Cinco veces “saltó” la alarma conectada a la pulsera electrónica que usaba Adriana Valeria Suárez Cervant (40), en su casa de Guaymallén donde cumplía con el beneficio de prisión domiciliaria, en el mismo lugar donde fue asesinado, desmembrado y calcinado, el miércoles César Darío Rodas (41).
Según informaron desde el Ministerio Público Fiscal, en las primeras cuatro ocasiones, la pulsera estaba fallando; incluso la defensa de Suárez apuntó que el aparato no funcionaba con normalidad.
Esto, independientemente de que, efectivamente la mujer violó el beneficio de la domiciliaria, tal como quedó registrado en imágenes que se pueden ver en Google Street View.
“Cuatro veces quedaron registradas como posibles fallas, la quinta vez fue cuando se la llevaron detenida”, explicaron oficialmente.
Desde Ayer Adriana Suarez se encuentra detenida nuevamente tras ser imputada, junto a Marcelo Rubén Altamirano (35), por “homicidio agravado con ensañamiento”, delito cuya única pena es la prisión perpetua.
Previo a ser detenida por el brutal asesinato que investiga la fiscal de Homicidios Andrea Lazo, la imputada cumplía con arresto noticiario por una condena de 6 años por robo agravado. Este beneficio le fue otorgado por el juez Sebastián Sarmiento, para que pudieran estar bajo su cuidado sus 5 hijos menores de edad, ya que el padre de los niños también está preso.
Según el Ministerio de Seguridad, Suárez arrastra un extenso historial delictivo desde agosto de 2012, cuando fue detenida por robo agravado en poblado y en banda. Había abordado a un ciudadano colombiano que metía su auto en una casa sobre calle Adolfo Calle, justo en la misma zona donde residía hasta hoy. La mujer no actuó sola, sino acompañada por otros dos hombres quienes, a punta de pistola, lograron escapar con un Fiat Siena.
Los policías lograron detener al trío de delincuentes y recuperar el auto. Suárez fue imputada por el delito y quedó en prisión domiciliaria porque en aquel entonces estaba embarazada. Al año siguiente, la mujer dio a luz y quedó bajo custodia. Finalmente, fue condenada y siguió en su casa por su flamante maternidad.
En el medio, en noviembre de 2014, fue denunciada por amenazas simples. Y ya en enero de 2019, poco después de recibir el beneficio de libertad condicional, recuperó su senda delictiva.
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Adriana Valeria Suárez Cervant (40), en la puerta de su casa, desobedeciendo la prisión domiciliaria. Gentileza Gooolge Street View.
Es que junto a otros dos hombres -uno de ellos era su expareja Pablo Bravo-, Suárez irrumpió en una casa de Carrodilla (Luján) la madrugada del 14 de enero de 2019 para asaltar a una pareja de jubilados y robar dinero y pertenencias. Lo que ninguno de los intrusos imaginó era encontrarse en el living con el hijo de los ancianos, que justo estaba esa noche y enfrentó a los ladrones.
Si bien la expareja de Suárez fue atrapada cuando se robaba un televisor, ella fue detenida en la vía pública momentos después. Ante la Justicia, la mujer -una reincidente- dijo haber cometido la entradera para saldar así una "deuda por drogas".
En 2020, la mujer recibió una condena a seis años de prisión por el delito de robo agravado por el uso de arma blanca en concurso por ser en poblado y en banda. Al tener bajo su cuidado a hijas menores de edad más el riesgo de la época por el Covid-19, retomó la modalidad domiciliaria en la casa ubicada sobre Adolfo Calle al 1.978, casi México, escenario que la tuvo de vuelta, cinco años después, como principal sospechosa de un asesinato.