Perfil de Mario Abed, un vicegobernador que antes era más feliz

MARIO ABED
MARIO ABED

Una vez a la semana atiende gente en Junín, el departamento que dirigió durante 16 años y al cual no descarta volver cuando termine su mandato como número dos de la provincia. Sin embargo, aseguro que ya “soltó” los emprendimientos que se iniciaron en su gestión, como la bodega municipal.

“Soy un tipo común al que le tomó 40 años llegar acá”, dice el vicegobernador Mario Abed. Nuestras abuelas dirían que “es un tipo liviano”, obviando la contextura física del juninense; hoy se diría empático. En general, Abed tiene buen diálogo con dirigentes de todos los partidos, aunque él mismo confiesa que esa actitud más flexible la aprendió (o aprehendió) en la política. “Antes, cualquiera hubiera pensado que era capaz de tirar a alguien por la ventana. Aprendí en la política que las diferencias existen y que se salvan con el diálogo. Modifiqué mucho mi carácter”.

Dato poco conocido del vicegobernador es que fue secretario de Organización del Sindicato de Luz y Fuerza, justo cuando el ex gobernador Arturo Lafalla decidió privatizar Energía Mendoza Sociedad del Estado (EMSE). En mayo 1997 se vivieron horas tensas en Legislatura. Uno de los que estaban fuera de la Casa de las Leyes manifestándose en contra de la privatización era Mario Abed. Ese debate tuvo momentos violentos: volaban piedras desde calle Patricias Mendocinas y la marea empujaba las vallas y a la falange policial para ingresar al recinto e impedir el debate.

La pelea por el quórum era clave. Hubo casos de legisladores del PJ y PAIS (el partido que lideraba José Octavio Bordón) que se colaban por los lugares más inverosímiles para ocupar sus bancas. “Se me escapó una legisladora que la hicieron entrar por una ventana” cuenta ahora Abed.

Ese momento fue un punto de inflexión en la vida personal del entonces sindicalista. Se quedó sin trabajo en la empresa distribuidora de electricidad y, para sobrevivir, construyó dos canchas de paddle y un quincho en Junín; el alquiler por hora y los lomos que él cocinaba a los clientes le dieron de comer durante un tiempo. En ese mismo predio está su casa actual y queda en pie una de las canchas.

-¿Usted cocinaba?

-Como vicegobernador soy el mejor cocinero del mundo. Todo lo que se pueda hacer a la parrilla yo lo hago-responde.

Fue poco tiempo ese empleo. En 1999 fue electo concejal de Junín. “Durante tres años le pegué a don Dante (Pellegrini); el último año de mi mandato fui presidente del Concejo. Me dediqué a andar todo el tiempo con él. Me di cuenta de dos cosas: primero, que no conocía ni a la mitad de los que creía conocer en Junín. La segunda, que me dio todas las oportunidades para estar”, recuerda. En 2003, ganó la intendencia y se quedó 16 años en ese cargo, cuatro mandatos seguidos, hasta 2019, cuando fue electo vicegobernador.

Mirando hacia atrás, los hechos empiezan a encadenarse hasta ese momento en que la vida de Mario Abed, dio un giro. Nació el 27 de diciembre de 1963. A los 18 años empezó a militar en la Unión Cívica Radical, a los 19 empezó a trabajar en EMSE. A mediado de los ‘90 ya estaba en Luz y Fuerza y militó en contra del traspaso de la Caja de Jubilaciones de Mendoza a la Nación y contra las privatizaciones de EMSE y Obras Sanitarias.

Paralelamente, en el radicalismo ganó la interna en 1995 y fue candidato a intendente “contra Dante y Menem” recuerda. Claramente una dupla invencible en aquellos años. Como Abed, el peronista Dante Pellegrini fue intendente de Junín durante cuatro mandatos, entre 1987 y 2003. “En Junín, casi hicimos la democracia con Dante”, dice: entre los dos suman 32 años de intendencia.

Hay quienes dudan que en realidad haya dejado la intendencia. El actual intendente, Héctor Ruiz, es un dirigente de su plena confianza. Señalan que una vez a la semana, Abed atiende gente en las oficinas de la Bodega Municipal Raíces y que mantiene injerencia en otros emprendimientos de la comuna, como Junín Punto Limpio y el Cementerio Parque La Paz de los Olivos.

El vicegobernador niega. “El intendente es Héctor. Él tiene el volante, la palanca de cambio. Si me pide consejo se lo doy, pero él es el intendente”. Además asegura que ya soltó la conducción de las empresas municipales, “porque no corresponde que yo esté”.

-¿Es controlador?- le pregunta Los Andes.

-He sido bastante bueno. No me tenían tanta fe- responde sonriendo.

-¿Extraña la intendencia?

-Uff… Me muero si no estoy en Junín.

-¿Quiere volver?

-Nunca digo nunca. No sé. La vida de un político es 90% sinsabores, pero hay un 10% que es maravilloso. He disfrutado tanto. Y ser intendente es mucho más maravilloso. Todo es más lento en la Provincia. Yo creo que a quien ha sido intendente, lo que más le gusta es el municipio.

-Es el primero al que le caen las quejas…

-Pero hay herramientas para resolver la mayoría de los problemas. Y lo que no se puede resolver, hay que poner la cara.

Los liderazgos rurales tienen fuerte tendencia al personalismo. En las ciudades, a medida que se agranda la población, los liderazgos están construidos por la imagen. Hay más coach, menos contacto personal. En los lugares chicos, el cara a cara es clave.

“En pueblos de 40 o 50 mil habitantes, los liderazgos son más personalistas. En 16 años me di la vuelta 10 veces, casa por casa. Las campañas se hacen casa por casa. Cuando era intendente, almorzaba una vez a la semana en los jardines maternales de la comuna y me enteraba de todo lo que pasaba en las casas de los chicos. Al mismo tiempo, yo me sentía protegido por los vecinos”, dice Abed.

Volviendo a Junín Punto Limpio, el programa consiste en la recolección diferenciada de residuos plásticos y la reutilización con el desarrollo de productos de uso cotidiano. Hay distintas unidades de negocio bajo ese paraguas: desarrollo de ladrillos, Maderas Plásticas Junín (palos de viña), reciclado de luminarias (en convenio con la empresa High Tech Factory SA), tejas para techos, mangueras para riego.

Junín Punto Limpio es finalista de los premios Verdes 2022, en la categoría políticas públicas. El concurso es organizado por una red latinoamericana que busca destacar emprendimientos que promuevan el medio ambiente y que logren permanencia en el tiempo. La entrega de premios es el 22 abril en Miami. “Eso lo hice yo” dice para reclamar su presencia en esa ocasión.

Los bienes del vice

Su esposa tiene una finca familiar. La otra finca, que fue de su madre, hoy la tiene su hermano. “Cuando arranqué como intendente, se la dejé a él”, dice.

El otro bien más preciado del vicegobernador es su caballo criollo. Dice que lo relaja cabalgar. Cuenta que algún día de la semana se toma la tarde para recorrer fincas de Junín. “Hace 15 años tengo el mismo caballo. Es de Walter” dice.

Walter es Soto, empresario de Santa Rosa que ahora está desarrollando actividades en Brasil. Es conocida la historia de Abed enfocado por las cámaras de la televisación del partido Argentina-Bosnia en el Maracaná del Mundial 2014; cuenta el vice que ese viaje fue invitación del empresario.

“Estábamos comiendo en el campo de Walter, un poco tomados. Freddy le dijo que me diera un caballo. Y me trajo uno: ‘un padrillo para otro padrillo’, me dijo”, recuerda. Aclaración: Freddy es Alfredo Vila Santander, hermano de Daniel Vila. Hoy Freddy tiene campo en Santa Rosa y es criador de caballos criollos, como lo era Soto.

“Me gusta la figura del caballo criollo; me deberían gustar los caballos árabes” dice socarrón, jugando con el origen de su apellido. Luego completa: “tengo caballo criollo porque mi peso no es normal. Tiene huesos gruesos, aguanta. Es más, mis vacaciones fueron a caballo. Me fui tres días a la montaña. Carpita y caballos por huellas. Subimos 3.500 metros, a recorrer puestos. Tres días sin bañarme y sin señal”.

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