27 de enero de 2013 - 22:58

Proyecto urbano y planteos para una ciudad posible

Llama la atención que en Mendoza no se haga referencia a la idea de proyecto urbano (PU) -un hecho que guió las transformaciones urbanísticas de los últimos años del siglo XX en Europa- ni a través de publicaciones ni en forma de debate. Es por eso que enunciaré ciertos aspectos que permitan comprender el significado de estas intervenciones, desde el punto de vista del arquitecto.

La idea de proyecto urbano hace referencia a ciertas características esenciales: se trata de operaciones que permiten ir reestructurando la ciudad existente, o bien creando nuevos espacios; conlleva la idea de evolución en el tiempo; integra varias escalas de intervención; entiende sobre la topografía, los tejidos y trazados del lugar y es funcional y económicamente ajustable.

El concepto de proyecto urbano debe entenderse como la superación del plan urbanístico y del proyecto de arquitectura, y no podrá efectuarse independientemente de aquellos otros aspectos sociales, económicos y culturales que acompañan las transformaciones de la sociedad.

Intenta ir más allá de la intervención de profesionales frente a la lógica bidimensional de los organismos municipales y se plantea dejar atrás la idea del “plan” y comenzar a trabajar con el espacio. Conlleva la idea de “totalidad” de la ciudad, justamente por trabajar sobre el espacio público, que es el elemento conductor entre las diferentes escalas y los diferentes momentos de la historia. De allí que marque una oposición al pensamiento sectorial que el planteamiento en zonas puso en evidencia.

La dinámica del PU debería ser llevada a cabo desde múltiples enfoques (arquitectura, paisaje, urbanismo, ingeniería) de manera de dar sentido y contenido a las distintas realizaciones. Propone repensar los grandes equilibrios dentro y fuera de las ciudades, de manera de poder determinar apropiadamente las áreas de actuación. Las intervenciones deben ser más limitadas sobre trazados y tejidos ya conformados.

Intenta rever los tópicos relacionados con las densidades que equilibran el uso de las infraestructuras ya existentes y todo aquello que implica llevarlas hasta nuevos sitios, alejados de los centros o generando nuevas centralidades.

Infraestructuras y espacio público

El proyecto urbano entiende las redes de infraestructura como elementos que pueden generar valores urbanos, modificando la lógica de las “infraestructuras” por sobre “lo urbano”, alejadas del desarrollo a largo plazo y de la capacidad de “hacer ciudad”. Ejemplo de ello sería el pasar de la lógica de la “calzada” a la del espacio urbano, atendiendo a las reglas del diseño y a la sabia ejecución de los detalles.

Se plantea, entonces, dejar de lado la lógica “de sectores” (aeropuerto, ferrocarril urbano, sectores industriales, centros comerciales, barrios cerrados, entre otros) y privilegiar la “del lugar”.

Habrá que realizar estudios técnicos referidos a la calidad del agua, aire y de los desechos, e implementar soluciones viables a cada temática. El proyecto urbano trata de entender al espacio público como una infraestructura básica para el soporte de las actividades ciudadanas.

Establece el diálogo entre las autoridades municipales y los actores privados de manera de lograr cesiones al espacio público y así obtener el mejor uso para los ciudadanos. El fin es llegar a una propuesta superadora a nivel territorial que permita el desarrollo económico de la ciudad, unido al bienestar de sus habitantes.

Asimismo trabaja sobre el espacio público, fijando nuevas políticas que tengan por ejes a la recalificación de los trazados (calles) y su sistematización, equipamiento y mobiliario urbanos, y a la definición de los materiales. Privilegia la renovación de la ciudad sobre lo ya edificado, rehabilitando y reconvirtiendo los edificios.

Recalificación

El proyecto urbano permite emprender acciones ambiciosas sobre terrenos vacíos, reestructurando la ciudad. Estos espacios dentro de las ciudades podrían inducir la aparición de nuevas actividades y abrir la puerta a procesos de recalificación urbana particulares, como en los casos de los sectores vinculados a la estructura del ferrocarril y a ciertos vacíos industriales.

Entonces, el proyecto urbano puede ser una acción concreta y también una metodología que implica tratar de encontrar puntos en común en conocimiento y competencias, que al ser transversal permite traducir estrategias en proyectos concretos.

Propuestas

Sería oportuno y útil definir el papel de los organismos y las universidades, cuyas preocupaciones tienen relación con estos temas, ya que podrían acercarse proposiciones que no implican ser llevadas a cabo, tal como se presentan sino que deberían servir para alimentar la reflexión y que permitan la formulación de un discurso crítico.

Generar ejes de pensamiento e ideas de intervención antes de actuar sobre el territorio de manera de encontrar respuestas  que se funden en diagnósticos y métodos precisos de actuación.

Propiciar una suerte de “laboratorio urbano” como nunca se hizo antes en Mendoza, de manera que las competencias y las enseñanzas sean compartidas por todos los actores intervinientes. Analizar si el proyecto urbano continúa siendo una herramienta eficaz para permitirnos afrontar los desafíos que las ciudades que presentan una conformación difusa, o bien, ofrecer alternativas al mismo.

Es por ello ineludible insistir en que las estrategias urbanas necesitan del tiempo y de la reflexión. Habrá que estar a la altura de la tarea y poner manos a la obra.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes

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