17 de noviembre de 2012 - 22:20

El "principito” que asume el poder en China

Con la designación la semana pasada de Xi Jinping como la nueva máxima autoridad de China, toman el poder del gran país los denominados “principitos”, una generación con identificaciones políticas, culturales e históricas que esta nota explica en detalle.

Cuando grupos maoístas estuvieron intentando mantener el control de China en los ’70, un poderoso general del sur llegó al auxilio de los grupos moderados, ayudando a arrestar a los sectores radicales y encarcelarlos. Las audaces acciones del general, Ye Jianying, abrieron el camino para el movimiento del país hacia una economía más orientada al mercado, creando una dinastía política que sigue haciendo reyes, capaz de influir sobre la política nacional y proteger su extenso imperio de negocios en el sur de China.

Durante el año pasado, según informa gente enterada del partido que está familiarizada con esta situación, los hijos de Ye -el general murió en 1986, a los 89 años- han contribuido a organizar reuniones para criticar el rumbo actual del país, influido sobre prominentes nombramientos militares y ayudado a impedir que un vocal reformista económico se una al Comité Permanente del Politburó, el pequeño grupo en la cúspide de la jerarquía del partido, debido a que ellos sintieron que él no demostraba atención a sus intereses.

El ascenso de los denominados principitos como la familia Ye llegó a su toque final la semana pasada, cuando Xi Jinping, hijo de un pionero del Partido Comunista, acaba de ser revelado como el máximo líder de China en la conclusión del 18 Congreso del Partido. Es probable que Xi sea acompañado cuando menos por otros dos principitos en el Comité Permanente, de siete integrantes.

Pese a la creciente polémica en torno a su prominente participación en gobierno y negocios -puesto de relieve por recientes casos de corrupción, incluido el que dio lugar a la caída de Bo Xilai, en otra época el poderoso principito cuya esposa fue hallada culpable de asesinato-, los principitos de China, cientos de ellos, están surgiendo como una clase aristocrática cuya voz tiene cada vez mayor importancia para gobernar al país.

Mientras pelean y tienen altercados entre ellos, muchos principitos ya han dejado su marca en el orden establecido, desempeñando importantes participaciones en negocios, particularmente empresas paraestatales. Otros están profundamente involucrados en finanzas o cabildeo, donde es importante tener conexiones personales.

Muchos de los más viejos -entre ellos los que ahora están por tomar el poder- comparten algo más: una educación durante algunos de los años más difíciles de China. Muchos eran niños durante el Gran Salto Adelante, cuando más de 30 millones de personas murieron durante la hambruna de 1958 a 1962, y adolescentes durante la Revolución Cultural de 1966 a 1976, periodo que muchos pasaron como parias o en el exilio luego de que sus padres fueran atacados por radicales maoístas.

“Esta es una generación volátil, la cual no tuvo una educación sistemática y con frecuencia vio el peor lado de la revolución comunista”, dice un importante periodista del partido que creció con algunos de los principitos de China y pidió mantenerse en el anonimato debido a la presión del aparato de seguridad chino. “Ellos han aprendido una cosa, y es que solo puedes contar con tu familia”.

Los principitos se distinguen de los gobernantes actuales de China, quienes en su mayoría le deben lealtad a instituciones en el Partido Comunista. El saliente secretario general del partido, Hu Jintao, ascendió a través de la Liga Juvenil Comunista, uno de los organismos clave del partido. De manera similar, el premier, Wen Jiabao, quien dejará el puesto el año entrante, es un hombre de organización con pocas fuentes de poder externo.

La legitimidad de Hu deriva de que fue nombrado por Deng Xiaoping, el último líder que jugó un papel central en la Revolución China y una figura dominante hasta su muerte, en 1997. Deng tuvo una serie de secretarios generales y premieres a quienes despidió antes de decidirse por Jiang Zemin, tras la insurrección de Tiananmén en 1989. Más tarde, le dio su bendición a Hu como el sucesor de Jiang.

“Sin Deng para resolver esas cuestiones, se da una competencia por los puestos principales”, destaca un comentarista independiente de China, quien habló con la condición de mantenerse en el anonimato debido a que está bajo observación policial durante el congreso. “Nosotros no tenemos elecciones, y no tenemos un sistema, así que ellos se deciden por la persona con más conexiones”.

Eso saltó a la vista hace cinco años, cuando Xi fue elegido para convertirse en el sucesor de Hu. Al principio, el contendiente a la cabeza había sido uno de los protegidos de Hu, Li Keqiang. Sin embargo, Xi ganó un puesto de mayor rango, con la ayuda de otro principito, Zeng Qinghong, en esa época el vicepresidente e hijo de un ministro de seguridad.

La carrera de Xi refleja su status. Su padre fue un prominente líder del partido durante medio siglo: comisario militar, gobernador, vicepremier y pionero de reformas económicas, antecedentes que contribuyeron a crear una red de apoyo para el nuevo liderazgo de Xi.

Xi padre dispuso un espacio para su hijo en una universidad durante la Revolución Cultural, cuando muy pocos eran autorizados a estudiar, asegurándole más tarde un puesto como el secretario personal de uno de los máximos líderes militares del país. Más adelante, cuando Xi estaba trabajando en el gobierno local y se ganó la enemistad de un líder provincial, su familia lo transfirió a una provincia dirigida por un amigo de su padre.

Por contraste, Li principalmente tuvo sus afiliaciones formales al partido y el respaldo de Hu, mas ninguna red de poder familiar con profundas raíces. Eso terminó siendo decisivo cuando tuvo que competir con Xi por el máximo puesto (Li reemplazará a Wen como el premier.)

“Los líderes producidos por el 18 Congreso del Partido son la primera generación que no fue nombrada” por una figura como Deng, notó Zheng Yongnian, politólogo en la Universidad Nacional de Singapur. “Es la primera generación forjada a través de competencia política”.

Los principitos difícilmente son un bloque uniforme. Muchos crecieron en los “grandes patios” de Pekín, los extensos complejos habitacionales de los ministerios y organizaciones del Partido Comunista que definieron la capital en las décadas de los 50, 60 y 70. Hijos de importantes líderes, estudiaron juntos, jugaron juntos y, durante la Revolución Cultural, pelearon en contra de cada cual en facciones de la Guardia Roja que semejaban pandillas de zonas urbanas en pobreza.

Muchas de esas tensiones se siguen derramando hoy día. El año pasado, la familia Ye ayudó en la organización de una reunión de principitos cuyos padres participaron en el arresto de la Pandilla de los Cuatro en 1976, el grupo de maoístas que había dominado la política en los últimos años de la vida de Mao Zedong y amenazado con mantener el control tras la muerte del dictador. Con la media hermana de Xi tomando notas, la familia Ye y otros principitos se reunieron para criticar el rumbo actual de China, diciendo que el Partido Comunista se había vuelto corrupto y distante del pueblo.

Sin embargo, la reunión se dividió entre cuán lejos se debería impulsar los cambios políticos. Personas allegadas a Hu Deping, el hijo de Hu Yaobang, el secretario general de tendencia reformista que fue depuesto por Deng en los ’80, han estado clamando por un relajamiento del predominio del partido sobre el gobierno y los negocios. Otros, incluidos los integrantes de la familia Ye, reflejan la creencia de su patriarca en el control del partido y recelan de los cambios que pudieran socavar sus lucrativos nexos comerciales.

Esos vínculos son extensos, particularmente en Guangdong, cerca de Hong Kong, donde encontraron un conflicto parcial con el secretario del partido en la provincia, Wang Yang, quien ha predicado en contra de la corrupción y el nepotismo.

Si bien Wang, hijo de jornalero, no investigó a la familia Ye ni desafió su status, gente entendida del partido dice que él no se molestó suficiente con los intereses de ésta por satisfacer a la familia. A partir del año pasado, algunos familiares empezaron a susurrar que Wang no era confiable políticamente, según afirman funcionarios del partido que hablaron con la condición de que su nombre no fuera publicado debido a la delicada naturaleza de la información. En parte como resultado de esta campaña, no se prevé que Wang esté en el Comité Permanente cuando sea dado a conocer este jueves.

Sin embargo, el organismo gobernante de China estará en verdad repleto de principitos.

Yu Zhengsheng, actualmente el secretario del partido en Shangai, tiene un reluciente historial familiar que incluye a parientes que sirvieron a los emperadores Qing y al gobierno del Kuomintang, así como prominentes líderes en la República Popular. Otro esperado miembro, Wang Qishan, está casado con la hija de un poderoso líder, Yao Yilin. Un tercer miembro probable del Comité Permanente, Zhang Dejiang, es el hijo de un general divisional del ejército, lo cual también lo califica para el status de principito.

Los amplios contactos de Xi en las fuerzas armadas y la burocracia podrían permitirle actuar más vigorosamente que Hu. Sin embargo, algunos analistas advierten que sus conexiones con otros principitos pudieran dificultar que se llevaran a cabo acciones audaces.

“Hay cierto número de principitos que se están beneficiando del sistema”, dice Zhang Lifan, historiador en Pekín e hijo de un ex ministro. “Así que hay varios de ellos que no quieren cambio alguno”.

Promotores de una reforma sistémica como Zhang miran con recelo el ascenso de los principitos. En tiempos imperiales, cuando los emperadores y sus parientes gobernaban el país, el nepotismo era prevalente. Cuando el Partido Comunista tomó el control, los idealistas abrigaron la esperanza de que el partido se protegería de eso. “Pero, por alguna razón, ahora ya volvimos al nepotismo”, destacó Zhang. “Y el país es gobernado por unas cuantas familias”.

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