La madrugada de radio y un encuentro casual que encendió la mecha
Todo comenzó el 1 de febrero de 2007. Alejandro, por entonces de 47 años, venía de una separación y, como tantas noches, escuchaba un programa de radio de trasnoche emitido desde Buenos Aires. En un momento, el conductor invitó a los oyentes a dejar sus teléfonos para que pudieran conocer a otros oyentes.
Ale dejó el suyo, y lo mismo hizo una joven mendocina. Así comenzó el intercambio y ella se presentó como Luciana Brenda Müller. O "Luli", como prefería que la llamaran.
Se enamoró por radio y cruzó el país para conocerla: el hombre que vino a Mendoza por la mujer de su vida, a quien nunca conoció. Foto: Imagen ilustrativa web.
Primero fueron algunos mensajes. Después, llamadas telefónicas. Más tarde, conversaciones que se extendían durante horas, casi todas las noches. Hablar antes de dormir se volvió parte de la rutina de ambos.
La distancia entre Comodoro Rivadavia y Mendoza nunca pareció un obstáculo, al menos para Alejandro.
Con el paso de los meses, aquella relación fue creciendo hasta convertirse en una auténtica historia de amor. O, al menos, eso creyó Alejandro; y también eso le hizo creer Luli.
Ocho años viviendo en una realidad paralela
Varias horas y noches de charla llevaron el vínculo a dar otro paso al frente. Entonces Ale y Luli comenzaron a intercambiar fotografías.
Recorrió el país por amor para encontrarse con una persona que no existía: "nunca sabré con quién hablaba"
Imagen ilustrativa
Alejandro enviaba fotos propias. Ella le hacía creer a él que también lo hacía. Recién muchos años después el transportista descubriría que aquellas fotos no eran de la mujer con quien hablaba, sino de la actriz Emilia Attias.
Ello fue ya con el diario del lunes, como suele decirse. Pero en aquel momento no había motivos para sospechar.
Ella le contó que era periodista, que vivía en Mendoza, que su mamá estaba gravemente enferma del corazón y que debía dedicarle gran parte de su tiempo. Ello explicaba -según palabras de la propia Luli-, por qué siempre aparecía un motivo para postergar el encuentro cara a cara entre la (¿feliz?) pareja.
Primero fue esa enfermedad de la mamá de Luciana, luego un supuesto trasplante de corazón. También había justificaciones ensayadas en base a problemas laborales. Como sea, siempre había una razón para seguir esperando. Y así seguía Alejandro.
Aeropuerto El Plumerillo (Mendoza)
Daniel Caballero / Los Andes
"Eso es lo que aún hoy no entiendo. ¿Cómo me dejé llevar tanto sin conocer a una persona? Siempre había excusas para no encontrarnos, y el tiempo iba pasando", reflexiona en diálogo con Los Andes, a 10 años del último viaje a Mendoza, casi a ciegas y para ver si el destino cruzaba sus caminos. También a una década del aviso clasificado en el diario.
Mientras tanto, Alejandro inició los trámites de divorcio y ambos habían comenzado a proyectar una vida juntos. ¡Si hasta había planes de boda!
Regalos, promesas y un proyecto de vida compartido que no fue
La relación parecía ser tan intensa que ya no se limitaba sólo a llamadas telefónicas. Alejandro empezó a enviarle regalos a Mendoza. Perfumes, flores, bombones, y todos esos obsequios llegaban -por medio de distintos cadetes- a una vivienda del barrio privado Dalvian.
Alguien los recibía, aunque casi con seguridad no se llamaba Luciana ni tampoco se parecía a Emilia Attias. Por eso, todavía hoy Alejandro está convencido de que detrás de toda aquella historia había una persona real.
"Sé que hay alguien que existe y que vive en ese barrio. Estoy seguro de que vive ahí. ¿Cómo se llama? Nunca lo pude saber, ni podré", se sincera Ale.
Y agrega un dato que, diez años después, sigue resultándole imposible de explicar.
"Yo mandé perfumes y un ramo de rosas. Los entregaron en mano. La voz existía, el lugar existía. El engaño estaba en la foto, en quién era y en lo que hacía", insiste.
Destino final: el viaje que terminó con la ilusión
El castillo de cartas que Ale había construido en su cabeza y que incluía una nueva vida con el amor de esa nueva vida se desmoronó a fines diciembre de 2015.
Después de algunos desencuentros telefónicos y una discusión, Luli dejó de responder de un momento para el otro. No contestó más llamados, no respondió más mensajes de WhatsApp. Simplemente desapareció (o lo "ghosteó", cómo se dice ahora).
Alejandro intentó averiguar qué había ocurrido de una y mil maneras. Volvió a enviar flores a la dirección que ella había dado, y fue entonces que apareció la primera gran señal, que se convirtió en un signo de interrogación.
Cuando el mensajero llegó al barrio privado con las flores, desde la guardia le informaron que no existía ninguna mujer con ese nombre viviendo allí.
Con muchas dudas, pocas certezas, ninguna respuesta y un interrogante que lo desvelaba, Alejandro decidió regresar a Mendoza.
Aerolíneas Argentinas anunció el lanzamiento de nuevos vuelos que conectaran a las ciudades de Córdoba, Rosario y Tucumán con Miami.
El 4 de enero de 2016 tomó un avión rumbo a Mendoza, convencido de que, si la buscaba personal e incansablemente, iba a encontrarla. Traía hasta un anillo de compromiso.
Durante casi una semana recorrió todos los rincones del centro mendocino, se sentó en la Peatonal y en los bancos de las plazas. Caminó kilómetros, y volvió a caminarlos. Se sentó durante horas cerca del Kilómetro Cero, esperando reconocerla de acuerdo a la foto que ella había enviado (todavía no caía en la cuenta de que la foto era de otra persona).
Recorrió distintas clínicas y hospitales buscando aquella donde, supuestamente, estaba internada la madre de la mujer. Pero nunca más volvió a saber de su enamorada.
Los avisos en el diario que conmovieron a Mendoza
Antes de regresar a Comodoro Rivadavia, Alejandro pasó por la sede de diario Los Andes. Pagó por la publicación de un aviso clasificado dirigidos exclusivamente a ella y que saldría en tres ediciones distintas.
"Luciana Brenda. Estuve siete días buscándote en Mendoza. Ojalá veas este mensaje porque me fui con la ilusión de poder casarme y llevarte a Comodoro", se leía en el primer mensaje.
Después llegarían otros, incluido uno publicado para San Valentín en 2017, poco más de un año después del viaje desesperado.
Diario Los Andes Frente edificio de Diario Los Andes
"Luli: la distancia y el tiempo no harán que me olvide de cuánto te amo. Moriré amándote con todo mi corazón", escribió Ale (quien firmó el mensaje con su nombre verdadero), y agregó "Comodoro Rivadavia" al pie del mensaje.
Ninguno de esos mensajes obtuvo respuesta alguna, y Alejandro jamás volvió a saber de ella.
"Fue tan bien hecha la mentira que nunca la pude acomodar"
El tiempo cura todo, y Alejandro ya salió de ese pozo en el que estuvo tanto tiempo. Pero ello no evita que, por momentos, inicie una reconstrucción mental de toda esta historia. Y cada vez descubre nuevas y pequeñas grietas.
"Hubo dos o tres oportunidades en las que podría haber descubierto todo y no me di cuenta", reconoce.
Recorrió el país por amor para encontrarse con una persona que no existía: "nunca sabré con quién hablaba"
Imagen ilustrativa
"Fue tan bien hecha la mentira que no la pude acomodar. Yo siempre fui muy hábil para darme cuenta de las cosas. Pero esto me atrapó completamente", se sincera.
Lo que más lo desconcierta es que jamás hubo un interés económico. Nunca le pidieron dinero, nunca intentaron convencerlo de poner bienes a nombre de otra persona. Ni siquiera hubo pedidos de préstamos ni transferencias.
"Eso es lo que más me parte la cabeza. Nunca me pidieron un peso. Fue solamente vivir un sentimiento, como si fuera una pareja normal", piensa en voz alta.
Si 10 años después no estamos igual, qué le vas a hacer
Actualmente Alejandro tiene 66 años. Ya está jubilado y se fue de Comodoro Rivadavia para instalarse en las sierras de Córdoba. Allí construyó una casa y tenía en mente a desarrollar un pequeño complejo de cabañas.
Pero hace unos meses sufrió un infarto.
"El infarto me hizo ver un antes y un después. Ahora disfruto de mi casa, de mis tiempos y de todas esas cosas que antes no podía tener", se sincera Ale, quien sigue viviendo solo.
En cuanto a aquel engaño, reconoce que ya no condiciona su presente. Aunque hay una pregunta que sigue sin encontrar respuesta.
"Lo que nunca entendí es por qué alguien hace algo así. Lastimás a otra persona... Y al pedo. Porque nunca hubo un beneficio económico. No sé qué ganaron con eso", cierra.