminó porque inventamos herramientas de bronce, que eran más productivas. La era del hidrocarburo también tendrá que terminar con muchísimo petróleo, carbón y gas aún en el suelo, remplazados por formas más limpias de generación de energía, o la Madre Naturaleza hará lo que quiera con nosotros. Putin está apostando a lo contrario.

¿Cómo se dice Ley de Moore en ruso? Ése es el teorema planteado por Gordon Moore, uno de los fundadores de Intel, en el sentido de que el poder de procesamiento de los microchips se duplicará más o menos cada dos años.

Cualquiera que siga actualmente a la industria de energía puede decirle que ahora hay algo similar a una Ley de Moore en marcha en torno a la energía solar, el precio de la cual está bajando tan rápidamente que cada vez más hogares e incluso empresas de servicio público están descubriendo que instalarla resulta tan barato como el gas natural. El viento sigue una trayectoria similar, al igual que la eficiencia energética. Tan sólo China está en camino de estar extrayendo 15 por ciento de su producción total de electricidad para 2020 a partir de renovables, y no se está deteniendo ahí. No puede detenerse o su pueblo no podrá respirar.

Si Estados Unidos y Europa llegaran a dar incluso apenas un pequeño impulso mayor ahora a las energías renovables para reducir los ingresos de Putin, estas acciones podrían pagar dividendos mucho más pronto y más grandes de lo que la gente se percata.

Actualmente la legitimidad de la dirigencia de China depende, en parte, de su capacidad de volver más verde el sistema de generación de energía de su país para que su gente pueda respirar. La legitimidad de Putin depende de mantener a Rusia y al mundo adictos al petróleo y al gas natural. ¿A quién quieren apostarle?

Así que, antes de que coronemos a Putin la Persona Time del Año una vez más, esperemos y veamos cómo se desarrolla la mañana después de la mañana después.

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