Lejos de ser una preparación improvisada, esta alternativa con pan duro se volvió un clásico silencioso dentro del recetario hogareño. En tiempos donde las recetas simples ganan terreno, esta comida se destaca por su textura crocante por fuera y suave por dentro, lograda a partir de una técnica sencilla y bien resuelta.
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La clave está en hidratar el pan justo y combinarlo con ingredientes básicos que potencien el sabor. A diferencia de otras recetas, no hace falta horno ni procesos largos: la sartén se convierte en la gran aliada para resolver una comida completa en pocos minutos, sin resignar resultado.
Además, es una preparación versátil. Se puede adaptar con lo que haya en la heladera, algo muy valorado dentro de las recetas de aprovechamiento. Queso, verduras, hierbas o incluso sobras cocidas funcionan perfecto como ingredientes principales o complementarios.
Ingredientes
3 tazas de pan duro en trozos pequeños
2 huevos
1 taza de leche
1 cebolla chica
100 g de queso rallado o en cubos
Sal, pimienta y condimentos a gusto
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Estos ingredientes forman parte de muchas recetas clásicas de comida cotidiana.
Paso a paso
Colocá el pan duro en un bowl y agregá la leche hasta humedecerlo.
Sumá los huevos y mezclá bien hasta integrar.
Agregá la cebolla picada, el queso y los condimentos.
Calentá una sartén antiadherente y volcá la preparación.
Cociná a fuego medio hasta que dore de un lado y luego girá.
Terminá la cocción hasta que quede firme y bien dorada.
Esta preparación confirma que las mejores recetas no siempre parten de cero. Con ingredientes simples y una buena técnica, el pan duro se transforma en una comida completa, económica y deliciosa, ideal para resolver almuerzos o cenas sin complicaciones y con mucho sabor.