La investigación por el crimen de Diego Fernández Lima sumó este jueves un nuevo capítulo con una nueva excavación en la vivienda del barrio porteño de Coghlan. La Justicia intenta determinar si el arma con la que asesinaron al joven hace más de cuatro décadas aún podría estar enterrada en el mismo jardín donde hace un año fueron encontrados sus restos.
El procedimiento estará a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que ingresará a la casa de Cristian Graf, ubicada sobre la avenida Congreso al 3700, por orden judicial.
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Según detalló Clarín, la medida fue dispuesta luego de que efectivos de Gendarmería Nacional detectaran mediante un georradar una pequeña anomalía subterránea en el terreno. Aunque las probabilidades de encontrar evidencia relevante son bajas, los investigadores consideran que cualquier pista debe ser agotada debido a la antigüedad y complejidad del caso.
Tras meses de mistario identificaron de quién son los restos humanos hallados en la casa de Gustavo Cerati
Tras meses de mistario identificaron de quién son los restos humanos hallados en la casa de Gustavo Cerati.
La nueva pericia surge a partir de un informe elaborado por la División Prospección Geofísica del Departamento de Estudios Forenses Complejos de Gendarmería, elevado al fiscal Martín López Perrando. Allí se recomendó volver a intervenir el sector cercano a la fosa donde se hallaron los restos de Fernández Lima y realizar una excavación más profunda.
Ese mismo lugar ya había sido revisado anteriormente por el EAAF, cuya labor resultó determinante para identificar a la víctima. Sin embargo, ahora las antropólogas regresarán para trabajar desde el interior de la propiedad de la familia Graf.
A comienzos de mayo, el juez Alejandro Litvak autorizó el uso de georradar en el patio trasero de la vivienda para intentar localizar piezas óseas faltantes y eventualmente el arma homicida. Según consta en la causa, Diego Fernández Lima fue atacado por la espalda con al menos dos armas blancas.
fernandez lima
La anomalía detenctada en el patio de Graf por el que excavan nuevamente.
Clarín
El estudio realizado el 4 de mayo no arrojó hallazgos concluyentes. Los especialistas detectaron varias anomalías compatibles con rellenos del jardín, que se encuentra unos 50 centímetros por encima del nivel de la casa, y cañerías de la pileta. Sin embargo, hubo un punto específico cercano a la tumba original y a la misma profundidad que llamó la atención de los peritos.
Ante esta situación, el magistrado ordenó además una medida de “no innovar” sobre el patio trasero de la vivienda por un plazo de 60 días, prohibiendo cualquier modificación en el terreno hasta que finalicen las tareas forenses.
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En la resolución judicial, Litvak explicó que el objetivo de las medidas es “dar con los restos óseos faltantes de quien fuera en vida Diego Fernández, como así también con material no biológico de interés, el arma utilizada para dar muerte”.
El caso de Diego Fernández
Diego Fernández Lima era un adolescente de 16 años cuando desapareció en 26 julio de 1984.
Ese día, Diego volvió del colegio al mediodía, almorzó con su madre (Irma de ahora 87 años) y le pidió dinero para tomar el colectivo. Sin dar más detalles, dijo que iba a visitar a un amigo. La última vez que se lo vio con vida fue esa misma tarde, en la esquina de Naón y Monroe, en el barrio de Belgrano.
Tras meses de mistario identificaron de quién son los restos humanos hallados en la casa de Gustavo Cerati
Diego tenía 16 años cuando desapareció.
Esa noche, al no recibir noticias, sus padres se acercaron a la comisaría 39 para realizar la denuncia, pero los agentes se negaron a tomarla. “Se fue con una mina, ya va a volver”, fue la respuesta policial, según relataron años más tarde sus familiares.
Diego iba a la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET) N.º 36 y jugaba al fútbol en el club Excursionistas. Entrenaba a diario, excepto los jueves. El día de su desaparición vestía su uniforme escolar, un dato que los investigadores pudieron confirmar a partir de los objetos hallados junto al cuerpo.
La búsqueda incansable de su familia
Desde aquel momento, su familia inició una intensa búsqueda: repartieron panfletos, intentaron aparecer en los medios de comunicación y mantuvieron su habitación intacta durante 40 años. Solo consiguieron una nota en la revista ¡Esto!, publicada por el diario Crónica, en mayo de 1986.
Tras meses de misterio identificaron de quién son los restos humanos hallados en la casa de Gustavo Cerati.
Nota en la revista en 1986 sobre la desaparición de Diego.
Allí, su padre, Juan Benigno, cuestionó con dureza la falta de acción policial: “La Policía dice que tiene tres mil casos iguales. Y fíjese qué absurdo: desde el primer momento lo caratularon como 'fuga de hogar'. Yo protesté y ¿sabe qué me dijeron? Que así estaban impresos los formularios. Me negué a eso, pero como si nada. ¿Qué quiere que investiguen si ya dan por sentado que él se fue, y no que me lo robaron?”
Juan murió en un accidente de tránsito sin conocer el paradero de su hijo. Siempre creyó que Diego había sido secuestrado por una secta.