24 de mayo de 2014 - 21:57

El Pueblo de la Plaza

El autor contrapone el surgimiento de una “súper clase” mundial, una élite con “escasa necesidad de lealtad nacional”: los denominados “Hombres de Davos” de hace una década, con el actual brote de una fuerza política global que crece desde abajo, de la ma

I

Creo que planearé viajar de Kiev a Hanói con mayor frecuencia. Solo cuando se viaja a dos lugares a todas luces inconexos se logra ver las grandes tendencias, y una de las grandes que he notado es el surgimiento de "La gente de la plaza".

En 2004, Samuel Huntington, politólogo de Harvard, escribió sobre una "súper clase" mundial en surgimiento de "Hombres de Davos" -aludiendo a los concurrentes del Foro Mundial de Economía en Davos-, una élite trasnacional y cosmopolita extraída de los campos de alta tecnología, finanzas, multinacionales, círculos académicos y organizaciones no-gubernamentales. Los Hombres de Davos tenían "escasa necesidad de lealtad nacional" y tenían más en común entre sí que con sus paisanos, argumentaba Huntington. Además, ellos tenían las habilidades para beneficiarse de manera desproporcionada de la nueva globalización de mercados y tecnologías informáticas.

Bien, una década más tarde, a medida que la revolución TI (tecnología informática) y la globalización han sido democratizadas y difundidas -conforme hemos pasado de computadoras portátiles para élites a teléfonos inteligentes para todos, desde formación de redes para los pocos afortunados en Davos a Facebook para todos, así como de solo los ricos siendo oídos en los corredores del poder a todos siendo capaces de contestarles a sus dirigentes por Twitter-, una nueva fuerza política global está en surgimiento, más grande y de mayor importancia que los Hombres de Davos. Yo los llamo la Gente de la Plaza.

En su mayoría jóvenes, con aspiraciones a un nivel más alto de vida y mayor libertad, en busca ya sea de la reforma o la revolución (dependiendo de su gobierno existente), conectados entre sí ya sea por amasarse en plazas o a través de plazas virtuales o ambas, y unidos menos por un programa en común y más por una dirección compartida que quieren que sus sociedades sigan. Los hemos visto ahora en las plazas de Túnez, El Cairo, Estambul, Nueva Delhi, Damasco, Trípoli, Beirut, Sanaa, Teherán, Moscú, Río, Tel Aviv y Kiev, así como en las plazas virtuales de Arabia Saudita, China y Vietnam.

Los últimos tres países tienen en su totalidad números inusualmente grandes de usuarios de Facebook, Twitter o YouTube, o sus equivalentes chinos, que juntos constituyen una plaza virtual en la que se conectan, promueven el cambio y desafían a la autoridad. El bloguero vietnamita más popular, Nguyen Quang Lap, tiene más seguidores que cualquier periódico del gobierno aquí. En Arabia Saudita, uno de los hashtags más populares de Twitter es: #If I met the King I would tell him (#Si yo conociera al rey le diría a él.

Además, la Gente de la Plaza solo se está volviendo más numerosa y va adquiriendo más poder. "Nuestro objetivo es que, en tres años, cada vietnamita posea su propio teléfono inteligente", me dijo Nguyen Manh Hung, quien encabeza el Grupo Viettel, empresa vietnamita de telecomunicaciones. "Actualmente estamos fabricando un teléfono inteligente por menos de 40 dólares y nuestro objetivo es 350 dólares. Cobramos 2 dólares mensuales por la conexión de internet para una computadora personal y $ 2,50 por voz desde un teléfono inteligente".

Debido a que los medios de comunicación en Vietnam están fuertemente censurados, no es casual que 22 millones de los 90 millones de habitantes de Vietnam estén en Facebook. Apenas hace dos años tan solo había ocho millones. Vietnam tiene aproximadamente 100.000 alumnos estudiando en el extranjero; hace una década era una décima parte de eso. Todos Gente de la Plaza del futuro.

Ciertamente, la Gente de la Plaza representa una política diversa, incluida la Hermandad Musulmana en Egipto y ultranacionalistas en Kiev. Sin embargo, la tendencia dominante que corre a través de todos ellos es la siguiente: "Ahora tenemos las herramientas para ver cómo viven todos, incluidas oportunidades en el extranjero y dirigentes corruptos en casa, y no vamos a tolerar indefinidamente una vida en un contexto en el que no podemos volver realidad nuestro potencial pleno. Además, ahora tenemos también las herramientas para colaborar a fin de hacer algo al respecto".

En las palabras de un experto en política exterior de Vietnam, la Gente de la Plaza "está exigiendo un nuevo contrato social" de una u otra manera con las viejas guardias que han dominado la política. "La gente quiere que su voz sea oída en cada debate de importancia", sin mencionar mejores escuelas, caminos y estado de derecho. Además, se apresuran a compararse con otros: "¿por qué esos tailandeses sí pueden manifestarse y nosotros no?"

La Gente de la Plaza de Ucrania quiere asociarse con la Unión Europea, no solo debido a que creen que esa es la llave a la prosperidad, sino debido a que piensan que las reglas, normas judiciales, estándares y requisitos de transparencia de Europa obligarán a los cambios que ellos desean en casa, pero no pueden generar desde arriba o abajo. Los reformistas vietnamitas quieren sumarse a la Sociedad Transpacífica por las mismas razones. A diferencia de los Hombres de Davos, la Gente de la Plaza quiere usar la economía global para reformar sus países, no para surgir por encima de ellos.

Di una charla sobre globalización en la Universidad Nacional de Hanoi. Más tarde conversé con una joven mujer, Anh Nguyen, estudiante de 19 años de edad que había formulado varias preguntas buenas.

Su conversación estuvo salpicada por expresiones de la Plaza: "Me siento 'empoderada'. Creo que Vietnam puede cambiar. Por favor dígale al mundo sobre el gran caso de malversación (en una empresa paraestatal de embarques) que fue descubierto aquí. Antes, la gente se habría mostrado silenciosa, pero el veredicto ya llegó y a ellos (jefes) los condenaron a muerte. Eso realmente tomó por sorpresa a la gente. Ahora bien, no todo gran jefe es protegido por el gobierno. Nosotros tenemos muchas fuentes diferentes de información del mundo. Eso abre los ojos". Ella tiene una oportunidad mucho mayor de alcanzar su potencial que sus padres, agregó, "pero no tan grande como yo quiero".

Hazte para allá, Hombre de Davos, ahí viene la Gente de la Plaza.

II

En una célebre entrevista de 1995 sobre su matrimonio disfuncional y la infidelidad del príncipe Carlos, la princesa Diana aseguró que "en este matrimonio había tres personas, por lo que estaba un poco atestado". Últimamente me ha venido a la mente ese comentario al hablar de la política y la geopolítica que han surgido del "pueblo de las plazas": esas clases medias con aspiraciones, recientemente conectadas, que se han reunido en plazas desde El Cairo hasta Kiev, pasando por Estambul y Teherán, Túnez y Moscú, para exigir más voz en su futuro y una mejor administración pública.

Muchos políticos están descubriendo que este pueblo de las plazas es como un tercer participante espontáneo, que ha surgido entre ellos mismos y su oposición tradicional domesticada. En consecuencia, la política está "un poco atestada", aunque es mucho más interesante.

En efecto, la plaza -el lugar en el que se reúnen, colaboran y presionan en favor del cambio estas fuerzas políticas recién conectadas- está perturbando realmente la política y la geopolítica tradicionales. Pero lo interesante de observar al ir avanzando es cuál de los pueblos de las plazas puede pasar de la perturbación a la construcción: tomar la energía y las aspiraciones incipientes de los seguidores de la plaza y convertirlas en partido político, llevarlas a las elecciones y producir un mejor gobierno. Ciertamente, el más interesante de estos dramas ahora es en el que participan el pueblo de la plaza de Ucrania contra el presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Putin estaba muy quitado de la pena con sus negocios corruptos, viviendo una relación de dos participantes con su vecina Ucrania, gobernada por el aún más corrupto y promoscovita presidente Viktor Yanukovich.
 
De pronto, de forma espontánea y desde abajo, una clase media emergente, conectada y con aspiraciones -harta tanto de la corrupción del régimen como de lo bajo que había caído con respecto de sus vecinos de la Unión Europea- exigió que Yanukovich estableciera lazos más estrechos de cooperación y comercio con la Unión Europea. También exigió algo que ahora es común en todas las plazas: el derecho de ser tratada como "ciudadana", con derechos y responsabilidades, y no como juguete de oligarcas y potencias externas.

Sin embargo, Yanukovich optó por estrechar su relación económica con Rusia, por lo que el pueblo de la plaza de Kiev lo destituyó, desafiando todos los aspectos de la visión de Putin, forjada en el KGB. Putin no cree que ninguna protesta política pueda ser espontánea. Si un grupo grande de ucranianos se reúne en la plaza de Kiev para exigir el fin de la corrupción y una relación más estrecha con la Unión Europea, eso solo puede deberse a que la CIA, la OTAN o los mismos europeos los inspiraron o les pagaron para hacerlo.
 
Toda la mentalidad de Putin está trastocada y le es totalmente ajena la noción de que la combinación de globalización y revolución informática pueda darle al "pueblo" tanto la capacidad de ver cosas que nunca antes había visto como las herramientas para colaborar y hacer algo al respecto desde la base hacia la cima.

Putin tiene la mirada hacia atrás, tratando de restablecer el imperio zarista y usando para ello sus recursos naturales. El pueblo de la plaza de Kiev, en tanto, mira al futuro, trata de asociarse con la Unión Europea para fomentar sus recursos humanos.
 
Piensa que integrar su economía con la de Europa provocaría desde afuera la reforma judicial, la transparencia y las regulaciones que no pueden generarse desde abajo y que los políticos no quieren promulgar desde arriba. Para el pueblo de la plaza de Kiev, la asociación de Ucrania con la Unión Europea es una palanca vital para la renovación interna, pero para Putin es una amenaza directa a su "esfera de influencia".

Lo mismo puede decirse de Turquía. Surgió un movimiento espontáneo para oponerse al intento del primer ministro Recep Tayyip Erdogan por instalar un centro comercial en un área verde cerca de la plaza Taksim, en el centro de Estambul. Éste rápidamente evolucionó en protestas contra su gobierno autocrático.

Erdogan perdió los estribos. Él había creado un universo de dos participantes en el que solamente cabían él mismo y los partidos oficiales de oposición y las televisoras, a las que él había intimidado, domesticado y castrado por completo. Pero el pueblo de la plaza creó una nueva oposición y, a través de Twitter y YouTube, su propia cadena de televisión.

Sin embargo, Erdogan ha logrado ganarle la partida al pueblo de la plaza con repetidas victorias electorales. ¿Cómo? Un reporte desde Turquía en Forbes.com del viernes da una respuesta. La mayor parte de la base electoral de Erdogan, básicamente rural, no está en Twitter ni en YouTube. Son "analfabetos técnicos y se informan en la televisión", controlada por él.
 
"Los canales de noticias de la televisión solo muestran los daños y la violencia de las protestas, una selección de imágenes que acaban por dar la impresión de anarquía desatada en el país por alborotadores rabiosos". Putin recurrió al mismo sistema de propaganda en Rusia y Ucrania.

La incapacidad de convertir sus aspiraciones en partidos políticos que puedan disputar elecciones y después gobernar es el talón de Aquiles del pueblo de las plazas: desde la plaza Tahrir hasta Ocupemos Wall Street.

O como observó recientemente en The Atlantic Moises Naim, autor de un libro muy agudo sobre este tema, "The End of Power": Ahora, "el llamado a protestar a través de Twitter, Facebook o mensajes de texto ciertamente atrae una multitud, especialmente si es para manifestarse en contra de algo -de cualquier cosa, en realidad- que nos indigna. El problema es lo que sucede después de la marcha. Detrás de las imponentes manifestaciones callejeras rara vez hay una organización bien lubricada y permanente capaz de darles seguimiento a las peticiones de los manifestantes y emprender el trabajo político, complejo, aburrido y en vivo que se necesita para producir un verdadero cambio en el gobierno. Éste es un argumento importante presentado por Zeynep Tufekci, miembro del Centro de Política de la Tecnología de la Información de la Universidad de Princeton, quien señala que 'antes de internet, el tedioso trabajo de organización que se requería para evitar la censura o para organizar una protesta también ayudaba a crear una infraestructura de toma de decisiones y de estrategias para mantener el impulso. Ahora los movimientos pueden omitir ese paso, por lo general para su propio detrimento'".

Daniel Brumberg, experto en democracia de la Universidad de Georgetown y del Instituto de la Paz de Estados Unidos, señala que el pueblo de la plaza que tuvo más éxito en el mundo árabe, que promulgó una nueva constitución, es el de Túnez, el país árabe que tenía "las instituciones más robustas de la sociedad civil -especialmente una poderosa federación de sindicatos, así como asociaciones de empresarios, de abogados y de derechos humanos-, que pudieron arbitrar entre las facciones laicas y religiosas" que se reunieron en la plaza para deponer al dictador. Túnez también se benefició de un ejército que se mantuvo alejado de la política y del hecho de que las fuerzas laicas y las islamistas tenían un equilibrio de poder, lo que las obligó a ser incluyentes unas de otras.

Me entusiasman los numerosos grupos de la sociedad civil surgidos en Ucrania para monitorear al gobierno y cuidar que no despojen al pueblo de la plaza. Todavía está por verse si este pueblo podrá elaborar una política incluyente que respete las opiniones de la población del este, que es pro-rusa. Sin el pueblo de las plazas, en estos países no será posible cambio alguno. Pero sin instituciones de la sociedad civil y sin una política incluyente, ningún cambio podrá sostenerse.

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