Las experiencias escolares de las décadas de 1970 y 1980 eran muy diferentes a las actuales. Muchas situaciones que entonces formaban parte de la rutina hoy serían motivo de preocupación para padres, docentes o autoridades educativas. La psicología demuestra que las personas criadas en estos entornos desarrollaron capacidades que hoy no abundan.
El cambio no responde únicamente a una transformación cultural, sino también a nuevas leyes, investigaciones sobre el desarrollo infantil y una mayor atención a la seguridad y la privacidad de los estudiantes.
Pasar varias horas solos en casa
También era frecuente que muchos niños regresaran a una casa vacía después de la escuela y permanecieran allí hasta que sus padres terminaran la jornada laboral. Estos menores eran conocidos como latchkey children, en referencia a la llave que llevaban consigo para ingresar al hogar.
Aunque la práctica no desapareció por completo, hoy suele limitarse a adolescentes. Según datos del Censo de Estados Unidos de 2011, alrededor del 10 % de los niños de entre cinco y once años permanecían solos después de clases, frente al 30 % de los jóvenes de entre doce y catorce años.
Competir públicamente en las clases de educación física
Los alumnos realizaban ejercicios como carreras, flexiones, abdominales o pruebas de resistencia, mientras sus resultados eran comparados con los del resto del curso.
En el ciclo lectivo 2012-2013, el programa fue reemplazado por un modelo enfocado en objetivos personales de salud, con el propósito de reducir las comparaciones entre estudiantes.
Conocer las calificaciones de todos los compañeros
Hace algunas décadas era habitual que los exámenes fueran corregidos por otros estudiantes durante la clase y que las notas se anunciaran en voz alta antes de ser registradas por el docente. La práctica comenzó a desaparecer, en parte, por los debates sobre la privacidad de la información académica.
Exponer públicamente la conducta de los alumnos
Otra costumbre frecuente consistía en escribir los nombres de los estudiantes en el pizarrón junto a marcas o advertencias por mal comportamiento. Cada nueva infracción implicaba una consecuencia mayor, como perder el recreo o ser enviado a la dirección.
En muchas escuelas este sistema fue reemplazado por otros métodos de disciplina, aunque todavía existen variantes similares.
Una infancia con mayor autonomía
Más allá de casos concretos, la principal diferencia entre aquellas generaciones y las actuales radica en el nivel de independencia que tenían los niños.
Caminar solos por el barrio, pasar horas sin supervisión directa o resolver pequeños problemas cotidianos formaban parte de una rutina considerada normal.