En estos días los humanos sobreviven mucho más que nuestros familiares vivientes más cercanos, los chimpancés, que raras veces superan los 50. Incluso los cazadores y recolectores de frutos -que a menudo carecen de nutrición avanzada, medicina moderna y otros beneficios del hábitat industrializado- tienen el doble de esperanza de vida al nacer que los chimpancés en estado salvaje.
Entonces, ¿qué ha cambiado en nosotros desde los días de nuestros ancestros simios? ¿Estamos viviendo mucho más debido principalmente a cambios en nuestro estilo de vida o por mutaciones genéticas, en otras palabras, evolución?
Para encontrar cómo llegamos a este estado avanzado, el equipo de estudio comparó tasas de mortandad de países industrializados con las de grupos de cazadores y recolectores de frutos del mundo actual, cuyo estilo de vida se asemeja más al de los primeros humanos modernos.
Los investigadores descubrieron que la tasa de mortandad en edad temprana -durante las primeras dos décadas de vida- en el mundo industrializado hoy es aproximadamente 200 veces menor, en general, que en los grupos actuales de cazadores y recolectores de frutos.
“Tenemos mayor distancia en los niveles de mortandad entre las naciones actuales con menor mortalidad y los cazadores y recolectores que entre éstos y los chimpancés”, dice el líder del estudio Oskar Burger, antropólogo evolutivo del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica, en Alemania.
El gran salto de la longevidad
En otras palabras, en lo que respecta a la longevidad humana, el cambio reciente en la vida moderna supera por mucho las mejoras evolutivas que se han acumulado durante miles de años. Por ejemplo, la mayor parte del cambio en las tasas de mortandad ocurrió entre ahora y aproximadamente 1900, en sólo más o menos cuatro de las casi 8.000 generaciones humanas que han vivido, descubrió el estudio.
“La cantidad de mejoría que se logró en el último siglo es mucho, mucho mayor que la mejora lograda durante la historia evolutiva entre los chimpancés y los humanos”, señala Burger.
No sorprende que estas mejoras casi por seguro se deban a cambios en el estilo de vida y no a alguna adaptación genética de toda la especie.
“El hallazgo de que la gente que tiene acceso a comida, ropa, techo y medicina vive más -o tiene menor nivel de mortalidad- no es nada sorprendente”, indica Burger.
Pero “la magnitud y sincronización de la reducción en mortandad es de interés”, subraya. “¿Una mortalidad doscientas o trescientas veces menor a la edad de 10 o 20 años? Para mí, realmente es mucho”, afirma.
¿Siempre jóvenes?
No está claro por qué la esperanza de vida humana es tan susceptible a cambios externos.
“Yendo más allá, la investigación debería apuntar a entender cómo es que los cambios en el ambiente y estilo de vida han llevado a estos notables aumentos en la esperanza de vida”, dice el biólogo Caleb Finch, de la Universidad del Sur de California, quien no participó en este estudio. “Hay un gran número de mecanismos biológicos a ser investigados”, acota.
Independientemente de lo que nos deparen investigaciones futuras, no esperen que sigamos avanzando por siempre hacia la inmortalidad, dice Finch. “Las fuerzas negativas que nos esperan para contrarrestar la esperanza de vida son formidables”, explica. “Por ejemplo, hay que considerar la epidemia de obesidad global que se ha desarrollado en los últimos 20 años y que impacta a la salud, así como el deterioro ambiental”, considera.
Dan Buettner, experto en longevidad agregada, sostiene que “al final del día, la acumulación de daño que experimentan las células lleva a errores, por eso se nos arruga la piel y se encanece el pelo. Esta acumulación parecería imponer un techo a la esperanza de vida.
“No obstante, tal vez pueda ocurrir alguna innovación que no podamos predecir”, dice Buettner, explorador de la National Geographic y autor de “The Blue Zones: Lessons for Living Longer from the People Who’ve Lived the Longest”.
“No teníamos idea de que la penicilina fuera a ocurrir, y eso repentinamente hizo que se desplomaran las tasas de enfermedades infecciosas. Tal vez un avance similar haga que continúen los incrementos en la esperanza de vida”, destaca.
El nuevo estudio de mortandad fue publicado el lunes en internet por la revista Proceedings de la Academia Nacional de la Ciencia.