El eterno debate sobre cuál de los hermanos es más inteligente finalmente tiene respuestas científicas claras. Diversos estudios realizadas en Noruega y Estados Unidos confirman que el orden de llegada al núcleo familiar influye tanto en el coeficiente intelectual como en los rasgos de la personalidad, aunque los motivos reales suelen sorprender a los padres.
La Universidad de Oslo analizó a 240.000 hombres y encontró que los primogénitos tienen, en promedio, un coeficiente intelectual superior al de sus hermanos menores. Mientras que el hijo mayor suele marcar un CI de 103,2, el segundo promedia 101,2 y el tercero desciende hasta los 100 puntos de media.
La crianza frente a la biología: por qué el primer hijo toma la delantera
Lo que mucha gente cree erróneamente es que esta ventaja es algo con lo que se nace por una cuestión de herencia. Sin embargo, los investigadores Petter Kristensen y Tor Bjerkedal aseguran que la diferencia no es biológica, sino que reside en la forma en que los niños son criados. Los padres primerizos suelen volcar más recursos, tiempo y exigencias en el primer hijo, lo que estimula su desarrollo intelectual de una forma distinta a la de los que vienen después.
A esto se le suma el rol que el mayor asume naturalmente dentro de la casa. Al tener que cuidar o "enseñar" a los más chicos, el primogénito refuerza sus propios conocimientos constantemente. Seguro alguna vez viste a un hermano mayor explicando una tarea; ese acto de responsabilidad los convierte en personas con mayor predisposición a tomar la iniciativa y liderar. Al final, terminan siendo más simpáticos y voluntariosos por la educación recibida.
Cómo el orden de nacimiento moldea la personalidad de cada hijo
Pero no todo es inteligencia pura; la personalidad también se moldea en el living de casa. Un estudio de la Universidad de Illinois con 377.000 estudiantes reveló que los roles varían drásticamente según el turno de llegada. Los hijos medianos, por ejemplo, suelen ser los grandes olvidados de la atención parental intensa, lo que los obliga a desarrollar habilidades de negociación para sobrevivir entre los deseos del mayor y los caprichos del más chico. Esta falta de foco directo los vuelve mucho más independientes.
En el caso de los más pequeños, la ciencia indica que suelen ser los más relajados y divertidos de la familia. Al crecer en un ambiente donde las reglas ya se flexibilizaron porque los padres están más cansados o experimentados, tienden a ser personas aventureras, curiosas y, en ocasiones, rebeldes. Tienen un menor apego al cumplimiento de las normas porque, básicamente, se criaron con un control menos estricto que sus hermanos mayores.
El orden de nacimiento no lo define todo: qué otros factores importan
Es importante entender que el orden de nacimiento no es una sentencia definitiva. La psicóloga Diana Jiménez advierte que existen otros factores cruciales, como el tipo de cuidador, la diferencia de edad entre los hermanos o incluso si en la familia se valoraba más un género sobre otro. El ambiente familiar es un ecosistema complejo donde el orden de llegada es solo una pieza más del rompecabezas que define quiénes somos hoy.