Si te gusta la combinación de sabores entre lo ácido de las manzanas y el dulzor del caramelo, esta tarta de manzana y caramelo es para vos.
Si te gusta la combinación de sabores entre lo ácido de las manzanas y el dulzor del caramelo, esta tarta de manzana y caramelo es para vos.
Además de ser extremadamente sencilla de preparar, su textura crocante y su sabor irresistible la convierten en una opción ideal para acompañar el té de la tarde o como postre en cualquier ocasión.

Paso 1: Preparar el horno y la base de la tarta
Antes de comenzar, es fundamental que precalientes el horno a 190°C (375°F) para asegurarte de que esté listo cuando la tarta esté armada. Luego, tomá una masa para tarta refrigerada y forrá el molde de 9 pulgadas con fondo removible. Si la masa sobresale por los bordes, recortá el exceso.
Paso 2: Armar el relleno
Ahora es el turno de las manzanas. Pelá y cortá en rodajas finas unas 5 manzanas verdes ácidas, que son ideales por su toque refrescante y ácido. Distribuí las rodajas de manzana de manera pareja sobre la masa en el molde. A continuación, espolvoreá los trocitos de caramelo de azúcar y manteca sobre las manzanas, asegurándote de que queden bien repartidos para obtener ese contraste dulce perfecto.
Paso 3: Preparar el crumble
En un bowl mediano, mezclá la harina, el azúcar morena y la canela. Incorporá la manteca fría, utilizando un cuchillo de repostería o dos cuchillos comunes, hasta que la mezcla se asemeje a migajas gruesas. Este crumble será el toque crocante que llevará la tarta a otro nivel.
Paso 4: Hornear
Espolvoreá el crumble sobre las manzanas y el caramelo, cubriendo bien toda la superficie de la tarta. Llevá el molde al horno precalentado y horneá durante 40 a 45 minutos. Sabés que está lista cuando al pinchar las manzanas con un cuchillo afilado, estas estén tiernas. El aroma que va a inundar tu cocina te va a confirmar que está en su punto justo.

Paso 5: Servir y disfrutar
Una vez que la tarta esté lista, retirá el molde con mucho cuidado. Si querés darle un toque especial, serví la tarta tibia con una generosa porción de helado de vainilla. El contraste entre lo cálido de la tarta y el frío del helado es una explosión de sabores que no podés dejar pasar.