18 de julio de 2026 - 17:04

"Pensé que me iban a matar": el estremecedor relato del profesor de Palmira que sobrevivió a un secuestro

Fue una de las primeras víctimas de la banda que, según la investigación judicial, mantenía cautivas a sus víctimas para vaciarles las cuentas bancarias y billeteras virtuales. Permaneció encerrado en el baúl de su propio auto durante casi tres horas, sufrió el robo de unos 17 millones de pesos y ahora espera ser convocado para reconocer a los sospechosos detenidos.

El momento que más recuerda no fue cuando lo encañonaron frente a su casa, ni cuando lo obligaron a entregar las claves de sus cuentas bancarias. Fue cuando, encerrado en el baúl de su propio auto, escuchó a dos de los delincuentes discutir si debían matarlo para no dejar testigos.

Durante casi tres horas, Ezequiel —profesor y vecino de Palmira— permaneció cautivo mientras una banda recorría caminos rurales del departamento de Maipú, lo golpeaba, vaciaba sus cuentas bancarias y utilizaba su teléfono para pedir dinero a familiares y amigos. El saldo fue devastador: perdió cerca de 17 millones de pesos, sufrió daños en su vehículo y, según asegura, estuvo a segundos de convertirse en una víctima fatal.

Su caso ocurrió el 8 de julio, varios días antes de los secuestros que terminaron por destapar una investigación más amplia sobre una organización que, de acuerdo con la hipótesis de la Fiscalía de Robos, Hurtos Agravados y Sustracción de Automotores, actuaba con distintas modalidades para captar víctimas, privarlas de la libertad y despojarlas de su dinero mediante transferencias electrónicas.

Con dos sospechosos detenidos y la causa en plena investigación, Ezequiel decidió contar, en una entrevista con Los Andes, cómo fueron esas casi tres horas de cautiverio y por qué considera que su testimonio puede resultar clave para identificar a los responsables.

"Yo escuchaba cómo discutían si me mataban. Uno decía que había que matarme porque le había visto la cara. El otro le respondía que no se iban a cargar un muerto. Esa conversación todavía resuena en su memoria. Ahí pensé que no salía vivo", recuerda.

Vista aérea de la zona.

Vista aérea de la zona.

El ataque frente a su casa

Todo comenzó alrededor de las 21 del martes 8 de julio.

Como hacía todas las noches, llegó a su vivienda de Palmira, cerró el portón e inició la maniobra para guardar el automóvil en el garaje. En ese instante apareció un hombre armado.

"Yo estaba entrando el auto cuando me encañonan. Me obligan a correrme al asiento del acompañante y él empieza a manejar mi vehículo."

Durante varios kilómetros permaneció sentado junto al delincuente, que nunca dejó de apuntarle con una pistola.

"Fueron casi seis kilómetros. Yo trataba de hablarle para que me respondiera, para escucharle la voz y memorizarle la cara. Dentro del miedo intentaba prestar atención a todo."

El recorrido terminó en inmediaciones de calle Lamadrid, en San Roque. Allí apareció un segundo integrante de la banda.

"Rompen uno de los vidrios del auto, me hacen bajar, me tiran al piso y empiezan a pegarme con las culatas de las armas. Ahí comienza todo."

Del asiento al baúl

Los delincuentes revisaron el vehículo buscando dinero en efectivo. Como no encontraron lo que esperaban, decidieron utilizar el teléfono celular de la víctima.

"Me sacaron el teléfono, empezaron a revisarlo y me metieron en el baúl."

Desde ese momento comenzó el cautiverio.

Durante casi tres horas permaneció encerrado en un espacio mínimo, sin poder saber hacia dónde lo llevaban. El vehículo recorría distintos caminos mientras los delincuentes realizaban transferencias desde sus cuentas bancarias y billeteras virtuales.

"Cada vez que necesitaban entrar a una aplicación me hacían poner el dedo sobre el teléfono para desbloquearlo."

Según relató, también utilizaron sus contactos para seguir obteniendo dinero.

"Llamaron a amigos y conocidos haciéndose pasar por mí. Les pedían transferencias mientras yo seguía encerrado."

El saldo fue devastador.

"Me robaron alrededor de 17 millones de pesos. Para muchos puede parecer una cifra más, pero para mí eran los ahorros de toda una vida de trabajo. Me dejaron literalmente en la lona."

Una de las transferencias que hicieron los ladrones.

Una de las transferencias que hicieron los ladrones.

Tres horas dentro del baúl

El profesor recuerda que el tiempo comenzó a perder sentido.

Sin ventilación, golpeado y completamente incomunicado, trataba de orientarse únicamente por los movimientos del vehículo.

"No sabía dónde estaba. Estaba desesperado. Todo el mundo me buscaba porque soy una persona muy rutinaria y cuando no llego enseguida saben que algo pasó."

Con el paso de los minutos comenzaron los calambres.

"Ya no sentía las piernas. Después, cuando me bañé, recién aparecieron los moretones de los golpes que me habían dado con las armas. En ese momento ni siquiera sentía el dolor."

El momento más angustiante llegó cuando escuchó una discusión entre los delincuentes.

"El más violento insistía todo el tiempo con que había que matarme. Decía que ya le había visto la cara."

El otro intentaba convencerlo de no hacerlo.

"Le respondía que no se iban a cargar un muerto. Yo escuchaba esa conversación desde el baúl pensando que en cualquier momento iban a prender fuego el auto conmigo adentro."

Incluso, según su relato, una mujer que participaba del grupo intervino en un momento del recorrido.

"Escuché cuando dijo que terminaran todo ahí, que me mataran y prendieran fuego el auto o lo tiraran al río. Ahí pensé que no salía vivo."

Una de las transferencias que hicieron los ladrones.

Una de las transferencias que hicieron los ladrones.

La decisión de escapar

En un momento el vehículo se detuvo.

Los delincuentes descendieron y continuaron discutiendo a unos metros del automóvil.

"Los escuchaba cada vez más lejos. Después no escuché absolutamente nada."

Aun así decidió esperar.

"Me quedé quieto unos quince o veinte minutos porque pensaba que podían estar escondidos esperando que saliera."

Cuando reunió fuerzas tomó una decisión desesperada.

Rompió la luneta trasera del Renault Clio, pasó desde el baúl al asiento posterior y luego al delantero.

"Cuando llegué adelante vi que habían dejado las puertas abiertas, las balizas encendidas y las luces prendidas. Se habían llevado la llave y toda la documentación."

El alivio duró apenas unos segundos.

"No sabía dónde estaba. Solamente veía a lo lejos las luces de la doble vía."

Desesperado, salió a la ruta para pedir ayuda.

"Me puse en el medio del camino haciendo señas con un cuello polar y un trapo que llevaba en el auto. Pasaban los vehículos y nadie frenaba."

Hasta que apareció un camionero.

"Me hizo cambio de luces, frenó unos metros más adelante y enseguida llamó al 911. Nunca se bajó, pero gracias a él llegaron los móviles policiales. Fue el primero que me ayudó."

Pocos minutos después arribó personal policial y de Policía Científica, que realizó las primeras pericias sobre el vehículo. Ya de madrugada, una grúa trasladó el automóvil hasta su domicilio, escoltado por efectivos policiales.

Sin embargo, para Ezequiel, la verdadera batalla recién comenzaba.

Una investigación que unió los casos

Al día siguiente del secuestro, Ezequiel formalizó la denuncia en la Oficina Fiscal de Maipú. Para entonces, creía que en pocos días sería convocado por los investigadores para aportar detalles sobre los autores del hecho.

Sin embargo, asegura que eso nunca ocurrió.

"Me dijeron que me iban a llamar desde Investigaciones y que más adelante iba a participar de una rueda de reconocimiento. Pasaron los días y nadie me llamó."

Mientras esperaba novedades, el profesor decidió hacer algo poco habitual para una víctima de este tipo de delitos: volvió por sus propios medios al lugar donde había permanecido cautivo.

"Necesitaba entender qué había pasado. Hice el recorrido nuevamente, encontré los vidrios que habían roto de mi auto, comparé las marcas de las cubiertas con las huellas que habían quedado en el camino, saqué fotografías y reuní toda la información que pude."

También comenzó a reconstruir el recorrido del dinero robado.

Cuando recuperó una línea telefónica e instaló nuevamente las aplicaciones bancarias, descubrió que las transferencias habían sido enviadas a distintas cuentas.

"Logré recuperar los comprobantes y toda esa documentación la incorporé a la causa. Incluso las personas a las que llamaron para pedirles dinero terminaron transfiriendo a las mismas cuentas."

Toda esa información, afirma, fue entregada posteriormente a los investigadores.

Uno de los detenidos por los secuestros en Maipú.

Uno de los detenidos por los secuestros en Maipú.

Los otros secuestros y el patrón que se repetía

Mientras el expediente avanzaba lentamente, una serie de hechos ocurridos días después terminó por cambiar el rumbo de la investigación.

El lunes siguiente al secuestro de Ezequiel se registraron al menos otros tres ataques con características similares.

Dos de las víctimas habían sido captadas mediante perfiles falsos en la aplicación de citas Grindr. Los encuentros eran pactados en sectores aislados de San Roque, donde las personas eran sorprendidas por varios delincuentes armados.

Otra de las víctimas fue un repartidor, interceptado bajo una modalidad diferente, aunque con el mismo objetivo: mantenerlo reducido mientras vaciaban sus cuentas bancarias y billeteras virtuales.

Para los investigadores, las coincidencias comenzaron a ser demasiado evidentes.

En todos los casos, las víctimas eran privadas de la libertad durante varias horas, obligadas a desbloquear sus teléfonos mediante huella digital o reconocimiento facial y sometidas a transferencias bancarias compulsivas. Además, los delincuentes utilizaban los contactos almacenados en los celulares para solicitar dinero a familiares y amigos mientras las víctimas seguían cautivas.

Fue esa reiteración la que permitió unificar los expedientes y orientar la pesquisa hacia una misma organización.

"Estoy convencido de que puedo reconocerlos"

Los allanamientos realizados por la Policía de Mendoza permitieron detener a dos sospechosos, mientras la investigación continúa para determinar la participación de otras personas y establecer si existieron colaboradores que recibían el dinero obtenido mediante las transferencias.

Ezequiel asegura haber reconocido de inmediato a uno de los detenidos cuando observó fotografías difundidas tras los procedimientos.

No obstante, aclara que será la Justicia la que deberá confirmar esa identificación mediante las medidas procesales correspondientes.

"Yo estuve mucho tiempo frente al hombre que manejaba mi auto. Habló conmigo durante todo el recorrido. Estoy convencido de que podría reconocerlo en una rueda."

Por esa razón espera ser convocado para participar de esa instancia judicial.

"Creo que puedo aportar algo importante a la investigación porque fui una de las personas que más tiempo estuvo cara a cara con ellos."

Un antes y un después

Aunque físicamente logró recuperarse de los golpes, admite que las secuelas emocionales siguen presentes.

Durante varios días no pudo dormir con normalidad. Cada ruido durante la noche lo sobresaltaba y la sensación de inseguridad continúa acompañándolo.

"Uno cree que estas cosas les pasan a otros hasta que un día te apuntan con una pistola en la puerta de tu casa."

El costo económico tampoco fue menor.

Además de los cerca de 17 millones de pesos sustraídos mediante transferencias, perdió su teléfono celular, la documentación del vehículo y debió afrontar los daños que sufrió el automóvil durante el ataque.

Sin embargo, asegura que lo más difícil fue comprender lo cerca que estuvo de perder la vida.

"Lo material se puede recuperar. Lo que no puedo dejar de pensar es que durante un rato mi vida dependió de una discusión entre delincuentes."

El pedido

Mientras la causa avanza en la Justicia, Ezequiel espera que el expediente llegue a una resolución y que todas las víctimas puedan aportar sus testimonios.

También pide que la investigación permita identificar a todos los integrantes de la organización.

"Lo único que quiero es que no vuelva a pasar. Yo la conté, pero cualquiera podría haber ocupado mi lugar esa noche."

La investigación, que es encabezada por la Fiscalía de Robos, Hurtos Agravados y Sustracción de Automotores, continúa con distintas medidas de prueba para determinar la participación de cada uno de los detenidos y establecer si la banda tuvo intervención en otros hechos similares registrados en el Gran Mendoza.

Para Ezequiel, la esperanza es que todo lo vivido sirva para evitar nuevas víctimas.

"Si mi testimonio ayuda a que esta banda no vuelva a salir a la calle, entonces habrá valido la pena contar lo que pasó."

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