Un estudio revela que el consumo regular de queso podría desempeñar un papel protector frente a un problema de salud global
Una investigación en Japón sugiere que incluir queso en la alimentación semanal podría ayudar a prevenir la demencia y mejorar la salud cognitiva en mayores.
La investigación fue publicada en octubre de 2025 en la revista Nutrients y analizó datos de 7.914 personas mayores de 65 años que vivían en sus hogares en Japón. El trabajo fue realizado por especialistas del Centro Nacional de Geriatría y Gerontología junto con universidades locales.
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Los participantes fueron divididos en dos grupos: quienes consumían queso al menos una vez por semana y quienes nunca lo comían. Tras tres años de seguimiento, el 3,4 % del grupo consumidor desarrolló demencia, frente al 4,5 % del grupo que no lo consumía. Esto representa una reducción relativa del 24 % en el riesgo.
Aunque los investigadores aclaran que no se puede hablar de causalidad directa, consideran que el vínculo es lo suficientemente sólido como para profundizar en nuevas investigaciones sobre alimentación y salud cerebral.
Posibles explicaciones biológicas
El queso aporta vitamina K2, proteínas y compuestos bioactivos que podrían influir en la salud vascular y neuronal. Dado que los problemas circulatorios están vinculados a ciertos tipos de demencia, este efecto indirecto resulta relevante.
También se analiza el impacto sobre la microbiota intestinal. Algunos quesos fermentados contienen probióticos que podrían influir en el eje intestino-cerebro.
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¿Es el queso o la dieta completa?
Los investigadores observaron que quienes consumían queso también mantenían hábitos alimentarios más equilibrados. Tras ajustar los datos, la reducción del riesgo bajó levemente al 21 %, pero siguió siendo significativa.
El hallazgo no convierte al queso en una solución milagrosa, pero sí abre una puerta interesante en la prevención de la demencia a través de hábitos simples en la alimentación cotidiana.