Preparar una carne tierna y jugosa en el horno parece una tarea complicada. Pero elegir el corte adecuado marca una gran diferencia en el resultado final y además reduce considerablemente el tiempo de cocción. Según los carniceros, existe el corte más tierno para este tipo de preparación, muy por encima de opciones tradicionales como las costillas o la paleta.
Al provenir del lomo, una zona de la vaca que prácticamente no trabaja durante la vida del animal, el bife de lomo (o filet mignon) tiene muy poco tejido conectivo. Este corte es conocido por una sola cosa por encima de todo: la ternura. Cortado del lomo, este bife tiene muy poco tejido conectivo, lo que le da una textura extremadamente suave. Esa característica permite que la carne se ablande incluso sin necesidad de varias horas de cocción, algo que no ocurre con otros cortes populares.
El bife depende casi por completo de la técnica de cocción para no perder humedad.
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Por qué las costillas y la paleta necesitan mucho más tiempo
Aunque son sabrosas, las costillas y los cortes de paleta contienen bastante más fibra, grasa y colágeno. Por eso necesitan una cocción lenta para que esas estructuras se descompongan y la carne quede tierna: es el mismo principio que hace que un asado de tira necesite horas de horno a temperatura baja para lograr esa textura que se deshace con el tenedor.
Los músculos involucrados en el movimiento, como el hombro o la pata, desarrollan dureza con el tiempo, mientras que los cortes con menos colágeno y tejido conectivo son naturalmente más tiernos y no necesitan cocción lenta. El filet mignon, al no haber trabajado nunca de manera intensa, no acumula ese tejido duro que otros cortes sí desarrollan.
Es importante cocinarlo con cuidado sobre calor alto y evitar la sobrecocción.
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Cómo hornear el bife de lomo paso a paso
Lo ideal es hornear la pieza entera y evitar cortarla demasiado fina. Antes de meterla al horno, conviene sellarla por todos lados en una sartén muy caliente con un chorrito de aceite de oliva o aceite vegetal.
El sellado es el paso más importante para lograr un bife perfecto: aporta sabor a este corte tierno, sellando los jugos y creando una costra caramelizada que contrasta bellamente con la ternura del interior.
- Conviene calentar una sartén pesada, preferentemente de hierro fundido, a fuego medio-alto hasta que esté caliente pero sin llegar a humear, y sellar cada lado entre dos y tres minutos hasta lograr un dorado profundo, sin olvidarse de sellar también los bordes laterales.
- Una vez sellada, se puede condimentar con ajo, sal, pimienta negra, manteca y hierbas como romero y tomillo.
- Después se hornea en un horno precalentado a 200°C hasta alcanzar el punto de cocción deseado.
- Para un punto jugoso perfecto, el centro debe alcanzar entre 54 y 57°C, manteniendo un centro cálido y rosado con una mordida tierna, mientras el exterior sellado aporta esa costra sabrosa.
- El tiempo exacto varía según el tamaño de la pieza, pero conviene usar un termómetro de cocina para verificar la temperatura interna con precisión, en lugar de calcular solo por tiempo.
El paso final que no hay que saltear: el reposo
- Después de sacar la carne del horno, hay que dejarla reposar unos diez minutos antes de cortarla. Esto permite que los jugos se redistribuyan, en lugar de escaparse todos al primer corte, lo que garantiza un filet mignon más jugoso, tierno y sabroso.
- El reposo es un paso crucial para lograr el bife perfecto, así que hay que resistir la tentación de cortarlo apenas sale del horno. Durante ese tiempo de espera se puede preparar, incluso, una salsa de manteca con ajo para acompañar, mezclando manteca blanda con ajo picado, hierbas frescas y una pizca de sal y pimienta.
Cuando se busca un asado que quede tierno sin necesitar horas de cocción, el bife de lomo es la elección que recomiendan los carniceros por encima de cortes tradicionalmente más populares como la costilla o la paleta.