Bob Walls tiene 103 años y buena parte de su rutina diaria sigue transcurriendo exactamente en el mismo lugar: un campo de golf de Omaha, Nebraska. Llega, recorre el predio en un carrito, arregla marcas en los greens, rellena pozos, recoge basura y, cuando tiene ganas, saca sus propios palos y juega algunos hoyos.
Lo llamativo es que el golf ni siquiera fue una actividad de toda su vida. Walls comenzó a practicarlo después de jubilarse a los 74 años, cuando amigos lo convencieron de aprender.
Steve Hogan, primer profesional afroamericano de la PGA en Nebraska, fue quien le enseñó y terminó convirtiéndose también en uno de sus grandes amigos.
A los 103 trabaja como voluntario los siete días
El campo donde aprendió posteriormente recibió el nombre de Steve Hogan Golf Course, en homenaje a su antiguo instructor.
Walls decidió devolver todo lo que había recibido allí. Actualmente aparece los siete días de la semana y dedica entre cinco y seis horas a distintas tareas de mantenimiento.
Recorre el predio en un carrito abierto con un balde de mezcla de arena y semillas, rellena divots, repara marcas de pelota, recoge residuos y hasta recupera pelotas que terminaron dentro de la laguna.
“No siento que tenga 103”, resumió cuando le preguntaron cómo mantiene semejante actividad.
Sigue compitiendo y puede pegar la pelota a más de 160 metros
Su presencia en el campo no es solamente simbólica. Walls continúa jugando regularmente y puede enviar la pelota aproximadamente 180 yardas, unos 165 metros, con golpes controlados.
En el campo de par 3 suele completar rondas en poco más de 30 golpes y todavía consigue ganarle a jugadores mucho más jóvenes.
En una de las rondas recientes hizo 31 golpes y superó al propio responsable profesional del campo.
Durante el otoño y el invierno viaja a Phoenix, donde también va todos los días a un campo o a un área de práctica.
Cobra USD 50 por enseñar a jugar
Además de seguir perfeccionando su técnica, Walls enseña. Construyó incluso algunos dispositivos de entrenamiento para ayudar a principiantes a comprender el arco correcto del swing.
Trabajó con chicos de programas juveniles y todavía ofrece clases particulares a adultos por USD 50 la hora.
El campo organiza además el Bob Walls Invitational, un torneo que recauda dinero para comprar palos, pelotas y equipamiento destinado a chicos del barrio.
Empezó cuando muchas personas ya habían dejado de trabajar
Su historia también rompe con una idea bastante común sobre la edad.
Walls no fue un golfista profesional que simplemente logró mantener una habilidad aprendida en la juventud. Descubrió el deporte a los 74 años, cuando acababa de retirarse de su empresa de limpieza.
Había servido previamente en la Segunda Guerra Mundial y se había mudado a Omaha en 1947.
Sobre su longevidad, atribuye parte a la genética (sus padres llegaron casi a los 100 años) y parte a mantenerse activo. No existe, por supuesto, evidencia que permita afirmar que jugar golf explique por sí solo haber llegado a los 103.