25 de febrero de 2026 - 10:06

No es Argentina: este es el país donde ser jubilado es cada vez más difícil

Los nuevos registros del Instituto Nacional de Seguridad Social muestran que casi la mitad de los nuevos pasivos ingresan al sistema por motivos de salud y no por trayectoria laboral.

El sistema previsional de Bulgaria atraviesa una transformación estructural que pone en duda los modelos tradicionales de retiro. Por primera vez, el número de personas que acceden a una pensión por discapacidad en este país alcanzó a quienes lo hacen por cumplir la edad y los años de servicio, revelando una dificultad creciente para completar las exigencias legales.

Durante el año 2025, el país registró 50.387 nuevos beneficiarios por invalidez frente a los 50.572 que lograron retirarse bajo el régimen general de edad y aportes. Esta paridad estadística refleja un cambio profundo en la fuerza laboral y en el acceso a la seguridad social, donde la enfermedad se ha convertido en la vía de salida ante la imposibilidad de sostener carreras laborales extensas.

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El fenómeno de la jubilación anticipada y los aportes incompletos

Este desplazamiento hacia las pensiones por enfermedad ocurre porque el mercado de trabajo y las exigencias del Código de Seguridad Social están en tensión. Muchos trabajadores llegan a la edad de retiro, fijada en 67 años para quienes no tienen la experiencia completa, sin haber logrado acumular los años necesarios de aportes. Al no poder cumplir con el procedimiento general, el sistema absorbe a estos ciudadanos a través de regímenes de excepción o pensiones por invalidez, lo que termina degradando el monto promedio que recibe el beneficiario final.

Actualmente, más de 240.000 jubilados en Bulgaria no cumplieron con los requisitos estándar y debieron acogerse a modalidades alternativas para acceder a un ingreso. De hecho, unas 13.000 personas cumplieron la edad de 67 pero carecían de la experiencia mínima requerida, mientras que casi 9.000 optaron por jubilarse hasta un año antes de lo previsto, asumiendo las reducciones correspondientes por el retiro anticipado.

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La cifra total de pensionistas roza los dos millones de personas, y la estadística es contundente: uno de cada tres recibe una pensión por discapacidad por enfermedad. En apenas doce meses, este grupo específico creció en casi 20.000 personas, marcando una tendencia que parece acelerarse trimestre a trimestre. Mientras tanto, el número de ciudadanos que logran cumplir los requisitos para jubilarse según el procedimiento general sigue disminuyendo gradualmente cada año.

Brecha de género y disparidades regionales en los cobros

La economía real de estos beneficiarios muestra una disparidad marcada según el origen del beneficio. La pensión media nacional se sitúa en 977 levas, pero hay una diferencia sustancial entre los tipos de haberes: quienes se retiran por antigüedad cobran en promedio 1.041 levas, mientras que los que lo hacen por invalidez reciben apenas 710 levas. Esta brecha profundiza la vulnerabilidad de quienes salen del mercado laboral por problemas de salud.

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Esta desigualdad también tiene un sesgo de género persistente que se mantiene año tras año. Las mujeres búlgaras perciben una media de 903 levas, frente a las 1.084 levas que reciben los hombres en promedio. La precariedad es otro factor dominante, ya que casi el 40 por ciento de los jubilados percibe el haber mínimo del país, fijado en 630,50 levas. En el otro extremo, apenas el 0,4 por ciento de la población mayor alcanza el techo jubilatorio de 3.400 levas.

En once regiones del país el promedio no llega a las 900 levas, con puntos críticos en distritos como Razgrad, donde el haber medio es de apenas 805 levas. Estas cifras evidencian una fractura económica interna que el sistema de seguridad social todavía no logra compensar, dejando a gran parte de la población pasiva en niveles cercanos a la subsistencia mínima.

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