Unos fragmentos oxidados recuperados durante el dragado de una cantera de grava cerca de Deinham, Austria, terminaron revelando algo mucho mayor: más de 500 lingotes de hierro de la Edad del Hierro. En conjunto pesan alrededor de una tonelada y, según los investigadores que estudiaron el depósito, constituyen el mayor hallazgo de hierro prehistórico conocido en Europa.
El descubrimiento ocurrió a unos 20 kilómetros de Linz, pero el análisis arqueológico permitió reconstruir posteriormente su verdadera dimensión. Peter Trebsche y Marion Berranger vincularon las piezas con el período de La Tène y plantean que semejante concentración de materia prima refleja una producción de hierro a una escala mucho mayor de la que podría sugerir un simple depósito local.
Los análisis geoquímicos podrían aportar nuevas respuestas al comparar las características del metal recuperado en Deinham con las de yacimientos minerales conocidos.
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¿Cómo encontraron una tonelada de hierro celta en Austria?
El hallazgo comenzó de manera accidental.
- Mientras se realizaban tareas de dragado en una cantera de grava próxima a Deinham, los trabajadores encontraron numerosos objetos cubiertos de corrosión. A simple vista, podían parecer poco más que restos metálicos sin demasiado valor.
- Peter Trebsche, arqueólogo de la Universidad de Innsbruck, destacó posteriormente lo excepcional de que las piezas no terminaran vendidas como chatarra.
- El estudio realizado junto con Marion Berranger, de la Universidad Tecnológica de Belfort-Montbéliard, permitió identificar al menos 500 objetos como lingotes de hierro de doble punta.
Los investigadores presentaron sus conclusiones en la revista científica Antiquity.
¿De qué época son los más de 500 lingotes encontrados?
Las piezas se relacionan con los comienzos del período de La Tène, etapa de la Edad del Hierro europea que comenzó alrededor del 450 a. C.
En aquellos siglos, distintas comunidades de Europa central fueron identificadas por autores griegos y romanos mediante denominaciones asociadas a los pueblos celtas.
Los lingotes presentan una forma puntiaguda bastante estandarizada, un detalle que permite compararlos con objetos encontrados anteriormente en otros lugares de Europa.
Precisamente esa semejanza ofrece una de las pistas utilizadas por los arqueólogos para intentar reconstruir el posible lugar donde se produjo el hierro.
Por su forma, los investigadores plantean como posible origen una región situada entre Manching, Kelheim y el Alto Palatinado, en la actual Alemania.
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Qué se podía fabricar con una tonelada de hierro en aquella época
La escala del depósito es uno de los aspectos que hace excepcional al descubrimiento.
En total, los investigadores calculan que se recuperó aproximadamente una tonelada de hierro.
Para ilustrar su magnitud, Trebsche y Berranger estiman que esa cantidad de materia prima habría permitido fabricar alrededor de 500 espadas.
Otra comparación muestra una dimensión completamente diferente del mismo cargamento: el metal habría alcanzado para producir aproximadamente 8.000 clavos.
No significa que el hierro estuviera necesariamente destinado a fabricar espadas o clavos. Las cifras funcionan como equivalencias para mostrar cuánto material concentraba el cargamento y el valor productivo que podía representar.
Por qué el hallazgo cambia lo que se sabía sobre la producción de hierro celta
Reunir más de 500 lingotes en un mismo cargamento implica una capacidad de producción y circulación considerable.
- Según los investigadores, semejante volumen sugiere que la fabricación de hierro dentro de la esfera cultural celta había alcanzado una escala muy elevada y organizada.
- Los lingotes no eran objetos terminados, sino materia prima preparada para ser transportada y posteriormente transformada.
- Su forma relativamente estandarizada también resulta significativa porque facilita pensar en redes de producción e intercambio que superaban el ámbito de una pequeña comunidad.
Sin embargo, todavía falta resolver una pregunta fundamental: de dónde salió exactamente ese hierro.
Su forma relativamente estandarizada también resulta significativa porque facilita pensar en redes de producción e intercambio que superaban el ámbito de una pequeña comunidad.
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La investigación tiene ahora en esos propios lingotes una posible brújula. Si los análisis logran vincular químicamente el hierro con una zona minera determinada, la tonelada de metal no solo revelará dónde comenzó su viaje hace más de dos milenios: también permitirá reconstruir una ruta de comercio de la Edad del Hierro que terminó abruptamente cerca de Deinham.