18 de mayo de 2026 - 05:45

Boris Cyrulnik, psiquiatra francés que nos dice lo que nos pasa a los 60 años: "La resiliencia comienza..."

A los sesenta años, el cuerpo, la memoria y las emociones dejan de actuar por separado y obligan a una honestidad que la carrera profesional solía posponer.

Cyrulnik definió la resiliencia no como un retorno a la normalidad, sino como el inicio de un desarrollo nuevo tras el impacto de un trauma. Su biografía marcó cada una de sus tesis sobre la reconstrucción personal, sosteniendo que nadie se recupera en soledad. Según el psiquiatra, el proceso requirió encontrar apoyos externos para retomar la marcha con energía.

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Boris Cyrulnik, psiquiatra francés.

Boris Cyrulnik, psiquiatra francés.

El tiempo funcionó como un aliado lento en este esquema. Algunas cicatrices tardaron décadas en cerrarse, lo que demostró que la sanación no respondió a cronogramas fijos sino a procesos de convivencia con la herida. Quienes evitaron el dolor durante su juventud se encontraron desarmados cuando el ritmo de vida disminuyó al llegar a la madurez.

El colapso de la utilidad profesional frente a la memoria

Al alcanzar la década de los sesenta, la utilidad profesional dejó de ser el centro de la identidad. Cyrulnik explicó que la acumulación de logros perdió su valor como escudo protector frente al pasado. En este punto, la mirada se volvió selectiva y las prioridades se reorganizaron sin necesidad de recurrir al dramatismo. Fue el momento en que las emociones y los recuerdos hablaron juntos y sin vacilación.

Este enfoque conectó con los hallazgos de la investigadora Emmy Werner. Tras seguir a niños en contextos críticos durante años, Werner probó que la resiliencia dependía de vínculos y entornos específicos que actuaban como redes de seguridad. Para Cyrulnik, esta red permitió que las personas integraran sus "grietas" en lugar de intentar borrarlas del mapa biográfico.

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Boris Cyrulnik, psiquiatra francés.

Boris Cyrulnik, psiquiatra francés.

El psiquiatra rescató las ideas de Viktor Frankl sobre el sentido del sufrimiento y las máximas de Marco Aurelio acerca de transformar el obstáculo en una herramienta. En la madurez, la respuesta ante la adversidad abandonó la urgencia de la apariencia para nacer desde un lugar más desnudo. La vida dejó de ser una promesa abstracta para convertirse en una materia concreta grabada en la piel y en la forma de recordar las pérdidas. El proceso de reorganización permitió seguir adelante con las cicatrices a la vista.

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