Comenzó el juicio por el asesinato de Juan Carlos González (78), el encargado de una finca de San Martín que fue golpeado e incinerado en Montecaseros en enero de 2025 y cuyos autores escaparon a caballo para luego ser detenidos.
Un tribunal popular debe establecer la inocencia o culpabilidad de Jesús Rosas y su cuñado, Rodrigo Moya, detenidos por la muerte de Juan González, de 78 años.
Comenzó el juicio por el asesinato de Juan Carlos González (78), el encargado de una finca de San Martín que fue golpeado e incinerado en Montecaseros en enero de 2025 y cuyos autores escaparon a caballo para luego ser detenidos.
Esta mañana, en la sala 1 de Tribunales de San Martín, Jesús Rosas (37) y su cuñado, Rodrigo Moya (24), comenzaron a ser juzgados en la modalidad de juicio por jurados, por “homicidio agravado por alevosía y ensañamiento, en concurso ideal con homicidio criminis causa, en concurso real con robo simple”.
Tras las indicaciones del juez técnico Armando Martínez, los 12 integrantes del jurado popular comenzaron a escuchar las posiciones de las partes: por el Ministerio Público Fiscal, los fiscales Martín Scatareggi y Oscar Sívori (jefe de la Fiscalía de San Martín); Mariano Talquenca como querellante; representando los intereses de Javier González (hijo de la víctima); y los defensores de Rosas y Moya, Edith Bunjeil y Federico Alissiardi, respectivamente.
El 31 de enero de 2025, los dos acusados habrían atacado a González a golpes de puño, patadas y con algún palo. González gritó varias veces, pidiendo auxilio. Algunos de esos gritos fueron escuchados a lo lejos por otros obreros que estaban en la finca, pero que no imaginaron lo que estaba sucediendo.
El homicidio se produjo dentro de la finca Berrutti, en el distrito de Montecaseros, San Martín, de la que González era el encargado y los sospechosos, trabajadores temporarios.
Finalmente, González quedó tendido en el suelo, desvanecido. Los dos hombres cargaron el cuerpo en la caja de la camioneta y salieron de la finca, tomando algunas calles de la zona rural hasta que comenzaron a circular por la calle El Médano. Querían dejar tirado a González en algún lugar alejado y escapar con la camioneta. No tuvieron en cuenta que las últimas tormentas habían anegado la calle, especialmente en un punto entre dos médanos, un sector conocido como "La Pasada de las Brujas".
La camioneta se encajó en el barro y no hubo forma de sacarla de allí. Entonces, los dos hombres metieron a González en la cabina, sacaron la batería y le prendieron fuego. Se cree que González aún estaba vivo y murió por el humo y las llamas.
Las huellas de los dos hombres quedaron marcadas en La Pasada de las Brujas. Un poco más tarde, algunos vecinos de Montecaseros testificaron que los dos hombres anduvieron ofreciendo en venta la batería de la camioneta, incluso diciendo que esta le pertenecía a la camioneta de González.
Otro vecino vio cómo uno de los homicidas arrojaba algo hacia unos arbustos, junto a una calle. Se supuso que eran las llaves de la camioneta. Finalmente, después de muchas horas de rastrillaje, se descubrió el control de la alarma de la Chevrolet de la víctima.
Mientras tanto, la policía y la fiscalía establecieron que los dos homicidas abandonaron la zona a caballo y se montó un amplio operativo de rastrillaje, que incluyó el uso del helicóptero de la Policía.
La detención de Moya, apresado el pasado domingo 2, se produjo cuando los dos fugitivos habían hecho un alto en un rancherío ubicado a la vera de la calle Carletto, al norte del departamento de San Martín, y se pusieron a beber vino en la casa de un conocido. La policía irrumpió en la reunión y atrapó a Moya, pero Rosas logró escapar entre unos cañaverales.
Durante días, posiblemente bordeando el cauce del río Mendoza, Rosas anduvo hacia el sur, hasta llegar a Palmira, su ciudad de origen. Sabiendo que su casa estaría vigilada, eligió irse a orillas del río y se refugió en un socavón, junto a otro prófugo, un tal Navarrete, que figuraba desde hace tiempo en el orden del día por delitos surtidos. El lugar está ubicado al sur de la ciudad, ya cuando el territorio se confunde con el de Isla Grande.
Pero, así como toda la fuga pareció ser del 1900, la captura fue de este tiempo, ya que los dos hombres fueron avistados por un dron que dio las coordenadas a las patrullas de tierra para que capturaran a Rosas y Navarrete cuando aún estaban medio dormidos, antes de las 6, el 10 de febrero.