Género: de machos a hombres, en busca de reeducar a los varones

En clase. El instituto de Nogués busca formar para crear nuevas formas de comportamiento organizacional.
En clase. El instituto de Nogués busca formar para crear nuevas formas de comportamiento organizacional.

Busca influir, sobre todo, en el ámbito empresarial para potenciar la igualdad, la diversidad y la inclusión en las organizaciones.

Hace unos años, Nicko Nogués llegó a los portales de todo el mundo por su propuesta “Humanity, 21 días de bondad”, en la que invitaba a todos a practicar actos de bondad durante 21 días seguidos para que se hiciera hábito y así transformar las vidas de las personas por la incorporación de actos positivos.

Ahora el español radicado en México, está revolucionando la mirada de los hombres sobre el machismo, el feminismo y las temáticas de género con su instituto “De machos a hombres”. En su página se describe como un organismo de reeducación que tiene como objetivo desafiar al machismo -especialmente en el ámbito empresarial- y dar cabida a nuevas formas de comportamiento organizacional que potencien la igualdad sustantiva, la inclusión y la diversidad. Lo principal es incluir la perspectiva de género de manera transversal en todos los ámbitos.

Para cambiar las estructuras y dinámicas de una organización proponen una serie de talleres, conferencias y cursos. “Son herramientas a través de las cuales los asistentes logran sensibilizarse y profundizar en torno a la importancia de la igualdad sustantiva y la necesidad imperante de ser parte activa y transformadora de masculinidades más conscientes, entendiendo y comprobando que no hay una única forma de ser hombre y que existen tantas masculinidades como hombres hay”, sintetiza.

Los datos que publican son conocidos pero la base para tomar acciones concretas: el 84.1% de los victimarios son hombres y 99.6% de los delitos sexuales los cometen hombres. “Esto no quiere decir que yo u otro hombre sea un agresor. Aquí lo importante es saber que existe un patrón eminentemente masculino que, en más de un 90% nos muestra un programa establecido de comportamiento misógino generalizado, y todos los hombres formamos parte de ese patrón”, dice Nogués.

Además, resalta las características que según la sociedad debe reunir un “hombre de verdad”. “Un hombre debe ser autosuficiente, fuerte, atractivo físicamente”, dice Nogués. Y agrega que estas características van unidas a roles masculinos rígidos como: la heterosexualidad, la homofobia, la hipersexualidad, la agresividad y el control.

Y por último, “el hombre de verdad” en el sentido de la masculinidad hegemónica debe tener otros atributos como saber someter, poder, fuerza y competitividad. “Esta idea colectiva en realidad nos limita como hombres porque nos quita toda posibilidad de explorar nuestras propias y únicas masculinidades, la de cada uno, diluyéndolas en un falso sentido de identidad totalmente heterogéneo, no decidido por nosotros y totalmente hegemónico, que desdibuja cualquier posibilidad de descubrir y mostrarnos conscientemente como realmente somos”, dice Nogués.

Y en este punto es donde llama a los hombres a reeducarse porque Nogués entiene la masculinidad como una serie de conductas, pensamientos, códigos y estructuras que son parte de la configuración de los hombres como individuos en sociedad dentro de un momento histórico determinado. “El significado de la masculinidad es 100 cien por ciento mutable, varía y se resignifica constantemente en función del contexto y a partir de decisiones y forma de actuar. La gran oportunidad como hombres pasa por desobedecer de forma radicalmente virtuosa ese mandato hegemónico, rebelándonos ante él cada vez que se active en nosotros”, señala.

El engaño del deconstruido

Nogués también señala que hay hombres que caen en el engaño de sentirse deconstruidos. “Esta actitud nos impide darnos cuenta de que en realidad  la deconstrucción se asume cada día en un presente continuo infinito. Sentirse deconstruido es el camino más directo a la autocomplacencia condescendiente y probablemente alberga un ego mal gestionado disfrazado de conciencia”, indica.

“Autodenominarnos como feministas no nos hace mejores personas si no logramos damos cuenta en nuestro día a día de nuestros micromachismos, de nuestros mansplainings y de qué mandatos y patrones tóxicos aún seguimos replicando.  Cuando hablamos de género, y específicamente, de masculinidades, hablar de deconstrucción significa cuestionar, criticar y sobre todo, accionar sobre los atributos que hemos aprendido a lo largo de la vida”, cierra.

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