Pollos parrilleros: otro sector en crisis

Por la caída en los precios, las empresas están trabajando con márgenes mínimos y en algunos casos van a pérdida. El mercado interno está sobreofertado, mientras que las exportaciones están paradas por falta de competitividad en el exterior. Fuerte alza e

Son precios deprimidos por una situación de sobreoferta en el mercado interno, y la salida exportadora bloqueada por los problemas de competitividad cambiaria, los establecimientos productores de pollos parrilleros comienzan a acotar la producción para enfrentar problemas financieros.

Referentes de la actividad coinciden en que no cabe esperar un crecimiento adicional del consumo doméstico, porque el pollo ya se convirtió -aseguran- en la proteína económica de todos los días y como saben que producir menos hace pesar más los costos fijos, creen que la situación se descomprimiría con alguna medida que permitiera mejorar el tipo de cambio para exportar.

Esta situación tiene un componente adicional que resulta llamativo: son muy pocos los empresarios del sector que están dispuestos a hablar.

Dos "cosechas" sin renta

Roberto Pani, miembro del directorio de Pollitos Mendocinos SA, ubicado en Junín, asegura que “esta situación de depresión es la más profunda y la más larga desde la crisis del 2000/2001”.

Está preocupado porque “no se recuperan los precios. Hoy en día es más caro un kilo de pan que un kilo de pollo; los cereales no paran de subir y estamos complicados para pagar sueldos y aportes. Vamos estirando las cuentas corrientes con los proveedores de soja, de maíz, de vitaminas y minerales, y esto no es normal”.

El empresario revela que “venimos desde mayo con precios que no son competitivos y para nosotros, cuatro meses es mucho tiempo”. Explica que “un ciclo productivo son 60 o 65 días; y se necesita mucha plata para mover toda la estructura”. Al comparar la producción de pollos con la vitivinicultura, “es como si en el año hiciéramos cinco cosechas. Hoy tenemos ya dos cosechas prácticamente sin renta y los ahorros se van acabando”.

Pani revela que en menos de seis meses los precios de la producción salida de planta cayeron a la mitad. Asegura que en febrero-marzo vendían a 13 pesos el kilo de pollo eviscerado y hoy bajó a 9,5 pesos.

Como en el resto de las actividades, en esta complicada ecuación influyen negativamente los altos costos del alimento (el factor de mayor incidencia en el cuadro de costos, con una participación que ronda el 75%), el jornal y aportes.

Mario Maroto, presidente de la de la Unión Avícola Regional Andina (Uara) coincidió sobre el panorama y recalcó que “el sector está atravesando una profunda crisis. Tiene problemas de rentabilidad debido a un exceso de oferta en el mercado. Se está vendiendo la producción por debajo de los costos. Ya existen empresas que muestran retraso en los pagos, tanto a los proveedores como en las entidades financieras”.

Creció mucho la oferta

Carlos Galiñares, otro granjero del Este provincial, atribuye los bajos precios a una mayor producción; y “si bien el consumo interno vino creciendo después de la crisis del año 2001, ha llegado a un límite que ya no puede superar, y ya sabemos que cuando la oferta excede a la demanda los precios se caen”.

Maroto, por su parte, señaló que “hay muchas empresas que no bajan su producción porque apuestan al volumen, que es la única variable que te permite redistribuir los costos”.

Ahora el representante de la Uara advirtió que de prolongarse por mucho tiempo esta situación varias empresas deberán cerrar sus puertas, con las consecuencias que ello trae.

Este panorama es seguido muy de cerca por los sectores más directamente vinculados a la actividad.

Reynaldo Ivars, socio gerente de Laboratorios Granjol, uno de los mayores proveedores de equipamiento, insumos y servicios para los granjeros en toda la región, coincide en que “la demanda interna de carnes encontró su techo, porque el consumo anual está en alrededor de 130 kilos per cápita, de los cuales 67 kilos son de carne vacuna, 44 de pollo y 10 de cerdo, y otras de menor importancia”.

Por otra parte, no cree que un eventual aumento en el precio de la carne bovina permita mejorar el del pollo, “porque ya lo triplica y la demanda de carne vacuna no baja”, señala Ivars.

Sobre este punto, Roberto Pani comparte la lectura que hace su proveedor. Porque, si bien desde algún sector de la ganadería se plantea que los precios de la hacienda están relativamente “quedados”, no cree que un eventual despegue de los valores de la carne roja permita subir el techo de los de la carne aviar.

Es muy difícil exportar

Ivars recuerda que “la producción nacional de pollos tuvo un crecimiento importante en su momento, como respuesta a una estrategia del sector para abordar los mercados internacionales”. Incorporó tecnología que le permitió optimizar los estándares de productividad e incrementar los volúmenes de oferta en función de ese objetivo.

“Debido a las dificultades actuales para exportar -apunta-, gran parte de ese volumen adicional terminó volcándose al mercado interno, lo que generó una situación de sobreoferta que comenzó a empujar los precios hacia abajo, comprometiendo la situación financiera de muchas empresas, que tienen que pagar los créditos que tomaron para tecnificarse y sostener una estructura que ahora es mucho más grande”.

En el mismo sentido, Pani recuerda que en otros momentos complicados “había expectativas de alguna exportación a Venezuela, por ejemplo, que es el comprador más importante de la producción argentina de pollos; y los que saben dicen que hoy se está exportando pero lo mínimo indispensable”.

Por su parte, el socio de Granjol apunta que los problemas para exportar tienen origen “en la falta de competitividad cambiaria, y no en la falta de mercados”.

De hecho, revela que México, por ejemplo, “está saliendo al mundo a buscar pollos y huevos, porque sus granjas han tenido problemas sanitarios muy graves, con altos niveles de mortandad; pero a nosotros no nos dan los precios”.

Los precios internacionales, según aseguraron “están más bajos que los del mercado interno y si con los del mercado interno el sector ya está perdiendo plata, si exportara perdería más plata todavía”.

Las salidas posibles

Roberto Pani considera que la situación actual de sobreoferta no tiene muchas opciones de resolución.

“Por un lado, bajar un poco la producción; por otro, que hubiera una devaluación o un dólar de exportación que haga conveniente las ventas en los mercados externos”. Sobre esto último, aclara que los que exportan son los grandes establecimientos de la provincia de Buenos Aires o de Entre Ríos, pero esa salida “repercutiría de inmediato en el mercado interno”.

Aunque la primera de las opciones impacta negativamente en el negocio, porque crece la incidencia relativa de los costos fijos, el empresario admite que han tenido que acotar la producción. “Bajamos de 35 mil a 30 mil pollos por semana”, dice.

Galiñares revela, en ese sentido, que este tema es motivo de conversaciones en las reuniones de las organizaciones nacionales del sector; y que como una medida adicional para acotar la oferta, se ha congelado más pollo que lo habitual.

Aclara que “la mayor parte de la producción nacional se trabaja congelada y el resto como pollo fresco; pero ahora una parte de la producción de fresco directamente se ha mandado a congelar para demorar su salida al mercado”.

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