El budín de vainilla y chocolate es de esas recetas que funcionan como un comodín infalible, además es sin gluten, por lo que se vuelve todavía más valiosa. Es que comer sin TACC no significa resignar sabor ni ese aroma que invade la cocina cuando el horno está trabajando.
Esta preparación sirve para la merienda, para acompañar un café, para llevar a una reunión o simplemente para tener algo rico a mano durante la semana. Este budín tiene todo lo que se le pide a un clásico: una miga suave, húmeda y aireada, un sabor delicado a vainilla y esos pedacitos de chocolate que aparecen en cada bocado.
No es seco ni pesado, y se mantiene tierno incluso al día siguiente. La clave está en una mezcla simple, bien equilibrada, que no necesita batido intenso ni técnicas complicadas. De hecho, se prepara a mano, con cuchara o espátula, ideal incluso para quienes recién se animan a la pastelería sin gluten.
El chocolate puede adaptarse al gusto de cada uno: en chips, en trozos más grandes o incluso mezclando diferentes porcentajes de cacao. Y si la mezcla se nota muy espesa, un chorrito de agua o leche alcanza para lograr la textura justa. Es una receta flexible, noble y sin vueltas, de esas que salen bien a la primera.