Los mosquitos y sus molestas picaduras son algo que sufrimos todos en esta época del años. Sin embargo, estos insectos tienen atracción a ciertas partes del cuerpo, como es el caso de los tobillos.
Los mosquitos y sus molestas picaduras son algo que sufrimos todos en esta época del años. Sin embargo, estos insectos tienen atracción a ciertas partes del cuerpo, como es el caso de los tobillos.
Los tobillos actúan como chimenea por la que suben las emanaciones volátiles de los pies. En la zona plantar se concentran 250.000 glándulas sudoríparas, una cantidad que supera a la de cualquier otra parte accesible de nuestro cuerpo. Otras zonas con gran concentración sudorípara son las palmas de las manos y la región frontal de la cara. Son otros dos de los campos de aterrizaje preferidos por los mosquitos.

Para estudiar su comportamiento y estimular el apetito de los mosquitos, un grupo de investigadores los mantuvo bajo iluminación artificial y, para imitar los estímulos que habrían encontrado al aire libre, utilizaron varias señales sensoriales: el calor de un disco de metal calentado, bocanadas de dióxido de carbono, y el atractivo aroma humano que emana de calcetines sin lavar .
Los mosquitos criados en laboratorio respondían a esos estímulos. Los que no lo hacían eran miembros de poblaciones a los que se había modificado genéticamente para que dejaran de expresar un termostato molecular, el IR21a, situado en las antenas. Al bloquear el termostato, los mosquitos ven mermada su capacidad de detectar calor y son más remisos a buscar sangre humana.