26 de julio de 2026 - 12:21

Según la psicología, las personas nacidas en los 60 y 70 que se disculpan por todo suelen esconder una herida emocional

Pedir perdón en exceso no es cortesía, sino una estrategia de supervivencia emocional para evitar el conflicto y anticiparse a la crítica aprendida en la niñez.

La tendencia de ciertos adultos a disculparse de manera compulsiva por acciones cotidianas ha dejado de considerarse un rasgo de cortesía superior. Diversos estudios en psicología confirman que este comportamiento suele esconder una respuesta de apaciguamiento ante el estrés, originada en entornos familiares donde el niño fue obligado a justificar sistemáticamente cada decisión.

Las disculpas automáticas funcionan como un mecanismo inconsciente de seguridad emocional. Quienes las utilizan asumen que ocupar un espacio físico o expresar una idea requiere un permiso previo. Esta conducta no nace de un deseo de ser amable, sino de una necesidad de minimizar cualquier posibilidad de rechazo o confrontación mediante la sumisión anticipada.

¿Por qué pedir perdón se convierte en una estrategia de supervivencia infantil?

En hogares con dinámicas de control estricto, donde el afecto de los padres depende directamente del comportamiento, pedir perdón se convierte en una herramienta de supervivencia emocional. Con el paso de los años, este patrón se consolida. El adulto utiliza la disculpa para reducir su propia ansiedad y restaurar una armonía inmediata, aunque sea a costa de su propia autoestima y bienestar.

La psicóloga Olga Merino señala que el lenguaje es un reflejo del pensamiento expreso. Una persona con un concepto distorsionado de sí misma tiende a interpretar que sus actos son intrínsecamente dañinos o inadecuados para el resto. Este sentimiento de culpa irracional genera un círculo vicioso: a mayor número de disculpas, mayor es la inseguridad y la hipersensibilidad al juicio ajeno, interpretando señales neutras como rechazo.

¿En qué situaciones la psicología recomienda evitar el perdón?

Existen tres escenarios específicos donde la psicología sugiere suprimir el perdón para fortalecer la identidad:

  • Al pedir ayuda: hacerlo no implica una falta, sino el reconocimiento de una necesidad humana normal.
  • Cuando se tiene la razón: disculparse en ese punto debilita el propio criterio y transmite una imagen de fragilidad ante el interlocutor.
  • Al expresar una opinión respetuosa: es un derecho que no requiere permiso.

Minimizar la propia voz mediante disculpas innecesarias afecta el diálogo interno y fomenta relaciones interpersonales desequilibradas. Diferenciar la culpa real de la culpa aprendida es el paso necesario para establecer límites saludables y recuperar la autonomía emocional en el ámbito personal y profesional.

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