Envejecer no implica necesariamente perder fuerza, movilidad y autonomía al mismo ritmo. La actividad física puede modificar de manera importante cómo responde el organismo al paso del tiempo y no siempre requiere entrenamientos extensos. El entrenador Marcos Vázquez, entrenador y creador de Fitness Revolucionario, ha puesto el foco en la relación entre ejercicio y longevidad.
Para el especialista, conservar la fuerza y la masa muscular resulta especialmente importante cuando avanzan los años, porque ambas capacidades están relacionadas con una mayor autonomía.
La edad cronológica no determina por sí sola el estado físico de una persona.
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La fuerza puede marcar una diferencia con el paso de los años
- Para Vázquez, la fuerza constituye uno de los elementos que más atención merece cuando se habla de envejecimiento saludable. Mantener una buena capacidad muscular permite realizar con mayor facilidad actividades cotidianas como subir escaleras, levantarse de una silla, cargar objetos o caminar.
- El entrenador también señala que la actividad física no debería limitarse exclusivamente a las sesiones tradicionales de gimnasio. Caminar a buen ritmo, utilizar las escaleras o incorporar pequeños momentos de movimiento durante una jornada sedentaria son alternativas que pueden ayudar a mantener un nivel de actividad más constante.
- En este sentido, las denominadas “dosis” o “snacks de ejercicio” permiten distribuir el movimiento a lo largo del día. Una caminata breve durante una pausa laboral o algunos minutos de actividad pueden resultar más fáciles de sostener que intentar concentrar todo el ejercicio en una única sesión semanal.
Los hábitos mantenidos durante décadas también pueden influir en la capacidad funcional.
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El ejemplo de las personas de 70 y 40 años
Uno de los ejemplos mencionados por Vázquez durante un congreso sobre longevidad se relaciona con una investigación que comparó a personas de distintas edades que habían mantenido actividad física durante buena parte de sus vidas.
Según explicó, el estudio encontró que participantes de 70 años que habían entrenado durante años presentaban niveles de masa muscular y ósea que podían resultar muy similares a los observados en personas de 40 años activas.
La diferencia de edad entre ambos grupos era de 30 años, pero las mediciones relacionadas con la estructura y el funcionamiento físico mostraban una distancia mucho menor de la que podría esperarse.
No hace falta entrenar durante horas para empezar a moverse
Una de las ideas que destaca Vázquez es que la falta de tiempo no debería convertirse en una razón para permanecer completamente sedentario. La actividad puede dividirse en períodos pequeños durante el día.
Subir escaleras, caminar mientras se realiza una llamada telefónica o levantarse regularmente después de permanecer mucho tiempo sentado son formas sencillas de interrumpir los períodos prolongados de inactividad.
Según la información presentada por el entrenador, un estudio realizado con personas mayores de 60 años observó los efectos de pequeñas dosis de actividad. La propuesta consistía en subir escaleras tres veces al día, acumulando apenas unos minutos de esfuerzo.
El mensaje de Marcos Vázquez pone el foco en una idea sencilla: el envejecimiento no tiene por qué estar acompañado por una pérdida inevitable y acelerada de las capacidades físicas. Mantenerse activo, trabajar la fuerza y evitar largos períodos de sedentarismo puede ayudar a conservar la autonomía durante más años.