Hay un momento de nuestra vida que prácticamente ninguno de nosotros recuerda, pero que pudo haber determinado que estuviéramos acá: nuestro nacimiento. Llegar al mundo nunca fue una tarea sencilla. Un nuevo descubrimiento aporta una evidencia excepcional de que esa asistencia podría existir desde hace miles de años.
Embarazos en la antigüedad.
Investigadores analizaron los restos de un bebé del Neolítico final, datado entre 3932 y 3653 a. C., encontrado en el yacimiento arqueológico de Ripari Alti, en el valle de Lamen, dentro de las Dolomitas italianas.
Una pequeña fractura en uno de sus huesos podría conservar la huella de un momento crítico: un parto complicado en el que alguien habría intentado ayudar a que el bebé pudiera nacer.
Los embarazos prehistóricos casi no dejan rastros
Reconstruir un embarazo ocurrido hace miles de años es extremadamente difícil para la arqueología.
Los huesos pueden proporcionar algunas pistas. Determinadas modificaciones de la pelvis, por ejemplo, fueron relacionadas durante mucho tiempo con la experiencia de uno o varios partos. Sin embargo, esas características también pueden deberse a la edad, la actividad física o las propias variaciones anatómicas.
Los dientes también han comenzado a utilizarse para investigar las gestaciones de mujeres prehistóricas. Algunas investigaciones analizaron los cambios registrados en el cemento dental, pero estos no permiten identificar con seguridad cada embarazo, ya que no todas las gestaciones producen modificaciones detectables en los dientes.
Los descubrimientos en Italia
Uno de ellos corresponde a una mujer embarazada enterrada hace unos 27.000 años en Ostuni, Italia. Mediante técnicas de microtomografía, los investigadores pudieron estudiar los restos dentales del feto, cuya edad gestacional al morir se estimó entre las 31 y 33 semanas.
El análisis permitió identificar varios episodios de estrés fisiológico durante los últimos meses de gestación. Sin embargo, estos datos no fueron suficientes para determinar de manera definitiva la causa de la muerte de la madre y el bebé.
Embarazos en la antigüedad.
Los restos humanos, por lo tanto, pueden conservar información sobre las condiciones en las que se desarrollaron aquellas gestaciones, aunque muchas veces los investigadores deben combinar distintas evidencias para aproximarse a lo que ocurrió.
Una pequeña fractura podría conservar la huella de un parto complicado
El caso de Ripari Alti resulta especialmente interesante por una lesión encontrada en el húmero derecho del bebé.
El hueso presenta una fractura de tipo oblicuo y espiral que se produjo cuando todavía se encontraba fresco. Sus características indican que la lesión ocurrió alrededor del momento de la muerte y no después, durante el proceso de enterramiento o por otros movimientos posteriores de los restos.
Embarazos en la antigüedad.
Los investigadores consideran que una de las explicaciones más probables es que la fractura se haya producido durante un parto complicado. La hipótesis plantea que alguien pudo haber intentado girar o extraer manualmente al bebé para facilitar el nacimiento.
Si esta interpretación es correcta, la lesión constituiría una evidencia excepcional de que otra persona intervino físicamente durante el parto hace unos 6.000 años.