Ni el oficialismo ni la oposición han variado sus posturas con respecto a la reforma constitucional.
Hace un par de semanas los voceros del Gobierno anticipaban que en los primeros días de octubre el Ejecutivo enviaría a la Legislatura el correspondiente proyecto de ley proponiendo sólo una reelección para todos los cargos, incluidos los de gobernador y vice. Y cumplió.
A la vez, el radicalismo mantiene la drástica postura que dio a conocer también al promediar el mes pasado. Entiende que no están dadas las condiciones políticas para llevar a cabo un debate serio sobre la Constitución de la Provincia. De ahí su rápido enojo, hecho público el mismo viernes, por el reciente envío de la propuesta reformista a la Legislatura. Similar criterio adoptaron los demócratas.
Las sospechas de la oposición. En declaraciones periodísticas que efectuó ayer el líder del radicalismo, Alfredo Cornejo, dijo que el mensaje que envía el justicialismo mendocino con el proyecto dado a conocer "es engañoso" por contener puntos a debatir que ya están debidamente planteados por la oposición en el ámbito legislativo.
Justamente, el financiamiento de las campañas de los partidos políticos previo a las elecciones, la implementación de la boleta única para votar y el desdoblamiento electoral provincial con respecto al nacional, están incluidos en proyectos de ley que se enmarcan en lo que se ha definido como reforma política provincial y que, sin duda, no resulta necesario incluir entre los temas que puedan llegarse a abordar si avanzara la reforma.
Por eso el radicalismo insistirá el miércoles, en la Cámara de Diputados, con el abordaje de los proyectos que contienen los apuntados cambios en el sistema político-electoral provincial. En el justicialismo, en cambio, quieren que dichos asuntos sean moneda de cambio: acepta discutirlos pero exige que simultáneamente se avance con la Constitución. De ahí la decisión de incluirlos en el contenido de la propuesta enviada a las cámaras. ¡Tremendo juego de especulaciones en ambos bandos!
El otro aspecto conflictivo es el de las reelecciones. En la oposición sospechan que, detrás del aparente toque de coherencia que supone unificar una reelección posible para cada cargo electivo, hay una clara intencionalidad: favorecer solamente un posible segundo mandato de Francisco Pérez. Aunque hay quienes dicen por lo bajo en los pasillos legislativos que "no hay que descartar que si se da lo de la reelección, también tenga su oportunidad Ciurca".
¿Hasta ese punto puede llegar un posible acuerdo entre los integrantes de la fórmula? Si fuese así, quedarían totalmente desvirtuados los rumores sobre las diferencias abismales entre uno y otro. Más allá de especulaciones, desde el cuarto piso de la Casa de Gobierno confirmaron el mismo viernes que los principales negociadores de la reforma constitucional serán el ministro Félix González y el vicegobernador, Carlos Ciurca.
Otra inquietud del presidente del radicalismo mendocino es una eventual intencionalidad política de la Casa Rosada detrás de una posible reforma constitucional en nuestra provincia.
El intendente Cornejo sospecha que detrás de la reelección de Pérez y Ciurca "puede venir la de Cristina". Es decir, teme el radical que Mendoza se pueda transformar en el escenario de una especie de prueba piloto, o testeo, que a la vez sirva de arranque para el nunca desestimado proyecto re-reeleccionista de la Presidenta.
Los demócratas también tienen sus reparos y sólo expresan predisposición para debatir "una reforma parcial de no más de diez aspectos trascendentes", que de ninguna manera incluyan las reelecciones o la reforma política prevista en otros proyectos de ley.
Las únicas voces solidarias con el oficialismo se escucharon de parte de los integrantes del eje Peronismo Federal-Es Posible, que se expresaron "complacidos" con el proyecto de Pérez porque, dijeron, tiene coincidencias con la propuesta reformista que dieron a conocer en junio. Una especie de mimo político de un grupo legislativo que incluye a legisladores justicialistas no kirchneristas que en la semana recibieron con bombos y platillos al puntano Adolfo Rodríguez Saá, para algunos uno de los tantos que se anotan en la línea sucesoria del peronismo no alineado con el modelo cristinista en el poder.
La otra versión del justicialismo. En medio de semejante reacción adversa de referentes de los principales partidos de la oposición, en el oficialismo también dejan trascender mensajes de acercamiento. "La reforma que pretendemos es a la mendocina. Lo que acordemos será respetado sin condicionamientos nacionales", decía el viernes un mensaje que, a modo de preámbulo de un instructivo, llegó desde Casa de Gobierno a uno de los despachos legislativos del oficialismo.
Una reforma "a la mendocina" en este caso no significa otra cosa que admitir que los sectores de la oposición han sabido participar, del centro de la escena, amparados por el número de legisladores con que cuentan, lo que permite a radicales y demócratas pelear de igual a igual con el oficialismo a la hora de votar.
Por ello, algunas versiones dan cuenta de que el Gobierno se daría por conforme con la sola concreción del debate del proyecto que fue enviado el viernes, aunque los más ambiciosos pretenden más: quedar en la historia política de Mendoza como la única administración que logró viabilizar la reforma de la Constitución, aunque para ello deban resignar completamente toda cláusula reeleccionista.
Más allá de la reforma, en el oficialismo hay una creciente preocupación por resaltar la figura de Francisco Pérez como conductor o estratega. En este momento varios dirigentes (en algunos casos muy cercanos al titular del Ejecutivo) comienzan a ver con cierta preocupación lo que ellos mismos definen como resquebrajamientos en la estructura, entre otros aspectos, por las especulaciones que comienzan a efectuarse de cara a las elecciones del próximo año. Son los que piensan que "es tiempo de gestionar, no de pensar en postularse".
Pero también están otros grupos, más cercanos a algunos influyentes intendentes, que quieren a Pérez como garantía de que cuando llegue el momento de discutir las listas de candidatos, sea el Gobernador la garantía que tendrá el PJ local de que algunos lugares no estarán digitados desde la Casa Rosada, como ya ocurrió en algunos casos en 2011.
¿Prueba piloto reeleccionista? Más que nada lo que trasluce es un justicialismo que se aferra a la reforma por no tener del todo allanado el camino para hacer política con su propia gestión. Y una oposición, preferentemente el radicalismo, que palpita una buena elección en la provincia y que puede prescindir, por el momento, de lo que para el oficialismo es una urgencia.