La profesión médica es una disciplina cognitiva de nivel universitario con grandes atributos ético-morales, por lo que se halla en relación íntima con la verdad, a la que busca a través del conocimiento científico y con la responsabilidad, que se desarrolla por las conductas acorde a las virtudes esenciales (valores éticos y morales).
A la persona que desea acceder a la profesión médica se le pide una competencia intelectual, la que es función de una capacitación científica y técnica. Además, con gran impronta, se le exige una competencia ética por el ejercicio de la integridad.
La integridad surge de la reunión de las virtudes cardinales (prudencia, humildad, justicia, templanza, fortaleza, libertad, humanidad), de las virtudes morales (el obrar bien por el imperio de la voluntad, independientemente de la deontología), y de las teológicas (fe, esperanza y caridad).
Lo expresado toma dimensión al definir a la ética como un complejo de actitudes (connotativas de particularidades y/o valores) que predeterminan al comportamiento humano, el que está limitado a permanecer en la intersubjetividad, vinculando la conducta de un hombre en referencia a otros y siempre dentro de un contexto físico ambiental específico.
Las actitudes o particularidades se adquieren a través de la educación ancestral desde el nacimiento, en la familia, en la escuela, en la universidad y en un escenario cual es el ambiente donde se convive.
Lo requerido
El ejercicio de la profesión médica se estructura sobre la base del acto médico, el cual exige del contacto y el comportamiento inmediato e irrepetible entre el médico y el paciente (relación médico-paciente), inmerso en circunstancias étnicas, religiosas, culturales y políticas.
La relación médico-paciente es un vínculo ético por sí y constituye el fundamento de la profesión médica, creando obligaciones y responsabilidades a ambas partes. La conducta del médico debe ser única en lo personal, lo profesional y lo público. Un profesional médico debe ser, parecer y demostrarlo en forma global y está obligado a ser ejemplo, a no causar daño y a no provocar escándalos en su medio.
Lo actual
La medicina en su práctica cambia en forma constante y cada vez más acelerada, debido a los avances técnicos, científicos y a la fragmentación social.
Algunos de los cambios en los atributos médicos tradicionales son:
* La incondicional y natural preservación de la vida, la cual se ha visto alterada por la realidad de prolongar en forma artificial la vida (contra natura) de enfermos sin retorno. La responsabilidad de ello es de los tecno-médicos, que aplican sin criterio tecnologías sofisticadas de sobrevida.
* La responsabilidad, que siempre se veía acompañada y valorada por la confianza del paciente, en lo cotidiano está desvirtuada, pues es frecuente descalificar al profesional. La causa de tal daño se halla en la sociedad liberal y pobre en instrucción.
* La autonomía del médico en sus juicios y decisiones ha sido avasallada. El médico actual, a menudo, ve sus actos condicionados por demandas impuestas por medicinas prepagas.
Lo malo
La profesión médica se ha deshumanizado al no preservarse el respeto a la dignidad humana, en la que la intimidad y la privacidad es un derecho del paciente y un deber de ser resguardada por parte del médico. Se ha llegado a esto por el libertinaje de los medios.
A la profesión médica se la degrada cuando, en forma legal-reduccionista, al acto médico se lo equipara a un contrato de servicio asistencial, el que está regido por leyes y gobernado por cortes judiciales.
En otras ocasiones se desjerarquiza a la medicina al asumir que su actuar es sólo una labor de biología aplicada a un enfermo, con fríos vectores procedentes de las ciencias básicas (cientificismo).
Lo contemporáneo y torpe se halla en el materialismo utilitario que pretende comparar el ejercicio de la profesión médica con una ecuación financiera mercantil en la que los pacientes son consumidores y, los médicos, proveedores de servicios (productos).
Al deterioro de la profesión médica también contribuyen instituciones como universidades y hospitales con nivel académico o puramente asistencial. Tales instituciones de enseñanza médica poseen currículas con contenidos científico-técnicos actualizados y ricos, pero exhiben una gran pobreza en la enseñanza de las conductas ético-morales.
El desarrollo de las actitudes morales en el hombre, adquiridas durante su vida, deben ser preservadas por las instituciones que forman al médico, reforzarlas, mejorarlas, y adaptarlas a la profesión, siendo el procedimiento más adecuado y simple para ello, la incorporación por imitación de las actitudes sanas (ejemplos) que deben poseer y exigirse a todos los docentes verdaderos.
Las especialidades en la profesión médica son un instrumento en la evolución y avance de la medicina. Pero ellas llevan un vicio oculto que conduce a la atomización o al particularismo que, al transferirse al acto médico, transforman al paciente (sujeto indivisible) en un objeto con múltiples piezas posibles de ser reparadas por separado o cambiarlas. El médico atomizador olvida el espíritu del paciente y lo ve como mero objeto; Alexis Carreli (cirujano y biólogo francés 1873-1944. Nobel 1912) enfatizó: lo específico del hombre no es lo físico-químico sino lo espiritual.
Lo verdadero
A la pregunta de ¿Profesión? la respuesta suele ser ¡Médico! Ante tal afirmación el interrogado debería evaluar introspectivamente si cumple con los siguientes requisitos:
* Disciplina de estudio permanente, con altos niveles de conocimiento y práctica.
* Responsabilidad de servir (asistir) al enfermo, por encima de intereses personales y/o recompensas materiales.
* Compromiso de excelencia en todas las labores a realizar.
* Practicar la profesión con firmeza, integridad, respetando la dignidad del paciente, su familia y los pares.
* Tomar como modelo la conducta de tutores honorables.
* Considerar la profesión no sólo como un trabajo sino como el desarrollo de una vocación, valorando el privilegio de asistir a quienes lo necesitan.
* Establecer el vínculo con la sociedad, regulado por sí, a través de una relación médico-paciente honesta.
El examen periódico de los requerimientos anteriores y el ajuste necesario para alcanzarlos, impedirá el sesgo de las conductas y actitudes, cumpliéndose así la verdad de profesión: médico.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.