El 13 de mayo de 1996 quedó marcado para siempre en la memoria policial y judicial de Mendoza. Ese día comenzó la desesperada búsqueda de Yoryi Godoy, un niño de apenas tres años cuya desaparición paralizó a toda la provincia y generó una conmoción nacional que todavía hoy permanece en el recuerdo colectivo.
Hubo una época en Mendoza en la que la cara de un niño aparecía en todos lados. En las pantallas de televisión, en las tapas de los diarios, en los postes de luz del Gran Mendoza y en los pedidos desesperados de una comunidad que seguía minuto a minuto la búsqueda. Se llamaba Yoryi Godoy, tenía cabello pelirrojo, ojos marrones y una imagen que quedó grabada para siempre: camisa blanca y una pequeña corbata oscura.
Sus padres, Jorge Godoy y Graciela Camargo, recorrían medios de comunicación relatando entre lágrimas que el pequeño había desaparecido de una playa de estacionamiento mientras acompañaba a su padre a realizar compras.
El relato conmovía. La angustia crecía con el correr de las horas. La posibilidad de un secuestro infantil dominaba las conversaciones y mantenía en vilo a miles de mendocinos. La policía desplegaba operativos y los medios seguían cada detalle de una búsqueda desesperada.
Sin embargo, detrás de la exposición pública y del pedido de ayuda, se escondía una verdad mucho más cruel.
La frase que llamó la atención
Con el paso de los días, algunos detalles comenzaron a despertar sospechas entre investigadores y periodistas que seguían el caso. Uno de ellos fue la forma en la que la madre hablaba de su hijo ante las cámaras.
“Era bien blanca la piel y tenía los ojos oscuros”, expresó Graciela Camargo en declaraciones televisivas, utilizando el pasado para describir a un niño que, en teoría, seguía desaparecido.
Aquella observación no pasó inadvertida. Pero nadie imaginaba todavía la dimensión del horror.
Pocos días después, Jorge Godoy terminó confesando ante la policía que el niño nunca había sido secuestrado. Él mismo lo había asesinado.
Una golpiza brutal
La explicación que dio durante la investigación y luego sostuvo en el juicio oral generó todavía más indignación: aseguró que atacó al pequeño porque no lo había saludado cuando se retiraba a trabajar.
Según detallaron investigadores del caso, Yoryi fue golpeado salvajemente a puñetazos y patadas. Las lesiones eran múltiples y gravísimas: fracturas de costillas, rotura del vaso, daños en uno de sus testículos y hematomas severos en distintas partes del cuerpo.
Tras la agresión, el niño agonizó durante alrededor de nueve horas sobre una cama de la vivienda familiar.
La madre permaneció junto a él mientras sufría. De acuerdo con lo que determinó posteriormente la Justicia, nunca buscó asistencia médica ni pidió ayuda. Los investigadores sostuvieron que, de haber sido trasladado a un hospital, el pequeño podría haberse salvado.
El plan para ocultar el crimen
Durante la madrugada, Jorge Godoy envolvió el cuerpo de su hijo en una frazada, lo colocó dentro de una bolsa y lo cargó en una bicicleta. Recorrió cerca de diez kilómetros hasta un descampado de Villanueva, donde enterró el cadáver.
Después regresó a su casa y, junto a Graciela Camargo, montó la historia del supuesto secuestro.
La denuncia movilizó rápidamente a la policía y a la sociedad mendocina. Durante varios días, miles de personas siguieron el caso con expectativa y dolor, sin saber que el desenlace ya estaba consumado desde antes de iniciarse la búsqueda.
Cuando la confesión se hizo pública, el impacto social fue enorme. La conmoción no sólo estaba vinculada a la muerte del niño, sino también al nivel de simulación sostenido por sus propios padres frente a los medios y la comunidad.
El juicio y las condenas
El caso llegó a juicio oral en 1997, en la Quinta Cámara del Crimen.
La Justicia consideró probado que Jorge Godoy fue el autor material del asesinato y lo condenó a reclusión perpetua. Graciela Camargo recibió prisión perpetua por su participación en el encubrimiento y por no haber actuado para salvar al niño.
Con el paso de los años, la situación judicial de ambos cambió parcialmente. Camargo obtuvo la libertad condicional, aunque continúa bajo condiciones estrictas y cualquier incumplimiento podría derivar en su regreso a prisión.
Godoy, en tanto, permaneció detenido en el penal de Boulogne Sur Mer, cumpliendo la condena dictada por la Justicia mendocina.
El impacto social y religioso
El crimen produjo una fuerte repercusión en distintos ámbitos de la sociedad mendocina. La familia integraba por entonces la comunidad de Testigos de Jehová, institución que emitió un comunicado público luego de conocerse la verdad sobre el asesinato.
La revelación del caso dejó una huella profunda en Mendoza. No sólo por la brutalidad del crimen, sino porque durante días toda la provincia acompañó una búsqueda construida sobre una mentira.
A treinta años de aquel episodio, el “Caso Yoryi” continúa siendo uno de los antecedentes policiales más recordados y dolorosos de Mendoza. Un hecho que expuso la violencia extrema dentro del ámbito familiar y que transformó para siempre la memoria colectiva de toda una generación de mendocinos.