12 de mayo de 2026 - 00:00

Los estudios muestran que los niños que coleccionaban figuritas desarrollaron una habilidad estratégica

Para millones de chicos, la colección de figuritas era una verdadera obsesión cotidiana. Y ahora, con la llegada del álbum del Mundial 2026, esa costumbre volvió a llenar kioscos, escuelas y grupos de intercambio en todo el mundo.

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Intercambiar repetidas, calcular cuáles faltaban y recorrer distintos lugares buscando sobres formaba parte de una rutina que parecía simple, pero escondía aprendizajes complejos y habilidades sociales muy específicas.

La colección de figuritas obligaba a tomar decisiones rápidas, evaluar posibilidades y negociar constantemente con otros chicos. Todo ocurría cara a cara, sin algoritmos, sin redes sociales y sin recompensas instantáneas.

Ese tipo de experiencias marcó profundamente a quienes crecieron en décadas donde la infancia estaba mucho más ligada al juego presencial y al contacto social directo.

La habilidad estratégica que desarrollaron sin darse cuenta

Según distintos estudios sobre comportamiento infantil y aprendizaje social, las personas que coleccionaban figuritas fortalecían especialmente la capacidad de negociación estratégica.

Cada intercambio implicaba analizar valor, escasez y conveniencia. Los niños aprendían a detectar oportunidades, persuadir y administrar recursos limitados.

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Investigaciones de la Universidad de Cambridge sobre juegos y desarrollo cognitivo señalan que las dinámicas de intercambio durante la infancia fortalecen habilidades asociadas a la toma de decisiones y la inteligencia social.

Además, completar un álbum requería paciencia, planificación y tolerancia a la frustración.

Lo que explican los especialistas sobre estas experiencias

Especialistas en desarrollo infantil sostienen que este tipo de actividades activaban procesos cognitivos vinculados a la memoria, el cálculo y la resolución de problemas.

Las figuritas también ayudaban a desarrollar lectura emocional. Los chicos aprendían rápidamente cuándo negociar, insistir o retirarse de un intercambio desfavorable.

Un informe publicado por la American Academy of Pediatrics destacó que los juegos sociales presenciales fortalecen habilidades ejecutivas y capacidad de adaptación interpersonal.

La infancia previa a la hiperconectividad digital favorecía este tipo de aprendizajes espontáneos.

Una capacidad que hoy se volvió menos frecuente

Actualmente, muchas interacciones están mediadas por pantallas y recompensas automáticas. Por eso, habilidades como la negociación cara a cara o la paciencia estratégica aparecen con menos frecuencia.

Los estudios coinciden en que los juegos físicos y colectivos desarrollaban herramientas emocionales y cognitivas difíciles de reemplazar digitalmente.

En definitiva, quienes crecieron intercambiando figuritas no solo acumulaban papeles de colección: también entrenaban capacidades sociales, estratégicas y emocionales que hoy siguen siendo valiosas en la vida adulta.

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