El intendente de la Capital Ulpiano Suárez ha decidido recalcar en pleno enero sus pretensiones de ser el próximo candidato a gobernador del radicalismo. Por lo menos un año antes de que comience la discusión en serio respecto de la sucesión de Alfredo Cornejo y a pesar de que varios manuales de la política advierten sobre los riesgos de las candidaturas precoces.
Ciertamente, para Suárez nunca fue opción el perfil bajo respecto de su candidatura a gobernador. Repite que quiere serlo en cada nota periodística. Conviene entonces preguntarse en este momento por qué actúa así y poner en valor algunos pasos que está dando en el marco de su plan mayor.
La hegemonía del oficialismo provincial en los últimos diez años y el ocaso peronista limitan el desafío político de Ulpiano Suárez a dos metas: imponerse a sus correligionarios y eventualmente vencer a sus socios políticos. Suárez ha elegido concentrarse rápidamente en el principal socio libertario y exradical, Luis Petri, como si la gobernación en 2027 fuera a tratarse solamente de un duelo.
En esa línea, rompió tradicionales treguas veraniegas con una agresión política al presunto rival: dijo que él se está preparando para la gobernación y que ante este desafío no es conveniente “improvisar”.
El petrismo sintió el golpe y se descargó puertas adentro contra Suárez. En sus deliberaciones, los discípulos de Petri suelen mencionar al intendente capitalino como "el candidato del Gobierno", entre otras elucubraciones dudosas. La conclusión es por lo menos precipitada.
La cuestión es que algunos petristas están proponiendo salir ahora mismo al cruce de Suárez con “ideas para Mendoza”, para darle sustento a la vocación de poder de su líder en 2027. La gran pregunta es qué margen de acción tiene Petri en la estructura de Milei, que impone verticalismo nacional y no tiene por qué agitar tan pronto la disputa por la gobernación en Mendoza.
Otro interrogante doméstico es cómo reaccionarán a la embestida los dos concejales de Petri en la Capital.
Pero volviendo a Suárez, lo cierto es que sus problemas no se reducen al exministro de Milei, quien ahora está en otro partido. Probablemente su mayor desafío sea convertirse en el candidato de Cornejo en el próximo año y medio y que el gobernador no opte por alguno de sus ministros (ese parece ser el plan A) y incluso por otro intendente del radicalismo.
La relación Suárez-Cornejo ha tenido muchos vaivenes. El gobernador se quejó de Ulpiano Suárez en la campaña electoral porque tomaba distancia de Milei, pero en las últimas semanas hubo una vuelta de página y el vínculo mejoró.
No fue casualidad: el intendente de la Capital colaboró esta semana con Cornejo para que el bloque de diputados nacionales de la UCR no perdiera el control del sello a manos de Martín Lousteau y los radicales que se fueron a Provincias Unidas. Vale recordar que el bloque oficial del radicalismo tiene al frente a la mendocina Pamela Verasay, quien pertenece al cornejismo.
Suárez en este momento le asegura al gobernador alguna influencia sobre el Comité nacional del radicalismo, con el cual rompió en diciembre porque fue elegido para la conducción Leonel Chiarella, un hombre de Martín Pullaro y Lousteau. Pero resulta que Chiarella tiene un muy buena relación en el foro de intendentes de la UCR con Suárez, quien lo preside, y Yayo está dispuesto a ofrecer sus servicios más adelante para tratar de tender algún puente entre el radicalismo de Mendoza y el joven conductor de la UCR nacional.
Suárez también insiste en reforzar el vínculo de los radicales locales con el “demarchismo sin De Marchi”, es decir, el intendente Pro de Luján Esteban Allasino y los suyos. A mitad de camino entre el beneficio del partido y el suyo propio, la intención de Ulpiano Suárez es que esa tropa, que tiene al conductor por los menos en pausa, termine del lado radical y no en el bando de Petri, es decir, en la faz libertaria de la alianza oficialista.
En el medio, el juego que más apasiona a algunos radicales en estos días de calor consiste en asimilar las elecciones de 2027 a las de 2019. Aquella vez, Cornejo se iba del poder y buscó inclinar la balanza a favor de un ministro de la gestión (Martín Kerchner), pero las encuestas y el consenso interno terminaron por convencerlo de que le convenía levantarle la mano a Rodolfo Suárez, quien entonces, casualmente, era intendente de la Capital.
Todos los personajes de 2019 tienen hoy otro nombre y algunos más de uno. Kerchner vendría a ser en 2027 Jimena Latorre, Natalio Mema, o u otro de los ministros; Omar de Marchi (el rival de afuera del partido para la PASO) sería Petri y Yayo sería su propio tío Rody Suárez. Pero falta para saber si la historia realmente se puede repetir.