Preocupa la acción de los predadores y las pérdidas que generan

Los productores aseguran que la creciente fauna nativa de pumas, zorros, jabalíes, guanacos y perros cimarrones diezma la hacienda. Mientras en el Gobierno culpan del problema a la sobrecarga de animales en los campos.

La acción predadora de la fauna nativa, y en algunos casos la competencia por el alimento, hace crecer la preocupación de los ganaderos de la zona precordillerana y del secano mendocino, que no encuentran la forma de compensar las pérdidas que indirectamente les ocasiona la aplicación de la legislación conservacionista vigente en la provincia.

El problema, que al parecer viene creciendo en los últimos años, fue expuesto en la edición anterior de Fincas cuando el criancero malargüino Sifredo Aguilera denunció la acción de predadores como pumas y zorros, y la imposibilidad de defender su majada ante la estricta veda de caza impuesta por la legislación vigente.

El planteo disparó una serie de consultas que permitieron verificar que el problema existe en gran parte de la geografía ganadera de cría en la provincia, que también preocupa el crecimiento de las poblaciones de guanacos (que compiten con la hacienda por el alimento) y que las autoridades no son ajenas al tema.

Pumas, perros y guanacos

Ramón González Feltrup tiene campo en el paraje Casa de Piedra, a 25 kilómetros al oeste de la zona urbana de Las Heras, con hacienda bovina y caprina. Asegura que también en el Norte provincial existe el problema y que “la incidencia es bastante alta, particularmente en mi caso, porque los campos vecinos han quedado con pocos animales y soy el que abastece de alimento a los pumas de la zona”, comenta.


González Feltrup revela que en esa zona la pérdida de ganado se agrava por las incursiones de jaurías de perros cimarrones, que si bien han rondado la zona en los últimos 10 ó 15 años, recientemente se han incrementado y matan 4 ó 5 cabras y se comen una o dos.
 Añade que "el otro problema que tenemos es la cantidad de guanacos, que han proliferado en forma exponencial porque está prohibida la caza de cualquier animal".

González Feltrup, que es director de la Sociedad Rural Argentina por el distrito Mendoza-San Juan, asegura que planteó como alternativa ante la gestión anterior del Ministerio de Ambiente la posibilidad de replicar, para el caso de la fauna autóctona, la política de subsidios que se aplica a la conservación de los bosques nativos. El criterio sería que “si los propietarios de los campos les damos comida, que existiera algún aporte -aunque fuera mínimo- del Estado para mantener la fauna autóctona. Pero no hubo respuesta positiva”.

Asegura que es real la competencia entre los camélidos y sus vacunos y caprinos por las pasturas de la precordillera lasherina, y apunta que el control por parte de sus predadores naturales se minimiza “porque a un puma le es más fácil matar una cabra o un ternero que un guanaco”, cuenta.

De todos modos, admite que es muy difícil medir las pérdidas, pero insiste en que “son muy importantes, porque uno ve que los terneros van naciendo, pero cuando los vamos a extraer vemos que hay menos de los que debería haber y permanentemente encontramos los restos de animales muertos”.

Antonio Ferrer tiene un campo con hacienda bovina en La Paz, al sur de la Ruta Nacional 7. Confirma que en su zona “algunos pumas andan y aunque no es tan grave, hacen daño porque se comen varios terneros. Si no tenemos más pérdidas es porque hay varios vecinos que tienen chivos y eso nos salva, porque les comen primero los chivos a ellos que los terneros a nosotros”.

Asegura que “para esa gente el problema es más grave. En los corrillos paceños hay quienes comentan al pasar que, si bien el problema mayor son los pumas, en campos más cercanos al pueblo es frecuente el daño que provocan los perros cimarrones”.

También jabalíes

En el Centro-Oeste de la provincia el problema no es menor. Más aún, se suman a la acción predadora sobre rodeos bovinos y los piños de cabras, especies de la fauna nativa.

Francisco Castillo, que es miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Rural del Valle de Uco, tiene producción ganadera en el oasis irrigado de San Carlos. En su caso personal “se ven zorros, muchos más que antes, hasta en los pueblos andan”. Pero productores asociados a la entidad, con campos ganaderos en la zona de montaña, denuncian “el daño que ocasionan los pumas y hasta los chanchos jabalíes, que cuando tienen hambre matan terneros y chivos”.

Castillo afirma que “la población de zorros ha aumentado una enormidad, igual que la de pumas, y ahora también han proliferado los jabalíes”. Lo atribuye a la prohibición de caza que impone la ley, “pero desde que tengo uso de razón, en el campo siempre se ha perseguido al puma, porque es un depredador fuerte. Entra a una majada y puede matar varias ovejas en una noche y entra a un piño de cabras y hace lo mismo. Hay pumas en todo el campo y en las sierras ahora hay más”.

Para el productor del Valle de Uco el daño que hacen estos animales es muy grande y la gente lo nota cuando recorre el campo y ve que el número de crías no coincide con el índice de preñez que había estimado. De todos modos, reconoce que no puede cuantificarlo.

Los ganaderos valletanos exponen también que el aumento de las recuas de guanacos está limitando fuertemente la disponibilidad de pasturas para el ganado. Castillo se pregunta. “¿Con cuántos ejemplares podemos considerar una reserva razonable, 5.000 o 10.000? ¡Pero hay 40.000 o 50.000 guanacos! Entonces, criamos guanacos -que no se aprovechan- y dejamos de criar vacas y cabras”.

Cuantificar el daño

Desde la Dirección Provincial de Ganadería, el director Juan Manuel Tejada admite que la acción de los predadores “es un problema que está afectando a la ganadería en toda la provincia, con distintos grados de intensidad”. Revela que “hemos tenido reuniones con productores de Tunuyán, Tupungato, San Carlos, Luján, Las Heras y San Rafael donde nos han planteado esta preocupación”.

“También -agrega- hemos tratado el tema con Medio Ambiente, con los municipios, con la Fundación Cullunche, y el planteo es que hay que determinar, primero, cuánta producción se pierde. Esto implica que debemos establecer cuántas agresiones hay y el nivel de afectación que sufren los rodeos bovinos, caprinos o equinos, y aquí surge que no hay un registro de denuncias. Creo que este es el primer paso que deberíamos dar. Mientras tanto, planteamos la opción del destete precoz como una alternativa para salvar las crías”.

Lo cierto es que los ganaderos se quejan por la acción predadora de la fauna nativa, mientras la legislación impide la caza. El control del cumplimiento de la norma vigente es jurisdicción de la Dirección de Recursos Naturales de la Provincia, y en ese ámbito también tienen su visión del problema.

Hugo Asencio, que tiene a su cargo el Departamento de Fauna Silvestre, señala que “la ganadería ha crecido tanto y se ha desarrollado en lugares donde antes no había, entonces las poblaciones de especies nativas empezaron a tener conflictos de conservación”. Advierte que no todas las pérdidas de ganado son atribuibles a la acción de los predadores, y que el conflicto se agrava porque los productores sobrecargan los campos y no hacen un manejo adecuado de sus rodeos y cuestiona la matriz productiva ganadera de la provincia, la que, según su criterio, no debería ser extensiva.

Perros pastores y alarmas

En cuanto a las acciones concretas llevadas adelante desde su área para afrontar el conflicto, Asencio explica que desde el año 2004 están trabajando con perros pastores en el departamento Malargüe, para cuidar los piños de cabras en el campo y ahuyentar a los predadores y, por otra parte, con un sistema de alarma sonora y lumínica que se activa mediante sensores, en este caso instalados en los corrales. Esto último tiene la desventaja de perder efectividad con el tiempo, porque el animal se acostumbra a la señal.

En cuanto al empleo de perros pastores, lo evalúa como positivo, pero “para que sea exitoso, el productor tiene que tener a ese animal -que está en el campo con el ganado- asistido con agua y alimento y muchas veces lo abandona, y si llega el momento de la parición y el productor no está ahí, quizás termina comiendo placenta y se acostumbra a la carne de chivo”.

Por otra parte, han estado trabajando junto con la Municipalidad de Luján en el valle de Potrerillos en el marco de un proyecto de caracterización y zonificación del conflicto entre carnívoros y ganadería a nivel provincial, para determinar a qué lugar se va a destinar de manera prioritaria el presupuesto de los organismos públicos.

Ese trabajo en Luján incluyó una encuesta que permitió relevar datos más allá de los relacionados con la fauna silvestre sobre tenencia de la tierra y manejo de los rodeos.

Sobre este último punto -y aunque subraya las dificultades para obtener información de los productores- Ascencio asegura que determinaron que los productores ejercen una sobrecarga en los campos, muy por encima de su receptividad.

“Pasa lo mismo en otros lugares, como en algunas zonas de Malargüe”, dice Asencio. Revela que un estudio realizado hace cuatro años en Sierras de Palauco, donde el conflicto que había no era con el puma sino con el guanaco, les permitió establecer que “la densidad de herbívoros domésticos era similar a la del Sur de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, que tiene una dinámica ambiental y ecológica totalmente distinta”.

Destete precoz para proteger a las crías

Desde la Dirección Provincial de Ganadería, el director Juan Manuel Tejada recomienda aplicar medidas de manejo para eludir la acción de los predadores. En ese sentido, señala que “el destete precoz, que es una práctica que promovemos aún en zonas donde este problema no se manifiesta o es menos relevante, permitiría proteger al menos a las crías”.

Apunta que en las zonas donde en mayor medida se manifiesta esta situación “son explotaciones a campo abierto, donde hay varias marcas, varios productores registrados, que juntan sus animales sólo para la vacunación”. Propone que en esos casos se haga un destete precoz en conjunto. “En primer lugar -explica Tejada-, la vaca quedaría liberada de la cría, se recuperaría más rápido y quedaría en condiciones de iniciar un nuevo ciclo reproductivo; y al mismo tiempo se protegería al ternero hasta el momento de la venta”.

Revela Tejada que “junto con la Municipalidad de Luján de Cuyo y productores de la zona de Potrerillos constituimos un fondo rotatorio para asegurar la provisión de alimentos, como primer paso. Les propusimos trabajar en el armado de corrales comunitarios para que puedan tener toda la ternerada junta y lejos del alcance de los predadores, y les sirva, inclusive, para facilitar la comercialización”.

LAS MAS LEIDAS