Las raíces son el sistema vital de las plantas, desde allí absorben agua, nutrientes y oxígeno, sostienen la estructura y permiten que todo el organismo vegetal funcione. Sin embargo, cuando empiezan a pudrirse, el daño suele ser silencioso y muchas veces irreversible.
La explicación más repetida apunta al exceso o a la falta de riego, pero no siempre es así. Existen otras causas menos evidentes que pueden provocar podredumbre radicular incluso cuando la frecuencia de riego parece correcta.
Uno de los factores más comunes es la mala calidad del sustrato. Un suelo demasiado compacto, apelmazado o con alto contenido de partículas finas impide la correcta aireación. Las raíces necesitan oxígeno para respirar.
Cuando el sustrato no drena bien o se compacta con el tiempo, se generan zonas anaeróbicas donde proliferan hongos y bacterias patógenas que degradan los tejidos radiculares.
Otra causa frecuente es la presencia de microorganismos como hongos del género Fusarium o Phytophthora, que atacan directamente la raíz. Estos patógenos pueden estar presentes en sustratos contaminados, herramientas mal desinfectadas o macetas reutilizadas sin limpieza previa. El problema no radica en cuánta agua se aplica, sino en la presencia de agentes infecciosos que se activan en determinadas condiciones ambientales.
plantas con raíces podridas
El tamaño inadecuado de la maceta también influye. Un recipiente demasiado grande para una planta pequeña favorece que el sustrato retenga humedad en sectores donde las raíces aún no llegan. Aunque el riego sea moderado, esa humedad estancada se convierte en un ambiente propicio para la descomposición radicular.
El uso excesivo de fertilizantes químicos es otro desencadenante poco mencionado. Cuando se aplican en dosis elevadas, las sales se acumulan en el sustrato y generan estrés osmótico. Las raíces se “queman”, se debilitan y quedan más expuestas a infecciones. En estos casos, la pudrición no se produce por el agua, sino por una alteración química del entorno radicular.
Las temperaturas extremas, especialmente el frío intenso en sustratos húmedos, también afectan. Las raíces disminuyen su actividad metabólica con bajas temperaturas. Si el sustrato permanece frío durante períodos prolongados, se vuelve más susceptible al ataque de patógenos.
Señales de alerta en tus plantas
Antes de que la planta muera, suele dar indicios claros:
Hojas amarillas persistentes sin causa aparente.
Crecimiento detenido.
Tallo blando o con manchas oscuras cerca de la base.
Olor desagradable al revisar el sustrato.
Raíces marrones, negras o viscosas al extraer la planta.
Qué hacer si la raíz ya está afectada
Si la planta aún tiene sectores sanos, es posible intentar rescatarla.
Elementos necesarios:
Tijera de poda desinfectada.
Nuevo sustrato aireado.
Maceta limpia con drenaje.
Carbón vegetal triturado o canela en polvo (como antifúngico natural).
planta con rapíces podridas
Procedimiento:
Retirar la planta con cuidado.
Lavar suavemente las raíces bajo agua corriente.
Cortar todas las raíces oscuras, blandas o con mal olor.
Espolvorear carbón o canela en las zonas cortadas.
Replantar en sustrato nuevo y seco.
No regar inmediatamente; esperar 48 horas para que cicatricen los cortes.
Retomar riego moderado y observar evolución durante las semanas siguientes.