El entrenamiento no solo apunta a lo estético, también resulta decisivo para conservar la salud con el paso de los años. Una rutina de ejercicios favorece la circulación, la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio. Además, previene caídas, enfermedades crónicas y deterioro funcional. Mejora el ánimo, la autoestima y la calidad del sueño.
Aunque alguien nunca haya entrenado, no importa la edad, siempre se puede comenzar. Cada cuerpo responde a su propio ritmo, pero la constancia y las adaptaciones permiten notar beneficios en poco tiempo.
El método Takimika
Un ejemplo de esa posibilidad es Mika Takishima, entrenadora japonesa que empezó a ejercitarse a los 65 años y hoy, a sus 94, continúa activa. Su propuesta, conocida como método Takimika, consiste en movimientos suaves de bajo impacto que fortalecen el cuerpo, mejoran la postura y favorecen el bienestar general. No requiere equipamiento especial y se apoya en cuatro ejercicios fundamentales: variante de sentadilla, la libélula, la reverencia y rodillas al pecho.
Los 4 tipos de ejercicios
- La reverencia comienza en posición de cuatro apoyos, con las rodillas en el suelo y las manos un poco más abiertas que los hombros. Se baja el tronco hacia adelante mientras se flexionan los codos y la nariz se acerca al piso. Este trabajo fortalece brazos, hombros y core, mejora el control muscular y contribuye a un abdomen más firme.
Método Takimika
Este tipo de entrenamiento garantiza una mejora en el bienestar general.
- La variante de sentadilla parte desde la posición de pie. Hay que flexionar rodillas y bajar la cadera hasta formar un ángulo de 90°. En esa postura se eleva una pierna y se mantiene el equilibrio unos segundos, repitiendo con la otra. Este movimiento fortalece las piernas, mejora la estabilidad y ayuda a reducir el riesgo de caídas.
- La libélula comienza de pie con las piernas separadas al ancho de caderas y las rodillas levemente flexionadas. El tronco se inclina hacia adelante con la espalda recta y el cuello alineado. Desde ahí se elevan los brazos extendidos hacia los lados, con puños cerrados, hasta la altura de los hombros, enfocándose en unir los omóplatos. Se repite de manera rítmica durante uno o dos minutos.
- Rodillas al pecho se realiza acostado boca arriba, con rodillas flexionadas y pies apoyados. Las manos se colocan debajo de los glúteos. Se elevan la cabeza y los omóplatos llevando el mentón al pecho mientras las rodillas se acercan al torso. Este movimiento fortalece el core, mejora la coordinación entre tronco y piernas y favorece la flexibilidad del abdomen y la zona lumbar.