Congelar el pan únicamente para que dure más tiempo y evitar desperdicios no es el único beneficio. Sin embargo, detrás de esa práctica cotidiana existe un cambio en su composición que reveló una gastroenteróloga. La clave está en la forma en que el almidón responde al frío y al posterior calentamiento.
La gastroenteróloga Karen Alarcón sostiene que el pan puede volverse "hasta 10 veces más saludable" cuando se congela en rebanadas y luego se recalienta antes de comerlo. Aunque la expresión resume un beneficio potencial, los estudios científicos aclaran que el efecto depende del tipo de pan y del método de preparación, por lo que no convierte automáticamente cualquier pan en un alimento saludable.
pan en el congelador
Elaborado con masa madre o con mayor contenido de fibra, estos productos ofrecen un perfil nutricional más favorable desde el inicio.
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Qué le ocurre al pan cuando se congela y luego se vuelve a calentar
El pan contiene una elevada proporción de carbohidratos en forma de almidón. Cuando se congela y posteriormente se recalienta, una parte de ese almidón atraviesa un proceso conocido como retrogradación, que favorece la formación de almidón resistente.
Este tipo de almidón se comporta de manera similar a la fibra alimentaria. Al no digerirse completamente en el intestino delgado, llega al intestino grueso, donde puede servir como alimento para parte de la microbiota intestinal. Por ese motivo, algunos especialistas consideran que este cambio puede aportar beneficios digestivos.
- Karen Alarcón explica que este proceso permite que una fracción de los carbohidratos adopte un comportamiento semejante al de una fibra prebiótica.
- No obstante, también aclara que el pan blanco continúa siendo un alimento rico en carbohidratos y que este truco no reemplaza una alimentación equilibrada basada en productos de buena calidad nutricional.
Por qué este hábito podría ayudar a controlar los picos de glucosa
Uno de los aspectos más estudiados es la respuesta glucémica. Al modificarse parte del almidón, el organismo lo digiere más lentamente, lo que puede traducirse en un aumento menos brusco de la glucosa en sangre después de comer.
Un estudio publicado en el European Journal of Clinical Nutrition observó que el pan blanco congelado, descongelado y posteriormente tostado generó una respuesta glucémica menor que el pan consumido fresco. Los propios investigadores señalaron que el resultado depende tanto del tipo de pan como del procedimiento utilizado.
Este hallazgo puede resultar interesante para personas que buscan reducir los picos de glucosa tras las comidas. Sin embargo, los especialistas recuerdan que quienes tienen diabetes, resistencia a la insulina u otros trastornos metabólicos deben seguir siempre las recomendaciones de su médico o nutricionista.
pan en el congelador
El beneficio será mayor si se utiliza pan integral.
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Cómo congelar el pan correctamente para aprovechar este efecto
Para obtener los mejores resultados, conviene congelar el pan cuando todavía está fresco. De esta manera se conserva mejor su textura y se evita la aparición de moho antes del almacenamiento.
El procedimiento recomendado es sencillo:
- Cortar el pan en rebanadas individuales.
- Guardarlo en una bolsa apta para congelador o un recipiente hermético.
- Retirar la mayor cantidad posible de aire antes de cerrarlo.
- Colocar la fecha de congelación.
- Sacar únicamente las rebanadas que se vayan a consumir.
- Al momento de comerlo, lo ideal es calentarlo directamente sin descongelarlo previamente.
Congelar el pan y recalentarlo antes de consumirlo es una práctica sencilla que puede modificar parte de su almidón y favorecer una digestión más lenta de los carbohidratos.