3 de noviembre de 2012 - 21:13

Promesa de "vendetta”

La guerra por la reforma constitucional genera cada semana una nueva batalla entre justicialistas y radicales. El peor escenario para un debate que necesita, fundamentalmente, seriedad y respeto.

Cada semana alguna batalla. Una guerra golpe por golpe que se mantiene en el tiempo y que no se sabe qué final tendrá, ni cuándo.

Esta vez el sacudón lo produjo un desertor que dejó al radicalismo herido. El senador Guillermo Simón varió su postura con respecto a la reforma constitucional y alegró al Gobierno. Había sido uno de los que firmaron el acta acuerdo de los 13 senadores por el no al proyecto de Pérez, pero algo (¿o alguien?) lo hizo repensar y se sumó a los tres que ya se habían distanciado de la conducción partidaria.

La lectura que realiza el oficialismo es sólo de fractura del bloque radical, lo cual es cierto. Pero también es verdad que el zigzagueante andar del polémico senador sureño distrajo tanto a la conducción partidaria de Cornejo, que el triunfo político que significaba bloquear el proyecto reformista se transformó en un conflicto interno con final incierto.

Es una guerra de ataques y respuestas casi inmediatas. Al pronunciamiento mayoritario del congreso de la UCR contra la reforma constitucional le siguió, del lado del oficialismo, la nominación de dirigentes radicales vinculados a Iglesias para cargos públicos, lo cual le permitió sospechar a la conducción del principal partido de la oposición de la existencia de una clara injerencia del PJ en su interna.

Por eso, el pronunciamiento de "los 13" (si hubiesen sido 12 podríamos decir que a Cornejo le surgió un Judas) apareció como la negativa más tajante de la oposición a la embestida reformista, ya que entre esos 13 senadores estaban incluidos los dos demócratas y el representante del Pro. Y un demócrata fue uno de los mentores de la movida.
El siguiente capítulo es el del indudable quiebre del bloque de la UCR. La situación podría trasladarse a Diputados, aunque allí todavía no se habla de formar rancho aparte, como en el Senado, sino de plantear las disidencias.

Ante la evidencia de que las cosas no estaban sólidas dentro de la estructura partidaria, Cornejo montó el por ahora último acto de la pelea, al denunciar compra de voluntades por parte del oficialismo. En el medio, mientras el senador Simón decidía dar el salto, había aparecido Cobos acusando al Gobierno de extorsionar a los jefes departamentales de la UCR.
El intendente de Godoy Cruz está convencido de que buena parte de la jugada es obra del vicegobernador Ciurca, delegado del oficialismo para actuar a favor de la reforma constitucional en la Legislatura. Pero hay más: algunos radicales consideran  que cualquier posibilidad de reelección estaría más dirigida a beneficiar a Ciurca que al propio Pérez.

Cornejo parece haber sellado una nueva alianza con Cobos. Así lo indican sus declaraciones y desafíos. No erró con el diagnóstico, porque verdaderamente el radicalismo puede ganar en Mendoza la elección legislativa nacional con el ex vicepresidente a la cabeza de la lista de diputados. Pero también es consciente el cacique godoicruceño de que si las deserciones continúan, nada le garantiza esa victoria que hoy marcan muchas encuestas.

Al eje que forman Iglesias y Fayad se le suman ahora las confesas y renovadas aspiraciones presidenciales de Ernesto Sanz, lo cual puede influir aún más en la crisis actual del radicalismo local.

Los próximos pasos. En el justicialismo niegan que se pretenda a partir de ahora imponer la reforma constitucional merced a las deserciones en la oposición. "Imposición, no, buscaremos persuadir", fue la definición efectuada por un calificado allegado al Gobernador supuestamente luego de haber conservado con éste el cómo sigue de este trabado conflicto.

"Sería un error pretender imponer el tema. No se trata de una ley más: es la Constitución. Pero también estamos convencidos de que el radicalismo comete un grave error al no dar el debate. Y por eso no nos pueden venir a echar la culpa a nosotros de que sus legisladores cambien de postura. Los radicales tienen problemas de conducción, tanto a nivel partidario como de los bloques, y los legisladores se les dan vuelta a ellos. No somos nosotros los que influimos", remarcó el portavoz del oficialismo en su afán por disipar sospechas de injerencias en las decisiones de influenciables radicales.

Con respecto a la denuncia de extorsión a intendentes radicales por parte de Francisco Pérez que efectuara Julio Cobos, desde el cuarto piso de Casa de Gobierno dijeron que la relación con Mansur, Pinto, Abed y Fayad y también con el demócrata Difonso es óptima. "Nunca hemos pedido nada a cambio. Sí puede haber ocurrido que no pudiésemos cumplir a tiempo con algo que les correspondiese a sus comunas, nada más que eso". El colaborador del Gobernador que dio esta apreciación nada dijo de Cornejo, hoy transformado junto a Cobos en el Eje del Mal para las huestes kirchneristas.

   Los demócratas, expectantes. Para quienes están en la conducción demócrata, "no es bueno lo que está pasando". Les preocupa cómo puede dejar dañado el ambiente político provincial la actual discusión por la reforma constitucional.

Se lamentan, a su vez, de que como consecuencia de la feroz pelea entre el PJ y la UCR no salga a la luz la tan anhelada reforma política. "Es increíble ver cómo los dirigentes partidarios mendocinos están menoscabando a la política", dijo un encumbrado dirigente del PD, que coincidió en que "como están las cosas no hay ningún tipo de garantías para poder discutir seriamente sobre nuestra Constitución. Por eso no estamos de acuerdo en este momento con que se hable de tocarle ni siquiera una coma...", enfatizó.

Lo que sí alientan en el PD es todo intento de avance de las leyes de reforma política y electoral, "que son las que nos pueden llevar -dicen- a una mejor calidad democrática. Y esa calidad democrática es la que se refleja luego en el ánimo de la sociedad y en nuevos beneficios para la gente".

 Por otra parte, la conducción demócrata siguió respaldando la iniciativa que derivó en la firma del documento de los senadores que se comprometieron a no debatir la reforma en las actuales circunstancias, más allá de que luego variara su postura el radical Simón. En aquel documento tuvo mucho que ver, como uno de sus inspiradores, Carlos Aguinaga, que contó con el aval de la mesa directiva del PD.

Y sobre la posibilidad de que se produzcan fisuras internas como las que afectan actualmente al radicalismo, la fuente consultada fue también terminante: "Hay una posición histórica de nuestro partido en contra de cualquier reforma constitucional a las apuradas tan contundente, que es muy difícil que alguien se anime alegremente a sacar los pies del plato".

El peor escenario. Cornejo y Cobos prometen "vendetta" al oficialismo. Y en éste tienen que evitar que las discrepancias dentro de la oposición terminen en un escándalo que involucre al Gobierno. El afán revanchista del cobos-cornejismo no es bueno como está planteado, pero al PJ también le cabe una responsabilidad en el escándalo: buena parte de lo que ocurre es por su empecinamiento reformista.

¿Alguien puede asegurar que en ese escenario es posible llevar a cabo una discusión seria sobre la Constitución mendocina? De ninguna manera.

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