Durante décadas, vivir sin un teléfono celular era lo habitual. Buscar información implicaba acudir a una biblioteca, comunicarse requería una llamada desde un teléfono fijo y los momentos de espera transcurrían sin una pantalla para distraerse. Con la llegada de los smartphones, expertos aseguran muchos de esos hábitos cambiaron.
Aunque la tecnología ofrece beneficios indiscutibles, diversos estudios en psicología y ciencias del comportamiento indican que crecer sin acceso constante a un dispositivo también favoreció el desarrollo de ciertas capacidades relacionadas con la atención, la paciencia y las habilidades sociales.
1. Tolerar el aburrimiento sin necesidad de una pantalla
Esperar en una sala, hacer una fila o viajar durante varios minutos sin entretenimiento digital era una experiencia cotidiana para quienes crecieron antes de la era de los teléfonos inteligentes.
Lejos de ser una pérdida de tiempo, el aburrimiento puede tener beneficios. Una investigación de la psicóloga Sandi Mann encontró que los momentos de inactividad favorecen el pensamiento creativo, ya que permiten que la mente divague y genere nuevas ideas.
2. Desarrollar más paciencia y capacidad para esperar
Antes de internet y el streaming, conseguir una canción, una película o determinada información podía requerir horas, días o incluso semanas.
Esa espera ayudaba a fortalecer la gratificación diferida, es decir, la capacidad de posponer una recompensa inmediata para obtener un beneficio posterior.
Hoy, con respuestas instantáneas y entregas rápidas, las oportunidades para ejercitar esa paciencia son mucho menores, aunque continúa siendo una habilidad valiosa para la vida cotidiana.
3. Mantener la concentración durante más tiempo
Trabajar durante una hora seguida en una misma tarea era algo habitual antes de que las notificaciones interrumpieran constantemente la atención.
La investigadora Gloria Mark, de la Universidad de California en Irvine, documentó que el tiempo promedio que las personas permanecen enfocadas en una pantalla antes de cambiar de actividad disminuyó considerablemente en las últimas dos décadas. Sus investigaciones también muestran que recuperar completamente la concentración tras una interrupción puede llevar más de 20 minutos.
4. Afrontar las emociones sin recurrir inmediatamente al teléfono
Sentir ansiedad, tristeza o frustración sin una pantalla disponible obligaba a convivir con esas emociones hasta que disminuyeran de forma natural.
En psicología, evitar sistemáticamente las emociones incómodas mediante distracciones constantes se conoce como evitación experiencial. Diversos estudios sugieren que depender excesivamente de este mecanismo puede dificultar el procesamiento emocional a largo plazo.
5. Prestar atención plena durante una conversación
Las conversaciones cara a cara eran el centro de la interacción social antes de que los teléfonos ocuparan un lugar permanente sobre la mesa.
Un estudio realizado por Andrew Przybylski y Netta Weinstein encontró que la simple presencia visible de un teléfono durante una conversación podía afectar la percepción de cercanía entre los participantes, aunque investigaciones posteriores obtuvieron resultados mixtos.
6. Interpretar mejor las emociones de los demás
El contacto cara a cara durante la infancia ofrecía miles de oportunidades para aprender a reconocer expresiones faciales, tonos de voz y lenguaje corporal.
Una investigación liderada por Yalda Uhls, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), observó que un grupo de estudiantes mejoró significativamente su capacidad para identificar emociones después de pasar cinco días en un campamento sin pantallas.