6 de junio de 2026 - 08:25

Según la psicología, las personas criadas en los 80 y 90 desarrollaron una peligrosa idea sobre la felicidad

El profesor Tal Ben-Shahar revela cómo la exposición constante a cierres perfectos en el cine generó una falsa expectativa sobre el éxito y el bienestar personal.

La psicología advierten que las personas que crecieron durante las décadas de 1980 y 1990 desarrollaron un sesgo psicológico denominado "error de llegada". Este fenómeno, impulsado por los finales felices del cine, genera la creencia de que alcanzar metas externas garantiza una satisfacción permanente, provocando un ciclo de frustración constante en la adultez.

El concepto fue acuñado por el doctor Tal Ben-Shahar, experto en psicología positiva de Harvard. Según su investigación, el cine de finales del siglo XX acostumbró a millones de niños y adolescentes a la idea del "Y vivieron felices para siempre". Esta narrativa instaló la expectativa de que, tras superar un gran obstáculo, se alcanza un estado de plenitud estático.

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¿Qué es la trampa de la satisfacción permanente?

En la realidad, el cerebro opera bajo un mecanismo llamado adaptación hedonista. Esto significa que, una vez que logramos un objetivo importante como un ascenso o encontrar pareja, la alegría dura poco tiempo. El sistema nervioso asimila rápidamente el logro como la "nueva normalidad", empujándonos a buscar la siguiente meta para recuperar esa sensación de euforia efímera.

Este proceso crea el llamado "ciclo de la insatisfacción". Muchas personas utilizan estructuras de pensamiento basadas en el condicionamiento: "si consigo más dinero, entonces seré feliz" o "si encuentro al amor de mi vida, entonces mi vida estará completa". Al cumplirse la meta y notar que el vacío emocional persiste, aparece el desencanto profundo.

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Por qué los finales felices del cine funcionaron como un veneno cultural

Ben-Shahar describe estas producciones cinematográficas como una especie de veneno cultural. Al presentar finales cerrados y perfectos, las películas de los 80 y 90 omitieron el proceso real de mantenimiento que requiere cualquier éxito. Esta omisión fomentó expectativas irreales sobre la estabilidad emocional, especialmente en las generaciones que consumieron estos contenidos de manera masiva.

Aunque ver estas películas puede funcionar como una forma saludable de escapismo, los expertos sugieren una relectura crítica de lo que consumimos. No se trata de dejar de disfrutar los clásicos de la época, sino de entender que el bienestar no es un destino al que se llega, sino un proceso fluido que ocurre principalmente en el presente.

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Cómo romper el patrón del "error de llegada"

La recomendación para quienes sufren este "error de llegada" es dejar de ver el éxito como un indicador de felicidad. La clave reside en valorar el camino hacia el hito y no el hito en sí mismo. Solo así se puede romper el patrón de zozobra que genera esperar una resolución mágica a los problemas cotidianos de la vida.

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