Un insólito caso se hizo viral hace unas horas luego de que se conociera la historia de Augusto Pacicco, un reo que estaba muy cerca de obtener la libertad condicional y al contrario como todos querrían, les pidió a los jueces mediante una carta que lo dejaran cumplir su condena en prisión.
Pacicco tiene 39 años y se encuentra alojado en la Unidad Penitenciaria N° 5 de Villa María, Córdoba. Fue condenado a dos años de prisión por narcotráfico y lleva un año y dos meses detenido. Le quedan 10 meses de condena, pero asegura que todavía no se siente preparado para regresar a la vida en libertad.
"Todos los presos me dicen que estoy loco, que les gustaría estar en mi lugar. No hay nadie que no quiera irse de acá. ¡Soy el único!", contó durante una entrevista con Telenoche.
La carta de Augusto Pacicco.
Detrás de su decisión hay dos motivos centrales: el amor por su pareja, a quien conoció dentro de la cárcel, y el miedo a no poder reinsertarse en la sociedad después de haber pasado una década en situación de calle.
De trabajar en emergencias a vivir en la calle
La vida de Augusto no siempre estuvo marcada por las adicciones y la prisión. Durante años tuvo un trabajo estable y una profesión que disfrutaba: se desempeñó en servicios de emergencia y también trabajó para PAMI, donde cuidaba a personas mayores.
Sin embargo, la muerte de su madre significó un quiebre. "Me vine abajo. Se me presentó la oportunidad de la droga y caí", relató.
El consumo problemático terminó afectando su trabajo y sus vínculos personales. Augusto pasó 10 años en situación de calle, sin una red de contención y atravesado por la adicción.
Para poder sostener el consumo, terminó involucrándose en una banda dedicada al narcomenudeo. “Compraba cinco gramos, vendía uno y consumía cuatro”, explicó.
Hace un año y dos meses fue detenido por la Policía y posteriormente condenado a dos años de prisión por narcotráfico.
El amor que encontró detrás de las rejas
Uno de los principales motivos por los que Augusto decidió rechazar la posibilidad de recuperar antes su libertad tiene nombre propio: Roy.
Se trata de otro interno de la Unidad Penitenciaria N° 5, quien cumple una condena por una causa similar. Ambos se conocieron poco después del ingreso de Augusto al penal y, con el tiempo, comenzaron una relación.
Llevan un año y un mes de novios. Actualmente comparten una pequeña celda del pabellón junto a otros tres internos.
“Pedí no salir por dos motivos: no me siento apto para enfrentar la libertad y, también, quiero quedarme al lado de mi pareja, que me necesita”, explicó Augusto.
La cárcel se convirtió en su casa
Después de haber pasado diez años durmiendo en la calle, la cárcel terminó convirtiéndose para Augusto en un espacio que percibe como seguro.
En su celda cuenta con calefacción, un colchón, baño privado y tres comidas diarias aseguradas.
Esas condiciones representan un contraste absoluto con la vida que llevaba antes de ser detenido. “Me preocupa retomar la libertad, no sé dónde voy a vivir, qué voy a hacer el segundo día. Y tengo miedo de recaer si salgo antes de tiempo”, reconoció.
Su abogado defensor oficial, Ramiro Altamira, había iniciado los trámites correspondientes para que pudiera acceder a la libertad condicional. Sin embargo, Augusto decidió pedir que esos trámites no avanzaran.
Su intención ahora es cumplir los 10 meses de condena que le quedan y recuperar la libertad una vez que la pena haya sido cumplida en su totalidad.