9 de junio de 2026 - 15:46

La psicología concluyó que las personas de entre 55 y 75 años tienen una mayor tolerancia al silencio en comparación con las generaciones más jóvenes

Lo que muestra es que, entre adultos mayores, la soledad elegida y los momentos de calma pueden vivirse con menos incomodidad y más sentido personal.

El dato necesita un matiz: no significa que todas las personas mayores disfruten estar solas ni que todo joven rechace el silencio. La diferencia aparece cuando el silencio es elegido, tiene sentido personal y no se transforma en aislamiento.

El silencio no siempre se vive como vacío

Un trabajo publicado en Frontiers in Psychology analizó narrativas sobre la soledad a lo largo de la vida y encontró que los adultos mayores describían más experiencias vinculadas con quietud, naturaleza, hobbies y rutinas personales.

Ese punto ayuda a entender por qué el silencio puede sentirse menos incómodo con la edad. Para muchas personas mayores, no es una pausa que haya que llenar rápido, sino un espacio para ordenar pensamientos, descansar o recuperar energía.

La diferencia está en la soledad elegida

Otro estudio sobre adultos de mediana edad y mayores, publicado en The Journals of Gerontology, observó que la soledad elegida se vive de manera más positiva cuando la persona siente control sobre ese momento.

La psicología explica por qué las personas de entre 55 y 75 años suelen tolerar mejor el silencio que los jóvenes

La investigación incluyó adultos de entre 50 y 85 años y usó registros diarios durante 10 días. El resultado no fue que los mayores quisieran estar solos todo el tiempo, sino que cuando buscaban soledad no mostraban la misma caída en emociones positivas que otros grupos.

En otras palabras, el silencio se vuelve más tolerable cuando no aparece como castigo, abandono o desconexión forzada, sino como una decisión propia.

Por qué a los jóvenes puede costarles más

En generaciones más jóvenes, el silencio compite con un entorno de estímulos permanentes: notificaciones, redes sociales, videos cortos, música de fondo y conversación digital constante. Esa exposición no vuelve incapaz a nadie, pero sí puede reducir la costumbre de estar sin estímulo inmediato.

La incomodidad frente al silencio suele aparecer cuando el cerebro espera una respuesta rápida, una distracción o una señal externa. Por eso, en algunas personas jóvenes, quedarse sin ruido puede sentirse como aburrimiento, ansiedad o pérdida de control.

Qué rasgos suelen aparecer en quienes toleran mejor el silencio

La psicología relaciona la buena tolerancia al silencio con habilidades como introspección, autorregulación emocional, paciencia y capacidad de estar presente sin necesidad de validación constante.

  • Mayor autorregulación: menos urgencia por llenar cada pausa.
  • Más autonomía emocional: comodidad para estar sin estímulo externo.
  • Selección de vínculos: menos interés por conversaciones vacías o forzadas.
  • Rutinas personales: lectura, caminata, jardinería, música tranquila o descanso.
  • Menor búsqueda de excitación constante: preferencia por estados de calma.

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