Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid reveló que comer más temprano mejora el mantenimiento de la pérdida de peso, especialmente en personas con mayor riesgo genético de obesidad. La investigación, con seguimiento de 12 años, demostró que el horario de las comidas influye significativamente en la eficacia de los tratamientos para adelgazar.
El análisis mostró que cada hora de retraso en el horario medio de las comidas se relacionó con un aumento de hasta 2,2 kg/m² en el índice de masa corporal (IMC), y una mayor recuperación del peso perdido. En los individuos con mayor riesgo genético, la diferencia en IMC entre los que comían temprano y los que lo hacían tarde superó los 3 kg/m².
El estudio tuvo en cuenta factores como la genética, la composición de la dieta, el nivel educativo, la actividad física, el sueño y los antecedentes familiares. Aún así, el horario de las comidas se mantuvo como un factor independiente en la evolución del peso corporal. Esto sugiere que no solo importa qué se come, sino también cuándo.
Alimentación saludable
El horario de las comidas influye en el éxito de las dietas y puede atenuar el impacto del riesgo genético sobre el peso corporal
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El momento de comer sí importa
Los autores señalan que este hallazgo podría servir para personalizar futuras intervenciones contra la obesidad, combinando datos genéticos con ajustes simples en la rutina alimentaria. Comer temprano podría convertirse en una recomendación puntual para quienes tienen mayor riesgo de obesidad.
Además de favorecer el control del peso, cenar temprano trae otros beneficios. Investigaciones de universidades como Johns Hopkins, Surrey y USC muestran que cenar antes de dormir mejora el sueño, el metabolismo nocturno y reduce el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.
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A qué hora debemos comer
Especialistas coinciden en que lo ideal es terminar la cena al menos tres horas antes de acostarse, y que el desayuno se realice dentro de los 90 minutos después de despertar. Esta sincronización con los ritmos circadianos favorece la quema de grasa, la regulación hormonal y el descanso reparador.
Para la cena, se recomienda optar por alimentos livianos, ricos en proteínas y vegetales, evitando grasas, harinas y azúcares. También se sugiere realizar actividad física suave, como una caminata breve, para ayudar a la digestión y preparar el cuerpo para el descanso.
En resumen, tanto el horario como la calidad de las comidas influyen en el peso, el metabolismo y la salud general. Y para quienes luchan contra la obesidad, ajustar el reloj del plato podría ser tan importante como contar calorías.